¿Sabías que el 62,9 por ciento de la población en España nunca ha pertenecido a una asociación, y esa cifra se dispara al 80 por ciento cuando hablamos de jóvenes entre 18 y 24 años?

Cuando Tocqueville analizó la sociedad americana, durante el siglo XIX, y escribió La Democracia en América, le llamó la atención que el interés de los norteamericanos por el asociacionismo era un factor clave para hacer funcionar la democracia.

Partiendo de esta premisa, más de un siglo después, el sociólogo y politólogo estadounidense Robert D. Putnam estudió la gran importancia del asociacionismo voluntario, es decir, del compromiso cívico de los ciudadanos, entendido como su interés por los asuntos públicos, a través de la participación asociativa, por una parte, y de la participación electoral, por otra.

Putnam habla de capital social, y entiende por él “las características de la organización social, tales como las redes, las normas y la confianza, que facilitan la coordinación y la cooperación para un beneficio mutuo”. Así, según él, la participación en la democracia local, a través de asociaciones voluntarias, permite vincular el interés privado y el interés general, movilizar el poder o los medios que no tienen aisladamente, y recordar a los individuos que no son tan independientes unos de otros.

Este capital social, posee un gran valor porque, tanto el asociacionismo como la participación cívica tienen gran influencia en el desarrollo económico, en el ámbito político, y en la cohesión social de una sociedad. Es decir, un mayor capital social está siempre asociado a mejores resultados económicos, políticos y sociales, al considerar que los contactos sociales afectan a la productividad de los individuos y los grupos, y como consecuencia a la calidad de la democracia.

Pero en Estados Unidos, en la segunda mitad del siglo XX, ese asociacionismo voluntario entra en crisis por los cambios sociales que se producen en la sociedad estadounidense, lo que repercute gravemente en la calidad de la democracia americana, y lleva a Putnam a escribir Bowling Alone, donde realiza un análisis del asociacionismo, de la participación política, del voluntariado, y de los lazos informales, con el fin de demostrar la disminución de la participación en las asociaciones voluntarias, es decir, la crisis del capital social.

Señalo lo anterior, porque uno de los talones de Aquiles de la democracia en España, ha sido y es el escaso asociacionismo, que sitúa a nuestro país entre los que presentan porcentajes más bajos de toda Europa. Con todo lo que ello supone para la calidad de la democracia, pero también para el crecimiento económico, político y social.

¿Sabías que solo un 22,3 por ciento de los ciudadanos en España forma parte de algún tipo de asociación en la actualidad y un 14,6 por ciento lo hizo en algún momento de su vida?

¿Sabías que el tipo de asociaciones a las que pertenecen son principalmente culturales, un 26,1 por ciento; partidos o asociaciones políticas, un 24,6 por ciento; sindicatos, un 17,5 por ciento; ONG de cooperación, un 16,9 por ciento; y deportivas, un 10,8 por ciento?

Estos datos, de la encuesta de “Tendencias de asociacionismo en España” realizada por el Centro de Investigaciones Científicas (CIS) recientemente, confirman el declive de la participación ciudadana que se está produciendo en las democracias actuales. Y vienen a sustentar la crisis del capital social, señalada por Putnam.

Algunos aspectos relevantes del caso español:

  • Existen diferencias por sexo y edad. Por sexo, el 65,4 por ciento de las mujeres nunca ha pertenecido a una asociación, mientras en los hombres se sitúa en el 60,3 por ciento. Por edades, los ciudadanos entre 65 y 74 años, con un 28 por ciento, y los de 45 a 54 años, con un 25,1 por ciento, son los que más participan en las asociaciones. Mientras los porcentajes más bajos de pertenencia en la actualidad a una asociación se encuentran en las franjas de edad entre 25 y 34 años, con un 12,9 por ciento, y entre 18 y 24 años, con un 13,8 por ciento. Los jóvenes son menos propensos a participar en la esfera pública a través de alguna asociación. El 80 por ciento de los jóvenes entre 18 y 24 años nunca ha pertenecido a una asociación, porcentaje que baja al 53 por ciento en las personas con edades entre 65 y 74 años. 
  • Las personas que pertenecen a una asociación le dedican poco tiempo. Del 22,3 por ciento de la población que dice participar en asociaciones, un 16,9 por ciento ha dedicado más de 20 horas a su asociación en los últimos tres meses; un 11,9 por ciento, entre 1 y 4 horas; y un 51,4 por ciento no ha dedicado nada o prácticamente nada de tiempo.

  • Existen diversos motivos para no pertenecer a ningún tipo de asociación u organización. Cuando a las personas que no pertenecen a ninguna asociación se les pregunta los motivos principales por el que nunca han pertenecido a ningún tipo de asociación u organización, un 50,7 por ciento afirma que nunca se lo ha planteado; un 46,7 por ciento, señala que por motivos de tiempo; un 27,7 por ciento, porque no le interesa participar en ninguna; un 26,8 por ciento, porque no hay ninguna organización que le motive lo suficiente; y un 8,8 por ciento, porque no quiere meterse en líos.

Esta realidad, hace necesario que, desde las instituciones, y también desde la sociedad en su conjunto, empezando desde muy temprano en el sistema educativo, se tomen medidas activas para revertir esta crisis del capital social en España, ya que aumentar el asociacionismo y la participación cívica traerá mejores resultados económicos, políticos y sociales para el país. Y en consecuencia aumentará la calidad de nuestra democracia, que ya es una de las mejores del mundo.