La alarma se ha encendido, tras vaivenes diversos en intensidad y temática se han encendido las luces de alarma y el propio presidente del Gobierno anuncia una actividad gubernamental específica para abordar el uso de internet para el consumo de pornografía por la infancia y adolescencia y sus consecuencias. La iniciativa es muy adecuada y pertinente, aunque haya costado tomar la decisión.

Es evidente que juegan muchos factores, que interactúan entre sí, y esa compleja red de factores hace que sea tremendamente difícil diseñar una intervención rápida y eficaz. Además, las investigaciones longitudinales son escasas, aunque los datos procedentes de investigaciones de cortes transversales y descriptivos han venido publicándose, de forma reiterada, en diferentes medios científicos y de comunicación de índole diversa.

Un primer elemento a considerar consiste en saber cómo se ha ido configurando el acceso de la infancia a los medios de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), convirtiendo a la infancia en seres digitales. El factor nuclear se denominó a principios de este siglo como “el síndrome del niño con la llave colgada al cuello” (Pedreira, 2001), se trataba del niño o niña de edades comprendidas entre 8-12 años, que tras acudir a la escuela y alguna actividad extraescolar, volvían a casa y las figuras parentales estaban aún trabajando, así que llevaban la llave de la casa familiar colgada al cuello para no perderla. Una vez allí, acontecía un aumento de las circunstancias del “niño/niña que se hace a sí mismo”, basado en un descenso de la supervisión parental y del acompañamiento. En esas circunstancias existían una serie de factores de riesgo: deficiente utilización de la TV y de los video-juegos utilizados en muchas ocasiones por su efecto calmante/sedante, el uso de consolas y ordenadores tenían factores de riesgo, destacando: el empleo de la violencia para la solución de conflictos. Además se producía el acceso a la pornografía, por el descenso de la supervisión parental y la soledad, lo que origina una indudable distorsión de la conducta sexual humana y, por fin, el acceso a internet de forma fácil y sin control parental, facilitando la posibilidad de presentarse el ciberacoso.

De forma simultánea, se generalizaba el uso de las videoconsolas y video-juegos en la infancia, esta situación dio lugar a determinados signos de especial relevancia: son juegos que estimulaban la auto-competitividad, fomentando en cierta medida la tendencia al aislamiento personal y una tendencia a la repetición, casi compulsiva, de los juegos que cada vez van ocupando más tiempo en la infancia, tanto en jugar como en ser el tema prioritario de conversación e intercambio con los pares. De tal modo, que si se planteaba su retirada producía signos de inquietud y/o ansiedad; por otra parte los contenidos eran prioritariamente de tipo violento para solventar las posibles dificultades y con ello se ganaban más puntos y, por fin eran muy sexistas en la elección de los personajes y la actividad que desarrollaban. Estos contenidos se pusieron de relevancia ya desde los principios de utilización de los video juegos a finales de los años ochenta del siglo pasado (Diario-16, entrevista a J.L. Pedreira, 1986).

Es importante lo referido con anterioridad por la propia adquisición de los patrones de comportamiento en la infancia y que, de forma evolutiva, se ha denominado como “las tres íes”: el primer paso es la imitación (fundamenta lo que Bandura describió como “modelado”, que en principio es poco consistente y muy influenciable desde el exterior); la segunda da paso a la identificación (es un componente “imaginario” por aspectos parciales o de un conjunto, algo muy característico son las insignias, vestirse de forma determinada) y termina con la introyección (que constituye la cultura y los principios éticos y morales).

Utilización de TIC en la infancia y adolescencia

La Universidad del País Vasco (2015) realizó un estudio de gran interés en el que puso de manifiesto que el primer teléfono que tenían los niños y niñas, de forma mayoritaria (60-70%), eran teléfonos de alta tecnología y se les entregaba entre los 9-12 años (25%) como primer teléfono. El uso que hacen los niños y niñas, según este estudio, constituyen actividades de franco riesgo: ciberacoso (30-35%), contacto con personas desconocidas (10-15%), búsqueda de imágenes sexuales (50-55%) y la actividad conocida como sexting (30-35%). Estos consumos se centran en la difusión por las redes sociales que se inicia a los 9-10 años (20%) y tiene su máximo a los 15-16 años (prácticamente 100%). Estos datos son importantes porque el Centro de Atención a las Drogodependencias de la Comunidad de Madrid comunica un 14% de consultas por conductas adictivas comportamentales o de ciberadicción.

El último estudio que se ha hecho público es de la Fundación The Family Watch (08/01/2024), que asegura que el 62,1% de las familias están a favor de limitar el uso de móviles a menores de 16 años, porque piensan que las nuevas series que ven los jóvenes difunden tolerancia en el uso de drogas y prácticas sexuales (46%), porque las familia piensan que el uso excesivo de redes sociales son perjudiciales para sus hijos (31,2%), además los propios jóvenes en el 38,2% aseguran que el uso de las redes sociales les produce incremento del estrés y repercusión en su propia salud mental (35% e inseguridad emocional (29,5%) y cuando se usan tienden a paliar los sentimientos de soledad de los jóvenes (38%).

Con estos datos la familia no actúa y los jóvenes siguen utilizando las TIC, resaltando que este consumo se debe a que se consigue el anonimato y la recompensa emocional de forma inmediata, pudiendo utilizar una gran cantidad de información, aunque la calidad sea discutible y consiguiendo un difícil control, con desconocimiento por parte de adultos en relación con los que poseen los hijos e hijas, lo que facilita la existencia de dudas sobre el manejo y el contenido de las TIC.

Es evidente que existe un uso adecuado de las TIC: docente, social, organizativo, en los que se puede aplicar la amplitud de conocimientos a los que se puede acceder y porque establece una forma diferente de comunicación que se debe conocer las claves. Pero no es menos cierto que la mayor parte de las veces se realiza un uso inadecuado por adicción, búsqueda de temas inadecuados (pornografía, violencia) y el ciberacoso (incluido el “sexting”).

La ong Save the Chldren ya ponía de manifiesto (2020): el acceso a pornografía en internet se realizaba tanto en los chicos (87,5%) como en las chicas (38,9%), siendo la edad del primer contacto entre los 6-12 años en más de la mitad de los casos (53,4%); además se constata que el porno se constituye como principal fuente de información sexual en el 30%. Se constata que la influencia del porno en su práctica sexual tiene una relevancia importante: el porno da ideas para las experiencias sexuales (54,1%) con un deseo de llevarlo a la práctica (54,9%) y al hecho de influenciar en sus propias relaciones de forma mucho/bastante (52,1%).

En el año 2021 la Universidad de las Islas Baleares realizó un estudio para la Red de Jóvenes por la inclusión social, en ese trabajo constatan que desde los 8 años se ha podido utilizar por primera vez el consumo de pornografía por medio de las TIC, y lo han hecho en el 25% de los casos con anterioridad a los 13 años; la edad media de consumo en los chicos se inicia a los 14 años y en las chicas a los 16 años. Los jóvenes acceden sin buscarlo de forma específica en el 45,6% y con la ayuda de amistades en el 62.4%.

La FAD en el año 2023 confirma que el consumo de pornografía por internet alcanza al 62,5% de los jóvenes entre 16-19 años; admiten que la edad de inicio de estas prácticas en las TIC se inicia con una edad inferior a los 13 años (49,5%) y aceptan que tiene una influencia negativa para el  rendimiento educativo/laboral (35%), ayuda a comprender el sexo y a obtener una mayor satisfacción sexual (59,8%) y que fomenta la violencia sexual (37%) y discrimina a la mujer (55%), ya que existe una relación entre el consumo de porno y la presión para realizar determinadas prácticas sexuales (30%), siendo el porno más consumido, el denominado como porno “duro” (con violencia física y/o verbal, 55,8%). La valoración global que realizan es que no es fiel al sexo real (59,7%) y que no es útil para educación sexual (43,7%).

Las conclusiones comunes de todos estos estudios referidos con anterioridad, son rotundas y claras: una gran mayoría de los chicos y chicas tienen acceso a teléfonos de última generación con una edad entre los 9-13 años; estos chicos y chicas acceden a las redes sociales con anterioridad a la edad en la que está autorizada; al menos un 25% de los chicos y chicas accede a la pornografía por internet a una edad comprendida entre los 8-10 años; la pornografía por internet influye en la creación de una imagen distorsionada de la sexualidad, aunque los chicos y chicas dicen que no es la realidad, pero aceptan que influye de forma importante en las prácticas que quieren realizar, incluyendo la influencia en las prácticas sexuales con violencia.

La importancia de la educación

Las sociedades actuales conceden gran importancia a la educación que reciben sus jóvenes, en la convicción de que de ella dependen tanto el bienestar individual como el colectivo. La educación constituye el medio más adecuado para desarrollar al máximo sus capacidades, construir su personalidad, conformar su propia identidad y configurar su comprensión de la realidad, integrando la dimensión cognoscitiva, la afectiva y la axiológica, lo que contribuye a que sea el método idóneo para la cohesión social y facilitar el conocido como “ascensor social”. Además, la educación en la actualidad debe incluir todo lo relativo a las TIC y a los contenidos propios de la vida afectivo-sexual.

La LOMLOE contempla en su Art. 1 apartado l “la educación afectivo-sexual, adaptada al nivel madurativo, y prevención de la violencia de género”. En su Artículo 18 apartado 2 incluye en la Educación Primaria la educación para la salud, incluida la afectivo-sexual, incluyendo en su apartado 3… que para conseguirlo se contará con la colaboración de las familias.

Educación afectivo-sexual integral (ESI)

La educación sexual no es la descripción de las diferencias anatómicas ni la fisiología sexual, la incluye, pero es insuficiente. Por ello se prefiere utilizar el término de educación afectivo-sexual integral, que comprende conceptos y desarrollos, al menos, de los siguientes apartados: relaciones interpersonales sanas, respeto a la intimidad, prevención de los abusos, cuidado corporal, diversidad de identidades y en todos estos aspectos incluir el contenido afectivo-emocional.

Por tanto, la ESI es un derecho personal, con base científica en la Sexología; el contenido que se incluye es diverso (contempla la pluralidad de las orientaciones e identidades sexuales, de morfologías corporales, modelos de belleza, modelos relacionales). Incluye el autoconocimiento (corporal, genital, fisiológico) con la expresión y gestión de las emociones (ética de las relaciones, igualdad, buenos amores, responsabilidad afectiva con sus vinculaciones y desvinculaciones) y se da importancia a las expresiones de lo erótico (prácticas, deseos, fantasías, placeres).

NO deben considerarse contenidos de la ESI: un manual de prácticas sexuales, ni la enseñanza de prácticas sexuales concretas (felación o cunnilingus, o de posturas del coito o tips para gesticular durante las relaciones sexuales o trucos para estimular los pezones u otras zonas sexuales o cómo mover la lengua para besar).

La ausencia de contenidos educativos sobre la sexualidad humana ha dejado un espacio abierto para que se introduzca la pornografía, que cada vez es más utilizada en edades tempranas, incluso en la etapa infantil (25% han visto pornografía antes de los 10 años). La necesidad de la ESI se ve acrecentada en los últimos años, con el uso y abuso de las TIC, influyendo que la vida de los adultos, pero sobre todo en la infancia y la adolescencia, se ha visto profundamente alterada e influenciada por imágenes y contenidos que distorsionan lo que es y representa la sexualidad humana. La ESI es un instrumento fundamental para el crecimiento personal y la adquisición de los conceptos básicos sobre la sexualidad humana, cuya ausencia origina que las ideas, las actitudes y el lenguaje no sean los adecuados.

La evidencia científica nos dice que la ausencia de ESI hace que se ocupe por el uso y abuso de la pornografía, a la que se tiene acceso por la utilización y disponibilidad de las TIC. El consumo de pornografía hace que la información y la percepción de la sexualidad se vea interferida y distorsionada por esos contenidos que, en la mayoría de las ocasiones, nada tienen que ver con la información científica, rigurosa, positiva y ética que necesitan, tanto las personas jóvenes, como las adultas. La inmediata consecuencia es el incremento de prácticas sexuales que son consideradas como inadecuadas o de riesgo, que incluyen comportamientos sexistas, agresivos y violentos a partir de la adolescencia, y contribuyen al incremento de los embarazos no deseados y el incremento de las infecciones de transmisión sexual (ITS).

La vivencia de la sexualidad humana sana, se construye con el reconocimiento mutuo como personas sexuadas y el comportamiento ético (igualdad, responsabilidad, reciprocidad y respeto a la diversidad) y responsable, que son principios fundamentales de la ESI que se van adquiriendo desde las primeras etapas de la educación infantil, con los contenidos adecuados a cada etapa del desarrollo y con el lenguaje adecuado a la comprensión cognitiva de cada etapa, y que serán determinantes a lo largo de la vida.

Propuestas para superar los factores de riesgo

Resulta esencial formular un proyecto que impulse el debate y el encuentro para consolidar la ESI en el sistema formativo y que deben liderarse desde las Administraciones Públicas (sanitaria y educativa) de forma coordinada, trabajando contenidos curriculares adecuados a los distintos niveles formativos del sistema educativo y evaluando su implantación y resultados. UNESCO y OMS reiteran, desde hace décadas, la importancia de fomentar el diseño y desarrollo de programas formativos en ESI como respuesta a una necesidad objetiva y generalizada en toda la población a nivel mundial.

El 30 de noviembre de 2018, en la inauguración del XIV Congreso Español de Sexología, se solicitó la reactivación de la Estrategia Nacional de Salud Sexual y Reproductiva (ENSSR), aprobada en 2011, pero sucesivas elecciones y la pandemia han paralizado, una vez más. Reconociendo, que en junio de 2019, Dirección General de Salud Pública, Calidad e Innovación del Ministerio de Sanidad Consumo y Bienestar Social hizo público el Plan Operativo 2019-2020 de la Estrategia de Salud Sexual (ENSSR), con la correspondiente revisión y aprobación por la Comisión de Salud Pública del Consejo Interterritorial del SNS. La ENSSR contiene cuatro líneas estratégicas: promoción de la salud, atención sanitaria, formación de profesionales e investigación, innovación y buenas prácticas, en ellas se prioriza el “refuerzo de coordinación con el sector educativo para incluir la educación en sexualidad en el currículo a lo largo de todas las etapas educativas”.

En la encuesta nacional sobre sexualidad y anticoncepción entre los jóvenes españoles (16-25 años), realizada por la Sociedad Española de Contracepción (2019), los encuestados reconocen que han recibido la información sobre sexualidad mayoritariamente desde internet (47,8%) y amigos/as (45,5%) y a mucha distancia a través de profesores/as (28%), o de la madre (23,1%) o el padre (12,4%).

Las legislaciones educativas señalan que se contemplará la ESI, pero no especifican ni cómo se va a impartir, ni los contenidos, ni quién lo hará. Por ello es importante estudiar las posibilidades para el desarrollo de la ESI:

  • Actividad extra-escolar conferencias, seminarios, talleres y otro tipo de actividades que no quedarían incluidas en el currículo formativo. Inconveniente: genera asimetrías y desigualdades; requiere gran esfuerzo de comunidad educativa, desaprovecha la oportunidad de compartir contenidos y metodologías que obtienen mejores resultados. En definitiva, es poco eficiente.
  • Asignatura de libre configuración autonómica, se puede planificar mediante un decreto autonómico. Desventaja: la variabilidad curricular dependiendo de cada comunidad autónoma.
  • Ampliación y modificación de contenidos de Valores Sociales y Cívicos en la Educación Primaria y de Biología en la ESO. En ambos casos: basta con realizar reales decretos estableciendo los contenidos necesarios a incorporar en el currículo de las asignaturas referidas. Ventaja: Se podrían formular iguales objetivos y contenidos para todas las comunidades autónomas.
  • Asignatura específica de educación sexual o educación en sexualidad: es una opción ambiciosa, que requiere modificación normativa mediante una ley, por lo que sería necesario iniciar un procedimiento parlamentario y contar con los apoyos suficientes en el Parlamento. Se lograría el establecimiento de una asignatura con objetivos y contenidos definidos para todo el sistema educativo, dando, por tanto, una respuesta real a las necesidades y demandas sociales en todas las comunidades autónomas.

Previamente se debe conocer la evaluación de las autoridades educativas sobre la inclusión en las asignaturas de Biología y Valores Sociales y Cívicos de los contenidos de la ESI. Habría que rescatar los antecedentes y las aportaciones de profesionales especializados en este asunto y con formación en sexología. Es fundamental realizar un análisis de la formación de quienes realizan o realizarán la formación en el ámbito de la educación sexual, por formación posgrado y con análisis de contenidos curriculares, con el fin de incluir en los contenidos de la ESI temas como los géneros plurales; la sexuación como proceso; la sexualidad como vivencia; los valores humanos; y la ética en las relaciones.

La apuesta realista y de impacto es configurar una asignatura de ESI a lo largo de todo el currículo formativo, con especial énfasis en los ciclos de Educación Primaria, ESO, Bachillerato y Formación Profesional. Precisa una utilización correcta del lenguaje, no solo para generar cambios actitudinales entre personas libres y críticas, sino también para fundamentar la comunicación no discriminatoria del comportamiento y el lenguaje sexista, adoptando un lenguaje adecuado, acorde con el sentido y los conceptos relacionados con el sexo, la sexualidad y el hecho sexual humano, que son consustanciales a la dignidad humana.

Propuestas concretas  

En la escuela se pueden utilizar técnicas de escenificación y/o dramatización, con el fin de estimular que los escolares sean los responsables en el uso de sus herramientas TIC. También pueden incluir la Escuela de padres y la elaboración de materiales para establecer pautas e implicar al grupo.

La institución escolar puede utilizar encuestas para responder a preguntas tipo sobre la sexualidad y la utilización de las TIC. Realizar juegos de rol donde se escenifiquen situaciones conflictivas en relación a las TIC o a la sexualidad, puede resultar de gran interés si, además, se incluye el análisis del lenguaje. De igual forma, puede transformar la utilización de los recursos tecnológicos de forma educativa. Como actividad grupal pueden realizar, por ejemplo, clasificaciones de los videojuegos y definir las ventajas e inconvenientes del juego online y de otros contenidos.

También es fundamental trabajar con las familias. De tal suerte que se estimule la participación y la capacidad de compartir entre ellas y con sus hijos e hijas. Es fundamental buscar el lugar adecuado, invitar a los amigos, incorporar Internet como medio de studio (programar horarios, hablar positivamente de Internet, usar programas de control parental, limitar aplicaciones determinadas, sugerir actividades alternativas). Concienciarse para entender el exceso como síntoma, pero evitando emitir juicios de valor.

Hay actividades que deben ser puestas en marcha a nivel estatal que incluyan acciones de protección y control de los sistemas multimedia (sobre todo Internet y redes sociales). Elaborar programaciones infantiles adecuados y educativos constituyen acciones fundamentales, fomentar las investigaciones en esta área, propiciar producciones de TV que potencien el aprendizaje y eviten los efectos negativos, promover la intervención directa, a través de organizaciones representativas que fomenten la intervención de padres, educadores y sanitarios en el control de los Sistemas Multimedia, control de contenidos y programas. El Gobierno Estatal ha acordado realizar una acción integral para abordar el tema de la pornografía, internet (RRSS) e infancia y adolescencia, lo que constituye una gran idea a desarrollar.

Desde el ámbito social se deben habilitar intervenciones decididas, desde el sistema educativo, así como fomentar los medios y recursos para el uso y desarrollo de programas educativos adecuados, preparar al profesorado tanto como “agentes educativos” y como “agentes de detección”, tanto en el uso de las TIC como de los contenidos sobre la sexualidad. El sistema sanitario debe potenciar el papel de los profesionales sanitarios como “agente de detección”, mediante su conocimiento del problema de uso/abuso/dependencia de las TIC y del papel de la sexualidad en los jóvenes. Por lo tanto, se debe fomentar el papel del sanitario como “agente de apoyo y colaboración” en la terapia y en la intervención psico-educativa.

Con las figuras parentales es fundamentar trabajar, que para la educación el uso de las TIC debe hacerse con anterioridad a la compra del teléfono móvil, el acuerdo de uso debe ser antes de la adquisición y nunca después. Además, el uso de internet debería estar controlado por las figuras parentales, ayudando a sus hijos e hijas a supervisar y a orientar sobre el contenido de Internet. Es fundamental evitar la adquisición de las últimas tecnologías, ya que fomentan el uso e incrementan los costes; es importante saber seleccionar modelos que garanticen “la comunicación”. Desde luego es de gran relevancia evitar el uso del móvil en los Centros Escolares. Por fin, establecer sistemas tecnológicos de control parental.