Cuando Antonio Pérez, uno de los Secretarios de Estado de Felipe II, huyó de Aragón a Francia publicó allí, en 1591, sus Relaciones que fue la primera obra publicada en el extranjero que sirvió para denigrar a España y sustentó incluso, según Julián Juderías para iniciar la “leyenda negra”. No es momento de entrar en lo que supuso esa “leyenda negra”, máxime ahora que ha dado lugar a una polémica bibliográfica, pero sí es oportuno señalar que operaciones como los libros de Antonio Pérez son operaciones políticas donde un español desacredita a España y a sus instituciones con el fin de obtener un beneficio político inmediato. Ejemplo más próximo de esa operación de descrédito es la estrategia exterior de los secesionistas catalanes, obsesionados por desacreditar a la democracia española bajo la premisa de que algunos Gobiernos extranjeros y las instituciones comunitarias llamarían a capítulo al Estado español por perseguir a Cataluña, lo que, como es sabido, no se ha producido sino todo lo contrario. En todo caso, la operación secesionista de descrédito de España es muy parecida a la de Antonio Pérez.

También el Partido Popular ha pretendido imitar a Antonio Pérez. No es la primera vez aunque en ocasión anterior el partido conservador no llegó a denunciar a España sino que se limitó a debilitar a España ante una importante negociación por los fondos de cohesión, cuando José María Aznar acusó al Presidente Felipe González por pedigüeño. Afortunadamente la solidez europeísta de Felipe González y de su Gobierno neutralizó la campaña de descrédito de la derecha española, derecha a la que se llenaba la boca hablando de la patria y de la bandera roja y gualda.

Esta vez la operación Antonio Pérez ha sido más grave. La ha protagonizado la eurodiputada Dolors Montserrat, antigua Ministra de Sanidad de Rajoy que, tras su paso a la oposición, se ha caracterizado por un tono especialmente agresivo hacia el P.S.O.E. y hacia al Gobierno del Presidente Sánchez. En la preparación del nuevo Presupuesto comunitario, que conlleva las ayudas europeas para la reconstrucción tras la crisis pandémica, los cuatro Estados partidarios de la austeridad (Austria, Dinamarca, Países Bajos y Suecia) han intentado condicionar las ayudas a los Estados meridionales al sometimiento de controles y al cumplimiento de ciertos objetivos, amén de preferir los créditos a las trasferencias que no han de devolverse.

En este marco donde se juegan visiones económico-sociales contrapuestas, en la reunión del Grupo Popular del Parlamento Europeo, la eurodiputada española Montserrat se alineó con la postura de los Gobiernos europeos partidarios de la austeridad, postura que se expresa a través de condicionar las ayudas comunitarias a ciertos objetivos. Las consecuencias de esta actitud se comprenden fácilmente: limitan la autonomía política de los Gobiernos y de los Parlamentos nacionales, someten las políticas de gasto a principios ideológicos liberales, reducen la eficacia social de los fondos europeos y desprestigian los ideales europeos al ver los ciudadanos que esos fondos no se destinan a dar solidez a las políticas sociales.

Llama la atención la frivolidad o el odio de la derecha española. No les importa que España pierda fondos europeos o que los reciba de forma tan condicionada que no se puedan aplicar a las necesidades sociales españolas. Prefieren una España pobre con tal de desprestigiar al Gobierno del Presidente Sánchez. Buenos imitadores de Antonio Pérez y de Torra y demás secesionistas catalanes.