Las situaciones de crisis individuales y colectivas hacen aflorar los rasgos más positivos y más negativos del carácter de las personas y de los grupos sociales, la generosidad, la mezquindad, la bondad, la ruindad… Así está pasando en el mundo con la pandemia del Covid-19 y, por supuesto, en España.

Esta idea viene a cuento cuando nos enteramos por los medios de comunicación que el Presidente Trump dio una rueda de prensa donde se dedicó a opinar de la situación sanitaria de los países europeos y habló de cómo están países como Francia, Italia y España. De España dijo que “está siendo diezmada” (La Voz de Galicia, 20 de abril de 2020). No es la primera vez que, en medio de esta pandemia, el Presidente estadounidense se refiere a España y ya tuvo que replicar hace unas pocas semanas el Ministerio de Asuntos Exteriores. Pero hablar de una España diezmada rebasa los buenos usos diplomáticos y, por supuesto, nos muestra la mala fe de Trump. Pero si conectamos el discurso incierto e inadecuado del Presidente de Estados Unidos con la actitud de la derecha española (Partido Popular y Vox) encontraremos que hay un hilo conductor entre uno y otro comportamiento y ese hilo tiene un nombre, deslealtad.

En efecto, afirmaciones de tan grueso calado como las expresadas por Trump aparecen en España, de boca de la derecha. Lo vemos en la pregunta oral que ha presentado Casado en el Pleno del Congreso el 22 de abril, en la que interroga al Presidente del Gobierno por los errores cometidos en la gestión de la crisis de la pandemia. También tenemos otro acto de deslealtad del Partido Popular cuando vota afirmativamente las sucesivas prórrogas del estado de alarma, pero en la explicación del voto presenta restricciones mentales que deslegitiman el apoyo al Gobierno. Casado no quiere hacer como Rajoy en mayo de 2009, cuando votó contra las medidas exigidas por la Comisión Europea (si no se hubieran aprobado, Bruselas hubiera intervenido la economía española) ni como Fraga en 1986, cuando no recomendó votar a favor en el referéndum sobre la permanencia en la OTAN. Casado no llega (quizá no se atreva) a los actos de deslealtad patriótica de Fraga y de Rajoy, pero añade tantas críticas que devalúa su apoyo parlamentario y transmite el mensaje de que apoya al Gobierno a regañadientes.

Otro acto de deslealtad ha sido el de Vox, que se ha querellado contra el Presidente Sánchez por los delitos de imprudencia grave con resultado de muerte, por lesiones y por infringir los derechos de los trabajadores. Acusar al Presidente del Gobierno por las muertes provocadas por la pandemia es otro acto de deslealtad, que demuestra que Vox está fuera del arco de los partidos democráticos. Es un partido anti-sistema que no asume las reglas democráticas y sólo entiende la política con la dicotomía schmittiana amigo/enemigo.

Pero hablando de deslealtades es hora de volver al Presidente Trump. Hemos visto que éste no es un aliado leal de España. Hemos visto igualmente que el Partido Popular y Vox tampoco son leales con el Gobierno de la Nación. Pero además hay que preguntarse a qué se debe esta coincidencia en la deslealtad. ¿Acaso Trump aconseja a los partidos españoles de la derecha que sean desleales con su Gobierno y les apoya con la mentira de la España diezmada? O, ¿por el contrario, los partidos de la derecha, en su estrategia destructiva, han hecho llegar a Trump la mentira del país diezmado por la pandemia? ¿Quién induce a quién? ¿Trump a los partidos de la derecha o éstos a Trump?