¿Qué más tiene que pasar para que la Comunidad de Madrid vuelva al camino de la cooperación y el compromiso con el gobierno de la España para combatir la pandemia?

Más de un millón de personas han muerto ya por la COVID-19 en el mundo. En Europa, estamos de lleno en la segunda ola de la pandemia. En España, aumentan los casos y los muertos. Y en Madrid, la Comunidad más afectada, los ciudadanos nos seguimos preguntando a que está esperando el Gobierno regional para tomar medidas efectivas contra este desastre.

El desafío es muy importante, y la inacción de las instituciones madrileñas está provocando frustración y desconfianza de los madrileños hacia sus representantes. Pero también, está ocasionando un aumentando de la polarización y la tensión en nuestras calles. Una tensión, que es fruto de no entender por qué la Comunidad de Madrid continúa negando la realidad y no toma ya las medidas necesarias.

No podemos permitir que la pandemia impulse las divisiones sociales y de clase, dentro de un territorio donde cada vez son más visibles las fronteras de la desigualdad en nuestras calles.

La situación es muy preocupante, por la enfermedad, por los fallecidos, por las consecuencias económicas y sociales que ya se empiezan a vislumbrar, y por una administración regional que tras más de seis meses no ha sabido adaptarse a los desafíos sanitarios, sociales y económicos que se están produciendo.

La frustración está creciendo, porque los ciudadanos se dan cuenta de que los representantes que han elegido tienen una moral doble: una que predican y no practican, y otra que practican y no predican. Y esto no puede continuar así.

Sería importante que el gobierno madrileño viera la realidad tal como es, no como les gustaría que fuera. Si lo hace, a lo mejor, recupera algo tan básico como la sensibilidad. Sí, la sensibilidad hacia lo que ocurre alrededor nuestro, más allá de nosotros mismos. La ventaja de hacerlo es que estás más conectado con tu entorno, lo que te permite, como gobernante, tomar decisiones que mejoran el bienestar y la convivencia.

Continúa habiendo demasiado ruido. Pero, por encima de ese ruido permanente, que nos ensordece, hay un silencio sonoro que nos degrada como seres humanos, porque es un silencio que cierra los ojos contra la injusticia o contra lo que no nos gusta.

Un silencio, que viene acompañado del disimulo, la ocultación, la aparente calma, la normalización de acciones injustas, que por repetidas en el tiempo han provocado una especie de costra o coraza de insensibilidad en las personas, y en muchos gobernantes.

Se da la espalda a la realidad que nos incomoda. Y algo es evidente, cuando se elimina la capacidad de empatía con el sufrimiento ajeno, enmascarándolo de fracaso personal, sin ningún tipo de responsabilidad social, se aleja cualquier tipo de reacción que vaya encaminada a solucionar los graves problemas por los que estamos atravesando.

Es necesario que la presidenta de la Comunidad de Madrid, que no ganó las elecciones, reaccione y empatice con los madrileños a los que gobierna. Es necesario que lo haga ya, y dé una respuesta conjunta, junto al Gobierno de la nación, al terrible desafío que supone la pandemia y sus consecuencias.

Madrid necesita más compromiso y cooperación, y menos confrontación y deslealtad institucional con el gobierno de España.