Hay problemas en el campo español. Buena parte del empresariado medio en la agricultura y la ganadería atraviesa dificultades reales con la sequía, la competencia desigual de algunas importaciones, las prácticas desleales en la cadena comercial, la complejidad de los trámites de la PAC… Y, a la vez, muchos trabajadores del campo reciben de sus empresarios salarios bajos y condiciones laborales precarias.

Esto es cierto. Lo que no es cierto es el pretendido enfrentamiento de la ciudad contra el campo, de la progresía urbanita culposa contra el mundo rural inocente y victimario, de los ecologistas dogmáticos de la capital contra los auténticos amantes de la naturaleza en las explotaciones agrícolas y ganaderas. No es cierto el enfrentamiento que se vende del malvado Sánchez contra las pobres gentes del campo español.

Para aportar soluciones a los problemas del campo hace falta rigor, seriedad y trabajo. Y aquellos que alimentan la desinformación, la demagogia y la confrontación no ayudan a las gentes del campo español, sino que les utilizan para sus fines políticos y les perjudican gravemente.

Los problemas del campo español no provienen de la gestión del Gobierno de Pedro Sánchez. Primero, porque gran parte de las competencias en juego son de la Comisión Europea y de las Comunidades Autónomas, y tanto la gestión europea de la PAC (desde 1958) como la mayoría de los gobiernos regionales están en manos de la derecha.

Y segundo, porque ha sido el Gobierno Sánchez el impulsor de algunas de las medidas que más han ayudado a incrementar la renta agraria en un 11% durante el año 2023, mejorando las condiciones de explotación y de trabajo en nuestra agricultura y ganadería: de la Ley de Cadena Alimentaria, modelo en Europa, a la bajada del IVA para alimentos esenciales; de las ayudas en combustibles a la subvención de los seguros…

Más de 4.000 millones de euros ejecutados en auxilio del campo español durante los últimos años, 1.300 en ayudas directas para sus explotaciones agrarias y ganaderas.

Los problemas del campo español no provienen de Europa y sus burócratas, de la globalización o de la Agenda 2030. Hasta un tercio del presupuesto comunitario se destina a subvencionar la agricultura y la ganadería, nada menos. Y cuando la ultraderecha clama contra el comercio internacional de alimentos, olvida de manera irresponsable que buena parte del campo español vive de las exportaciones, precisamente.

Los problemas del campo no vienen del “dogmatismo ambiental”, como sostienen Abascal y Feijóo, Feijóo y Abascal, en un discurso cada día más intercambiable. Antes al contrario, agricultores y ganaderos son las primeras víctimas del cambio climático que las políticas de la Transición Ecológica justa pretenden combatir.

El Gobierno de España está manos a la obra, aquí y en Bruselas, para atender los intereses del campo y de sus gentes. Fortaleciendo la aplicación de la ejemplar Ley de Cadena Alimentaria. Impulsando la simplificación de los trámites necesarios en la gestión de la PAC. Exigiendo reciprocidad y cláusulas espejo en los acuerdos comerciales y las importaciones de alimentos. Aplicando políticas sostenibles y eficaces para combatir la sequía y asegurar el abastecimiento de agua. Manteniendo las ayudas directas a las explotaciones. Subiendo el salario mínimo…

Es preciso respetar las movilizaciones pacíficas de agricultores y ganaderos en defensa de sus intereses. Y es obligado trabajar para solucionar sus problemas. Pero con igual legitimidad y contundencia, hay que exigir el fin de las manipulaciones burdas que practican en estos días los voceros de la derecha política y mediática.