“La independencia de criterio, de reflexión y pensamiento pasa una factura muy costosa: la soledad de quien así se comporta”.

            Victoria Camps (1999)

Según el Diccionario de la RAE el acoso significa perseguir a alguien sin darle tregua ni reposo. También consiste en apremiar de forma insistente a alguien con molestias o requerimientos y considera sus perfiles definitorios en perseguir, asediar, hostigar, acorralar, presionar, apremiar, insistir, importunar, incordiar, fatigar y molestar.

De forma complementaria, en el Diccionario de usos del español de Dª. María Moliner, es más precisa en sus significados: perseguir a alguien sin permitirle descanso; empujarlo hacia un sitio determinado con un objeto preciso. No permitir el descanso para ahuyentarlo o con otro fin. Hay otras dos voces de uso del español de gran interés: dirigir o hacer a alguien repetidas peticiones, preguntas u otra cosa pesada o molesta y, por fin, hacer objeto a alguien de persecuciones o malos tratos.

Estas voces de los diccionarios sirven como punto de partida ideal para poder analizar lo que acontece en la actividad política actual, pero también en otros ámbitos de la actividad ciudadana, profesional y política. Existen dos tipos de conductas acosadoras que ha despertado el interés tanto científico como popular, en muchas ocasiones comporta niveles equívocos de utilización, por lo que se va a proceder a clarificar estos niveles.

El primer nivel es el ámbito de la infancia y adolescencia y en el contexto escolar, a este tipo de acoso le conocemos con el nombre de bullying, designa la conducta agresiva que se manifiesta entre escolares, conocida internacionalmente como fenómeno bullying, es una forma de conducta agresiva, intencionada y perjudicial, cuyos protagonistas son jóvenes escolares (Olweus, 1973; Lowenstein, 1974; Besag, 1989; Cerezo, 1991, 2001; Pedreira & Basile,2003). No se trata de un episodio esporádico, sino persistente, que puede durar semanas, meses e incluso años. La mayoría de los agresores o bullies actúan movidos por un abuso de poder y un deseo de intimidar y dominar. Así pues, se define la conducta bullying como la violencia mantenida, física o mental, guiada por un individuo o por un grupo, dirigida contra otro individuo que no es capaz de defenderse a sí mismo en esta situación, y que se desarrolla en el ámbito escolar, lo que Pedreira y colaboradores denominaros como “children against children”, refiriendo la conducta concreta y la dirección del vector de la agresión, y que el Prof. J. Srabstein (2006), de la Universidad de San Diego, denominó como “Silencio epidémico”, incluyendo la actitud del contexto donde acontece: se conoce, pero se silencia por todos los sectores involucrados.

Se sabe que en cada época se investiga en torno a lo que le “interesa” al poder, esa descripción magistral de Kuhne es ya, hoy por hoy, irrefutable, por ello hubo, desde hace unos años, una explosión de trabajos de investigación acerca del fenómeno de acoso institucional o laboral, al que se denominó como mobbing.

En el sistema de clasificación de enfermedades de la OMS, conocido como IDC, CIE en castellano, se incluyen los denominados códigos Z que se refieren a las circunstancias en que acontecen las alteraciones de la salud, es un afán por sistematizar los determinantes sociales de enfermar. La categoría Z62.3 incluye el “hostigamiento y acusación de culpabilidad (víctima propiciatoria)”. Este concepto, de singular impacto y elevado nivel de sensatez en la realidad cotidiana, fue introducido en las ciencias sociales por las investigaciones del Premio Nobel de Medicina Konrad Lorenz, al extrapolar estudios realizados en animales para designar los ataques colectivos de los miembros de una organización a uno de sus integrantes y solo a uno de ellos, hasta ese momento aparentaba que sólo era en los denominados animales irracionales la respuesta frente al considerado como un extraño. Con la aparición de los grupos operativos en la década de los sesenta, Pichon Rivière describe, con meticulosidad, dos posiciones en el grupo a la hora de analizar las funciones del liderazgo grupal: el “portavoz”, como aquel miembro del grupo que, aparentemente hablando en nombre propio, expresa una opinión latente del grupo y el “chivo expiatorio” para designar aquel componente grupal que focaliza en sí mismo, por designación grupal, los aspectos más rechazantes y más rechazados de los propios funcionamientos grupales. Uno y otro tipo de liderazgo son posiciones asignadas por una parte del grupo y asumidas por los sujetos concretos sin apenas posibilidad de oponerse. Leyman, en 1996, describe el síndrome de “rechazo de cuerpo extraño”, para designar a aquellos sujetos que, pertenecientes a una organización, generan, por sus posturas de libertad, un cierto reparo en los demás integrantes de la organización. Hirigoyen describe con belleza y acierto el “acoso moral en las actividades cotidianas de la vida”, pero Schuster es el autor que mejor y más ajustadamente realiza la descripción con el nombre americano de “mobbing”.

El término mobbing procede de la jurisprudencia escocesa: asamblea o reunión de gentes para abordar propósitos violentos e ilegales, que incluyen causar lesiones a personas, destruir propiedades y sembrar el terror y la alarma en la población. Según el Oxford Dictionary sería el ataque indiscriminado por parte de un grupo desestructurado a alguien concreto.

El acoso moral, actualizado en España por González de Rivera (1999), es considerado como una de las experiencias más devastadoras que puede sufrir una persona y de mayor impacto a la que se puede someter a un ser humano en situaciones sociales cotidianas. La razón estriba en que consiste en “ser objeto de agresión por los miembros de su propio grupo social” (Schuster, 1999). Lo curioso del cuadro es que ocurre en organizaciones estructuradas y en instituciones conservadoras, con fuertes vínculos e identidades compartidas entre sus miembros (p.e. organizaciones políticas, administrativas, académicas, profesionales). Schuster distingue una serie de individuos en riesgo para padecer el acoso moral, institucional y/o social:

  1. Los envidiables, son personas brillantes y con cierto atractivo, pero que son consideradas como peligrosas o competitivas por el resto del grupo, sobre todo para los que pretenden erigirse como grupo de referencia o de poder en esa organización.
  2. Los vulnerables, son sujetos con cierto hábito depresivoide o que están necesitados de afecto y aprobación constantes, en definitiva, dan la impresión de ser inofensivos y encontrarse indefensos.
  3. Los amenazantes, se presentan como sujetos activos, eficaces y trabajadores, pero con su actitud y comportamiento pueden poner en evidencia los límites de lo establecido, por lo que pretenden que acontezcan reformas o luchan por conseguir una nueva cultura.

En el primer y en el tercer apartado (sujetos envidiables y sujetos amenazantes) la agresividad a la que se les somete a las personas acosadas por parte del grupo es despiadada, el objetivo del grupo es la destrucción moral del sujeto, tanto a nivel profesional como personal. Melanie Klein realizó un estudio sobre la envidia, aunque discutible en muchos de sus contenidos, está muy atinada la autora al señalar que los envidiosos tienden a la destrucción del objeto de la envidia. En ambos casos los integrantes del grupo que inician, difunden y mantienen los ataques suelen pertenecer a un subgrupo muy determinado que padecen de un síndrome, descrito por González de Rivera (1997), con el nombre de Síndrome MIA (Mediocridad Inoperante Activa), que describiremos en otra ocasión, por ende.

Adam Schafft nos recuerda que “un tipo con talento se le reconoce por un signo: todos los necios se unen en contra suya”. De esta forma se puede entender el funcionamiento grupal en los “necios unidos” y el ocultismo de sus acciones/conspiraciones, pero también la contundencia destructiva contra la persona designada y que se complementa con el concepto de “silencio epidémico” de Srabstein, por parte del contexto que le circunda que lo conoce, pero guarda silencio y así lo oculta y termina por ser cómplice de la acción que se desarrolla.

A los sujetos que son objeto del “mobbing”, les suele acompañar dudas acerca de su autoidentidad y, con relativa frecuencia, no es extraño que ocurra una idealización de las mismas estructuras o personas responsables del desencadenamiento de la persecución. En el ámbito laboral se suele superponer a las manifestaciones del síndrome de burn-out, con clínica ansiosa o bien depresivoide, con desencanto, pesimismo, baja autoestima, sensación de cansancio, frecuencia de absentismo laboral con bajas más o menos prolongadas y puede terminar con cambios bruscos del entorno laboral.

Una de las mayores dificultades en la identificación de este tipo de repercusiones es su carácter generalizado, lo que origina que la víctima tenga una dificultad real para poder organizarse conceptualmente y poder realizar su propia defensa. Los perpetradores de los ataques los llevan a cabo con suma convicción y perfección en la estrategia: casi nunca darán la cara, no tienen que demostrar lo que afirman, simplemente lanzan los infundios y dificultan en grado sumo o, incluso, imposibilitan la defensa organizada del sujeto. La víctima intuye, pero apenas puede afirmar con rotundidad quién o quiénes son y lo que dicen o hacen. Los tribunales están muy interesados en poder discernir el proceso, pero la dificultad en aceptar estos planteamientos hace que sea muy difícil hacerlo. Los sectores académicos/científicos, sanitario y político suelen ser muy proclives a este tipo de conductas.

Lo más sorprendente de toda esta situación es la tendencia al silencio y a la inhibición de los compañeros y compañeras, que se transforman en simples observadores del ataque demoledor. Este aspecto ha interesado a los investigadores y parece existir un cierto consenso en los factores iniciales que conducen a este estado de cosas (Schuster, 1999; González de Rivera, 1997 y 1999): el paso a simple observador por parte de los compañeros/as tiene la intención de evitar convertirse ellos mismos en blanco posible de los ataques, son conscientes de la contundencia y dureza del ataque y evitan que revierta sobre ellos, de esta suerte, de observadores pasan a ser cómplices de la situación de acoso. Parece obligado recordar la reflexión de Billy Brandt: “consentir una injusticia es abrir el paso a todas las demás”, contundente y rotunda afirmación que permite aceptar las carencias humanas, pero sorprendernos con ellas cuando son producto de hallazgos científicos.

En el acoso institucional se distinguen, según lo expresado hasta ahora, una serie de pares funcionales enfrentados, ya que el sujeto acosado suele ser un libre-pensador comporta la relación dialéctica, pero mantenida, entre esos pares: el sujeto acosado busca la verdad, mientras que la organización acosadora (los sujetos que llevan a cabo el acoso en su nombre) se basa en anteponer la seguridad, su seguridad; el sujeto acosado prima el funcionamiento racional y funciona por la fuerza de la razón, mientras que la organización se ampara en la fuerza y, por lo tanto, en la razón de la fuerza; por fin, el sujeto acosado trasmite en la relación la búsqueda de la libertad como principio, del convencimiento como instrumento, de la argumentación como medio de intercambio y el rigor como desarrollo expositivo, mientras que la organización que acosa tiene como único objetivo trasmitir autoridad, exigiendo su ejercicio sea de forma numérica o bien con rotundidad y exclusivismo.

En los últimos 5 años las circunstancias políticas han evidenciado una situación de acoso, casi permanente, del Presidente del Gobierno (PG) por parte de organizaciones diversas y con portavoces imprecisos, aunque se repitieran en sus ataques e identificáramos a los portavoces concretos. El ataque se notaba que tenía una planificación real, tanto por la contundencia de los ataques, como por la temática y la orientación de esos ataques.

El devenir ha puesto en evidencia que existieron ciertas líneas de planificación, ya que desde los gobiernos liderados por M.Rajoy se planificó una línea de acoso: investigar a la familia del PG en todos los aspectos e iniciar un ataque por ese flanco con una finalidad: debilitar a Pedro Sánchez (PS) como persona para destruir su imagen personal y social. Esta planificación es claramente subsidiaria de ser considerado un acoso en el seno de una institución, por las funciones que se desempeñan y por miembros de esa institución: la actividad política se constituye en una verdadera práctica de riesgo, ya que se traspasa la línea de considerar a alguien como adversario para pasar a ser enemigo.

En este contexto de acoso, no interesa realizar debates sobre contenidos políticos o programáticos, sino que se realizan ataques indiscriminados con uno u otro tipo de contenidos en los razonamientos, cualquier tema pasa a ser motivo de descalificación y de enfrentamiento. Con estos ingrediente se cocina la aparición de las noticias creadas y falsas, las conocidas como “fake news” y la interacción con los insultos, la descalificación y la agresividad suma como forma de relación, bien sea con sus propias acciones o por grupos cercanos a ellos, son los cómplices necesarios que se citan en los actos del PG o de su gobierno para insultar o montar algarabías sin sentido, con una finalidad: crear un ambiente colectivo de crisis y de presión hacia PS/PG y hacia su gobierno. Saben señalar sujetos alternativos para la suplencia como el Ministro de Interior, el CIS, el Fiscal General del Estado y, en el plano personal, a su propia esposa, Begoña Gómez.

No solo afecta a los sujetos, sino también al lenguaje que se utiliza y el tono que emplean, es una comunicación con tono agrio, sin respetar el mínimo decoro o las normas del protocolo y la cortesía social parlamentaria. Las palabras son insultantes, descalificadoras personal y socialmente, por la propia ley de probabilidades es imposible que alguien lo haga todo mal y que merezca solo la oposición frontal con insultos y descalificaciones sin tino y sin límites.

Es tal el nivel de enfrentamiento que el propio grupo agresor decide incumplir la constitución, durante más de 5 años, y luego realizar un mecanismo de identificación proyectiva, no solo para culpabilizar al otro, sino para depositar en él la causa y motivo por los que no se llega a un acuerdo, independientemente de los bloqueos efectivos desarrollados, incluyendo sus propias propuestas como la de boicotear la acción del medidor de la Unión Europea que habían propuesto.

Esta situación creada, de forma planificada consciente y programada, debe ser reconducida. Primero se debe denunciar en su contenido y en su planificación, no es limitar la libertad de opinión o de expresión, sino limitar la emisión de mentiras y limitar la posibilidad de desinformar con la formulación de bulos basándose en las fake news. Se lleva a cabo con la ignorancia y el vacío a los (pseudo)medios de comunicación y a los (pseudo)periodistas.

El sujeto del acoso sufre una verdadera devastación interna como efecto del acoso sufrido y no alcanza a comprender tanta demolición y destrucción personal. El acoso tiene como objeto eliminar los rasgos humanos del sujeto y, por lo tanto, queda despersonalizado, es un mero objeto, lo que permite establecer relaciones e interacciones deshumanizadas, no hay afecto ni empatía, solo capacidad de destrucción. En estas condiciones es preciso establecer una red de protección real, tanto personal como institucional y social para el sujeto agredido.

Tomar cierta distancia para poder pensar, para reflexionar, para reconstituirse internamente y para recomponerse para poder seguir desarrollan su labor de forma adecuada y pertinente. Si puede acceder a alguien con buena formación psicoterapéutica, sería una ayuda personal durante un tiempo limitado para “colocar” esos contenidos mentales.

Por cierto, el acoso existe y sus efectos son devastadores para la persona acosada. Bertrand Russell lo explica de forma gráfica y precisa: “El problema de la humanidad es que los estúpidos están seguros de todo y los inteligentes están llenos de dudas”. Dicho queda.