«En algún momento alguien del gobierno debería explicar cómo es posible que tres indocumentados con faldas, enguantados y rodeados de niños se saltase la cuarentena por toda España sin que la policía hiciese nada al respecto. Se colaron en las casas cual okupas, con intenciones más que dudosas cargados con sacas y además uno de ellos pintado de camuflaje color noche. Es evidente que Marlaska debería comparecer y después dimitir. No puede permanecer ni un segundo más al frente de la seguridad de los españoles.

Profundizando en tan alarmante cuestión, y según ha confirmado este diario, se trataba de una empresa de reparto a domicilio tan frecuentes hoy en día, que animados por el anuncio de vacunar incluso de noche que hiciera la ínclita y meritoria Ayuso, decidió avanzar el reparto a la noche de autos del día 5 de enero para así poder descansar el día 6, dado que es fiesta nacional conmemorativa de la laicidad constitucional del país. Este reparto se realizó fuera de convenio, con trabajadores precarios y practicando explotación infantil, llegando en un descaro sin límites a crear una categoría laboral al efecto: pajes. Es evidente que la Ministra de Trabajo debería comparecer y después dimitir. Intolerable esta actuación pública y notoria en contra de los derechos de los trabajadores, de cuya defensa tanto presume este gobierno socialcomunista, en otro incumplimiento flagrante de sus promesas electorales.

Por lo demás, el comité directivo estaba formado por tres hombres que, interrogados por este informativo, afirmaron no tener intención de paridad ni de respetar la ley a tal efecto. Un incumplimiento flagrante que amparado por la ley sálica busca perpetuar la primacía del varón bajo capa de mago. Este grave no, gravísimo y extremo incumplimiento debería llevar a la dimisión de la Ministra de Igualdad que con tal desidia gestiona aquello de lo que tanto ostenta.

Asunto más terrible aún, afirmaron no solo trabajar gratis en flagrante explotación laboral, sino que reconocieron regalar las mercaderías. Tal gracia, gracieta diríamos en esta cadena, propia de comunistas sin respeto por la libertad de precios y a la que no es ajena la Ministra de Economía, demuestra la inevitable obligación de dimisión. Por negligencia ante esta labor que busca la ruptura del mercado tirando los precios por arte de magia. Es algo que denunciamos desde aquí y que algún partido español constitucionalista debería llevar a Europa…».

Esto anterior es el resultado de un ejercicio de empatía. Me preguntaba cómo se sienten los que escriben en determinados medios cuando dicen lo que dicen. Y sí, el uso intensivo de la mala “haba” puede llegar a producir daños cognitivos irreversibles de desconexión con la realidad. Ya sea revelando las auténticas intenciones de Sánchez: “Sánchez busca X haciendo Y” o que su actitud “devalúa a nivel europeo el éxito de las vacunas”… Todos esos escritos retuercen la realidad en tirabuzones verbales, convirtiendo los logros en dudas o diluyendo el sujeto de las frases, de tal forma que un éxito no se sabe si es del gobierno o ha sido generación espontánea. Y el descubrimiento es desalentador. Si descontamos la ética, el rigor profesional o cualquier otro impedimento, no me había reído tanto desde que Casado le pidió a Abascal que Vox no se presentara a las elecciones porque perjudicaba electoralmente al PP.

Les costará mucho parar incluso en el caso remoto que quisieran. Es adictivo conocer de antemano cómo será una noticia después de pasarla por la trituradora de la manipulación. Saber el final antes de empezar le quita emoción, pero les aseguro que es mucho más creativo y reconfortante cuando la realidad es una plastilina que puedes moldear.

El problema se agrava cuando las noticias plastilinizadas (palabra que no existe, pero claramente urgente y necesaria) se convierten en realidades plastilinizadas, como son los hechos alternativos trasfiriendo el deseo a la realidad misma. Por ejemplo, las acciones de Trump intentando alterar la realidad electoral en su beneficio es una alerta de primer nivel. La intención es lo que importa, pero no importa menos la creencia o el convencimiento de que se puede intentar con éxito. Y en esa creencia está la derecha en España desde hace años. Mi pregunta es, ¿dónde están las raíces de dicha creencia? El convencimiento de que sí se puede tumbar un gobierno democrático por la fuerza de la manipulación de los medios de comunicación de masas. ¿Quizás en la experiencia de vidas pasadas de Aznar y Tirante el Blanco?

Ya en lo último, leo una noticia acerca de quitar el uniforme a los militares franquistas que lo deshonran por lo que estos consideran honra. La transición a la democracia fue un ejemplo memorable de negociación: todo, y digo todo, el aparato franquista (administración civil, militar, monopolios, cuerpos de seguridad…) aseguró su permanencia y privilegios a cambio de elecciones en los que se podían elegir gobiernos que no les tocaran. Ya saben, por el pacto. Por eso una parte significativa del ejército, los cuerpos de seguridad, la administración civil y élites económicas son franquistas. Son franquistas. Solamente les pidieron ser discretos tras el 23 de febrero, discreción que ha durado hasta llegar Vox. Realmente no es su fallo: nadie les explicó con palabras y hechos que la dictadura franquista era deleznable al igual que hoy su apología también lo es. ¿No le da vergüenza ser franquista? Pues debería aunque “a veces” lo olvide.