El lento proceso de unidad europea ha alcanzado cierta relevancia en el campo de las candidaturas electorales. A partir del Tratado de Maastricht, en 1992, los ciudadanos comunitarios que tienen residencia en otro Estado miembro pueden participar, con sufragio pasivo y activo, en las elecciones municipales de su país de residencia. Lo mismo ocurre en las elecciones al Parlamento Europeo. No se trata de una medida coyuntural porque la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea, aprobada el 12 de diciembre de 2007, considera que ambos derechos de sufragio, el municipal y el del Parlamento Europeo, son componentes de la Ciudadanía europea.

El anuncio de Albert Rivera por el que invita a Manuel Valls a presentarse a las próximas elecciones municipales por el Municipio de Barcelona, en el primer puesto de la candidatura de Ciudadanos, lleva, a primera vista, a celebrar que un político francés pueda concurrir a unas elecciones españolas. Pero a poco que se piense, se trata de una iniciativa inmeditada que puede tener más inconvenientes que ventajas.

En primer lugar, Valls es un político fracasado en su país. En 2009 ya se planteó concurrir a las primarias presidenciales del Partido Socialista francés pero al final no lo intentó. Luego concurrió, como es sabido, a las primerias para la elección presidencial de 2017, que perdió. Después abandonó el Partido Socialista y se aproximó a Macron. Por otra parte, en la medida en que fue Primer Ministro del Presidente Hollande entre marzo de 2014 y diciembre de 2016, debe compartir el fracaso electoral socialista de 2017. En sentido subjetivo, es un mal candidato, no es un vencedor. Además, Valls no parece haber explicado porque ha dejado de ser socialista y porqué apoya ahora a un Presidente conservador como Macron.

En segundo lugar, aunque Valls fuese un mirlo blanco de la política francesa, vencedor de elecciones que adopta la extraña decisión de pasar a hacer política en España, nunca será buen candidato a ninguna elección española si antes no se afinca en España y empieza la política por abajo. Alguien ha dicho (creo que la Alcaldesa Colau) que aparece como paracaidista y la imagen es acertada. Un paracaidista del que, además, se sospecha que viene a España porque no tiene nada que hacer en Francia, nunca será buen candidato hasta después de un lustro en que demuestre su vocación de político de a pie.

Además, a mi juicio, es el candidato más inoportuno para Barcelona. El Ayuntamiento de Barcelona no debe ser, hoy, el objeto de deseo de ningún partido constitucional sino el primer lugar donde derrotar al secesionismo y a sus aliados los Comunes. Me parece lícito (y positivo) que Ciudadanos intente alcanzar la Alcaldía pero nunca con un candidato inadecuado. No va a atraer a electores de centro ni a nacionalistas españoles. No es una cuestión de cleavage ideológico, es una figura que atrae poco. Más aún, habrá eventuales electores de Ciudadanos que pensarán que este partido no tiene ningún candidato de altura para regir el Ayuntamiento de Barcelona.

Valls será el hazmerreír del independentismo y del catalanismo. Un político francés y centralizador. Si al menos fuera belga flamenco… Ciudadanos, como se ha visto en las elecciones de diciembre pasado, tiene un buen score pero tiene que arrancar votos de todos los partidos para consolidarse pero no logrará más votos de los antiguos electores socialistas (que ven a Valls como un traidor), de los electores populares (que ven a un francés antiguo socialista) ni de los electores catalanistas (por francés).

Ciudadanos, con los resultados de diciembre de 2017, debería ser el primer partido del Ayuntamiento de Barcelona pero para ello necesita un candidato catalán, de centro, con un perfil político potente o, al menos, con un perfil profesional impecable. O, si los independentistas llegan a formar Gobierno en mayo y no se repiten las elecciones, no sería mala candidata la propia Arrimadas que se va a cansar y aburrir en un Parlamento de golpistas y de tramposos. Al menos, desde el Ayuntamiento podría iniciar la recuperación del Gobierno para los no secesionistas.

Esta aventura en favor de Valls muestra la gran fragilidad de Ciudadanos. En lugar de un buen candidato que encaje en el perfil que exigen los electores barceloneses, se inventa un candidato imposible que difícilmente podrá obtener más votos que Esquerra, el grupo de Puigdemont o los Comunes. Y sin embargo, es imprescindible que personas tan insolventes como Colau y Pisarello salgan del Ayuntamiento porque acabarán hundiendo a una ciudad como Barcelona.