El Foro Económico Mundial o de Davos reúne en Suiza desde 1971 a la élite internacional -público-privada- líderes empresariales y políticos, periodistas e intelectuales con afinidad ideológica con el capitalismo global, otros lo asocian al neoliberalismo.  Lo cierto es que la concurrencia es variopinta. En la actualidad recienten se acusa el impacto de violentas movilizaciones sociales, que globalmente repudian el modelo.  Llama la atención que el próximo encuentro de enero 2021 haya sido aplazado hasta nueva fecha. Se argumenta que es debido a las consecuencias de la pandemia del Coronavirus.  Aunque es muy evidente, que la causa basal es la crisis del sistema, que recibe repulsa global, por políticas excesivamente dogmáticas, de exacerbado enfoque financiero y minimalistas de la dignidad humana.  Los organizadores han señalado, además, que no tienen la seguridad necesaria para hacer el encuentro vía telemática. El mundo espera con interés la reunión, para conocer la rección de esta élite a los desafíos planteados. Mientras tanto sus vocerías insuflan mensajes de optimismo, hablan del ¡“Gran Reinicio” del Planeta!

El capitalismo, en particular el dogmatismo neoliberal, enfrenta un escenario adverso. Paradojalmente esto no ocurre por su fracaso en la generación de riquezas, sino por la mala distribución del ingreso, la alta concentración de la riqueza, las desigualdades a nivel global, las negativas externalidades ambientales, sociales y las migraciones (in) humanitarias.

¡Surgirán ajustes con seguridad!  Se requiere mejorar la distribución del ingreso; una gobernanza que estabilice la degradación la política y la democracia; que promueva el respeto al medio ambiente. Sobre todo que inspire una nueva ética, que valore el mérito, para detener la corrupción, los narcodelitos y el tráfico de drogas.  Se requiere introducir un sentido de justicia, respeto por los bienes públicos, la promoción del bien común, controlar la violencia y el desdén que invade la convivencia humana.

La élite de Davos tiene mucho que aprender de la explosión social de octubre pasado en Chile. De las violentas movilizaciones que emergen en distintos lugares del mundo, denunciando el materialismo e individualismo, el minimalismo de la dignidad de las personas, la destrucción del sentido de comunidad, la exacerbada competencia, las zonas de sacrificio, el debilitamiento estructural de la ética y la exagerada concentración de la riqueza. Si no se promueven correcciones se agudizará el repudio social. En Chile se negó el pan y la sal, hasta que el sistema colapsó.  Luego, se descubrió que era posible la solidaridad, la dignidad, el respeto y mucho más.

Sus Centros de Pensamiento (Think Tank) deben dejar de actuar como fundamentalistas dogmáticos, abrirse para superar la  endogamia socio-cultural, asumir la ceguera y sordera que les ha afectado (esperamos sea temporal), necesitan airearse y escuchar el pensamiento crítico si quieren superar esta crisis. Se deben denunciar los abusos y delitos, evitando la impunidad y la doble vara de medir. Ha sido un gran error no respetar la diversidad, el pluralismo y la democracia, tratando de aislar y silenciar sensibilidades con sentido social y pensamiento crítico.

El capitalismo es muy eficiente en la generación de riqueza,  en dinamizar la economía y el empleo. El caso referente (chileno) lo refleja, ya que -a pesar de las críticas- es impresionante el número de inmigrantes que presionan sus fronteras para instalarse en Chile, escapando de las miserias en sus propios países.  Pero, el sistema requiere una élite honesta, que rescate el sentido social, los valores éticos, el sentido republicano y ciudadano.  ¿Matarán la gallina de los huevos de oro?