Uno de los talones de Aquiles de la democracia en España, ha sido y es el escaso asociacionismo voluntario que existe en nuestra sociedad. Que el 62,9 por ciento de la población no haya pertenecido nunca a una asociación cívica, cultural, social o política, y que solo un 22,3 por ciento esté asociado en la actualidad, hace necesario una reflexión profunda por parte de la sociedad en su conjunto, y especialmente de todas las administraciones para promover una mayor participación.

Todo ello, por dos motivos. El primero, porque hay que cumplir la Constitución, donde en el artículo 23 señala que “los ciudadanos tienen el derecho a participar en los asuntos públicos, directamente o por medio de representantes, libremente elegidos en elecciones periódicas por sufragio universal.” Y en el artículo 9.2 afirma que “corresponde a los poderes públicos promover las condiciones para que la libertad y la igualdad del individuo y de los grupos en que se integra sean reales y efectivas; remover los obstáculos que impidan o dificulten su plenitud y facilitar la participación de todos los ciudadanos en la vida política, económica, cultural y social.”

El segundo motivo, porque tanto el asociacionismo como la participación cívica tienen gran influencia en el desarrollo económico, en el ámbito político, y en la cohesión social de una sociedad. Es decir, un mayor capital social está siempre asociado a mejores resultados económicos, políticos y sociales, y supone mayor calidad democrática para una España que hay que recordar que está entre las 24 democracias plenas que hay en el mundo.

Los datos de la encuesta de “Tendencias de asociacionismo en España” realizada por el Centro de Investigaciones Científicas (CIS) recientemente, confirman el declive de la participación ciudadana que se está produciendo en las democracias actuales. Y vienen a sustentar la crisis del capital social, señalada por Putnam.

Tras destacarse en un anterior artículo (Crisis del capital social (1)) el bajo nivel de asociacionismo, las diferencias existentes por sexo y edad a la hora de asociarse, el tipo de asociaciones en las que participan los que se asocian, y la existencia de diversos motivos para no pertenecer a ningún tipo de asociación u organización, ahora vamos a destacar otros aspectos relevantes:

  • La población en general considera que pertenecer a un partido político no da a los afiliados mucha capacidad de participar en la toma de las decisiones más importantes. Así, un 65,1 por ciento cree que las personas que pertenecen a un partido político tienen poca o ninguna capacidad a la hora de decidir las políticas de alianzas. Un 61 por ciento, poca o ninguna capacidad para participar de los contenidos de los programas políticos del partido. Un 60,3 por ciento, poca o ninguna capacidad para mejorar la participación política y la democracia en general. Y un 58,3 por ciento, poca o ninguna capacidad para elegir a los candidatos que van en las listas electorales.

  • Un 59,7 por ciento de los españoles ven muy o bastante útil pertenecer a un sindicato para proteger y mejorar los derechos laborales de todos los trabajadores. Y al mismo tiempo, un 56,2 por ciento de la población considera que es muy o bastante útil para fortalecer el papel de los sindicatos.
  • Un 61,9 por ciento de los españoles considera muy o bastante útil pertenecer a una organización feminista para promover la igualdad de género en la sociedad española. En el mismo sentido, un 61,3 por ciento lo consideran muy o bastante útil para lograr que las administraciones públicas sean más activas en la eliminación de la discriminación entre hombres y mujeres.

  • Un 69,9 por ciento de la población considera muy o bastante útil pertenecer a una organización ecologista para alertar a la sociedad de los riesgos del cambio climático. En el mismo sentido, un 64,6 por ciento lo consideran muy o bastante útil con el fin de movilizar a la sociedad para proteger el medioambiente.

Estos datos, demuestran la necesidad urgente de reflexión sobre las causas que están llevando a estos niveles tan bajos de participación. Pero sobre todo es preciso que desde todas las administraciones se realicen planes de actuación ya para promover una mayor participación, empezando por el sistema educativo.

¿Por qué? Porque aumentar el asociacionismo y la participación cívica traerá mejores resultados económicos, políticos y sociales para España. Y en consecuencia aumentará la calidad de nuestra democracia, que ya es una de las mejores del mundo.