Hay muchas incertidumbres, tanto sanitarias como económicas, en cuanto a la duración y la gravedad de esta crisis. Por eso, es oportuno ser conscientes de que la realidad del COVID-19 y sus consecuencias cambian muy rápidamente. Nos hemos adentrado en un terreno desconocido, donde es decisivo dar respuestas agiles, adaptarse en cada momento, para evitar el mayor sufrimiento posible.

La determinación con que la sociedad española está haciendo frente al coronavirus, es ejemplar. Muchos siguen siendo los esfuerzos para salvar el mayor número de vidas. Mucho es el dolor y el pesar por los compatriotas fallecidos. Muchos son los frentes ante este enemigo invisible. Y también, muchas pueden ser las desilusiones.

Pero, en este viaje hacia la victoria, la constancia de la sociedad española, el valor de los españoles, y su unidad en torno al gobierno, son nuestro único escudo para salvar vidas y para llevar a cabo la reconstrucción social, económica y política que será necesaria los próximos años. Una unidad, que también tendrá que producirse a nivel mundial, para apoyar y ayudar a otras personas en países donde las condiciones son muy precarias.

Tenemos que abrir nuestras mentes y llevar a la práctica soluciones imaginativas que nos ayuden a salir de esta y mejorar nuestro bienestar. Este es el verdadero faro para nuestra salvación individual y colectiva. Se repite mucho que la rápida propagación del coronavirus por todo el mundo, y las enormes repercusiones en la salud y en la economía han llevado al planeta a la peor crisis desde la Segunda Guerra Mundial. No por repetidas dejan de tener cada vez más validez.

Después de la salud, nuestra salud, las repercusiones que esta pandemia está teniendo para las empresas y el empleo son terribles y sin precedentes. Un ejemplo, la Organización Internación del Trabajo (OIT), realizó hace escasas semanas el informe El COVID-19 y el mundo del trabajo, y estimaba que el aumento del desempleo a final de año sería de 25 millones.

Pues bien, poco después, el día 7 de abril, tuvieron que realizar una segunda edición del informe, donde las nuevas estimaciones mundiales apuntan a que en el segundo trimestre de 2020 habrá una reducción del empleo de alrededor del 6,7 por ciento, el equivalente a 195 millones de trabajadores a tiempo completo.

Unas cifras dramáticas, que aumentarán o disminuirán dependiendo de como evolucione la pandemia, de las medidas que se pongan en funcionamiento y de la rapidez y eficacia de éstas.

Esta es la situación en la que nos encontramos. Una situación que necesita de colaboración y unidad tanto interna como internacional. Una situación donde hay que dejar a un lado las premisas de las últimas décadas para salir adelante. Y como señala la OIT, y está haciendo el gobierno de España entre otros, estimular la economía y el empleo; apoyar a las empresas, el empleo y los ingresos; proteger a los trabajadores en el lugar de trabajo; y buscar soluciones mediante el diálogo social.

Algunos datos. Según la OIT:

  • Las medidas de paralización total o parcial ya afectan a más de 700 millones de trabajadores, es decir, a alrededor del 81 por ciento de la fuerza de trabajo mundial.
  • 250 millones de trabajadores, el 38 por ciento de la población activa mundial, están empleados en sectores que hoy afrontan una grave caída de la producción y un alto riesgo de desplazamiento de la fuerza de trabajo.
  • Alrededor de 2.000 millones de personas trabajan de manera informal y carecen de la protección básica, de acceso a atención sanitaria y ahora, al estar en confinamiento, de ingresos. Hemos visto en las redes sociales imágenes de como la policía actuaba en la India ante las personas que estaban en la calle. Cuando las vuelvan a ver, recuerden que casi el 90 por ciento de su población trabaja en la economía informal.

Hay muchas incertidumbres. Pero los objetivos son claros: proteger la salud, garantizar los servicios esenciales, apoyar a los sectores y grupos de población más afectados garantizándoles ingresos, que nadie pase hambre y todas las familias tengan los alimentos y productos de primera necesidad suficientes.

Juntos saldremos adelante. Pero juntos, aquí y en el resto del mundo, con una decidida ayuda humanitaria y un audaz apoyo internacional para responder a la crisis sanitaria, económica, social y política.

 

Fotografía: Carmen Barrios