En este artículo pretendo recordar dos momentos recientes, que podrían ser más si hablaremos de Palantir, que visualizan el control social que están creando las nuevas tecnologías. Un control, al servicio de los intereses privados de unas pocas compañías, en manos de unos pocos milmillonarios. Y junto a esos dos momentos, la necesidad de despertar. La necesidad de ser conscientes de lo que pasa en nuestras vidas y por qué. La necesidad de actuar y regular, si se pretende que la democracia siga siendo una realidad en la vida de cada vez más personas en el mundo. Si se pretende, que tomemos nuestras propias decisiones, frente a unos algoritmos predictivos que pueden y están conformando nuestras vidas.

Primer momento

«Señor Zuckerberg, ¿se sentiría cómodo compartiendo con nosotros el nombre del hotel en el que se hospedó anoche?», preguntó el senador demócrata Durbin.

«Um, eh, no «, respondió Zuckerberg, tras una pausa de ocho segundos.

«Si le envió un mensaje a alguien esta semana, ¿podría compartir con nosotros los nombres de las personas a quienes envió el mensaje?», siguió preguntando Durbin.

«Senador, no, probablemente no elegiría hacer eso públicamente aquí «, dijo Zuckerberg.

«Creo que de eso se trata todo: su derecho a la privacidad: los límites de su derecho a la privacidad y cuánto regala en la América moderna en nombre de, citando, conectando personas en todo el mundo «, agregó Durbin.»Una pregunta, básicamente, sobre qué información está recopilando Facebook, a quién la está enviando y si alguna vez me pidieron permiso para hacerlo».

Estas preguntas, del líder demócrata del Senado de EEUU, Dick Durbin, tuvieron lugar el pasado 11 de abril, durante la comparecencia de Zuckerberg, CEO y fundador de Facebook, en la audiencia conjunta de los Comités Judicial y de Comercio del Senado titulada «Facebook, privacidad de medios sociales, y uso y abuso de datos», tras el escándalo de la empresa Cambridge Analytica.

Segundo momento

La empresa Cambridge Analytica, de análisis de datos, ha sido acusada de utilizar datos obtenidos ilegalmente de usuarios de Facebook para influir en las elecciones presidenciales americanas y en otros procesos como el Brexit. En total, y según Facebook, los datos de 87 millones de usuarios estuvieron expuestos durante la fuga de información vinculada con el escándalo de Cambridge Analytica. Principalmente usuarios estadounidenses.

Cuando Christopher Wylie, ex director de investigación de Cambridge Analytica, destapó el escándalo y declaró en el Parlamento británico, la compañía se apresuró a emitir un comunicado afirmando que las palabras de Wylie eran «información falsa, especulación y teorías de la conspiración totalmente infundadas de un testigo con respecto a Cambridge Analytica».

A pesar de la negación de la empresa, es bueno destacar algunas declaraciones de Wylie:

  • “El Brexit no habría sucedido sin Cambridge Analytica”.
  • “El referéndum (Brexit) se ganó por menos del 2% del voto y se gastó mucho dinero en publicidad a medida basada en datos personales. Esa cantidad de dinero te compraría miles de millones de impresiones. Si te diriges a un grupo pequeño, podría ser definitivo…”.
  • “…Hacer trampas es hacer trampas. Si alguien usa dopaje y llega primero, puede que hubiera ganado sin doparse, pero se le quita la medalla porque engañó. Se le quita la medalla porque cuestiona la integridad de todo el proceso. Hablamos de la integridad de todo el proceso democrático, y se trata del futuro de este país y de Europa en general”.
  • “Si miras los últimos cinco años de investigación científica de perfilado psicológico usando datos sociales, valida que puedes perfilar atributos psicológicos. No hay duda de que puedes perfilar a la gente y explotar esa información. Que eso sea adecuado en un proceso democrático es algo que la gente debería pensar”.
  • “Creas una realidad a medida para alguien… Puedes perfilar a un grupo de personas muy receptivas a esas teorías conspiratorias…Entonces fabricas blogs o webs que parecen noticias y las muestras todo el tiempo a la gente más receptiva a ese pensamiento conspiratorio. Después ven la CNN y no hay nada de lo que ven todo el tiempo en internet, y piensan que la CNN esconde algo”.

La realidad tecnológica estás superando muchos de los límites imaginables hasta hace relativamente poco tiempo. Si fuéramos por la calle y alguien nos estuviera siguiendo todo el rato, apuntando lo que hacemos, con quien hablamos, donde vamos. No dudaríamos un instante es comprender que están atacando nuestra privacidad y hasta nuestra seguridad. Nos sentiríamos tan intranquilos que, con mucha probabilidad, llamaríamos a un policía para denunciar lo que nos estaba pasando.

Sin embargo, llevamos en el bolsillo un teléfono móvil que hace todas esas cosas y mucho más. Y con toda tranquilamente, seguimos aceptando las condiciones interminables de aplicaciones, que lo que están haciendo es adueñarse de nuestros datos sin que sepamos para qué y quién lo hace. Pero con el fin de ganar dinero con nuestros datos personales cuanto menos.

Esta falta de discusión y de cuestionamiento de las consecuencias de los avances tecnológicos, es un factor preocupante, porque no se está planteando a la población un amplio debate sobre el modelo de sociedad donde se desea vivir y hasta donde deben llegar los avances tecnológicos y con qué fin.

La ausencia, en la esfera pública e institucional, de tal construcción democrática hace que se esté asistiendo, en la historia de la humanidad, al surgimiento de una nueva era digital de hechos consumados, que ha dado lugar a lo que se puede denominar un western digital. Donde las reglas, si es que existen, llegan después de los hechos; y donde las grandes compañías tecnológicas viven en monopolios y oligopolios, que priman unos intereses no siempre confesados, que no benefician ni a la democracia como sistema político y ni al interés general en muchas ocasiones. Solo a una minoría que cada vez concentra más poder, mucha más riqueza y más capacidad de decisión sobre el futuro de la humanidad sin haber pasado por las urnas.

La rapidez tecnológica tiene que dar paso a la necesidad de regular y legislar, en este western digital, la circulación de los datos, que deben ser tratados como algo personal, como una propiedad de las personas que debe ser protegido.

Como señaló Wylie, “no es justo pedir a la gente que entregue absolutamente todo a estas plataformas para conectarse a la vida moderna”.