Asistir a una película de Baz Luhrmann (“Romeo+Julieta”, “Moulin Rouge”, “Australia”) es como probar un restaurante de comida exótica: extrañeza, combinaciones imposibles, deleite para unos y aberración para otros. Pero siempre interesante, al menos no previsible en cuanto al cine habitual (aunque sí previsible sobre su propia trayectoria). Para comenzar a hablar del “Gran Gatsby” lo mejor es partir de la premisa de que no existe la versión de Jack Clayton con Robert Redford (de 1974), y casi ni tan siquiera de la novela de Scott Fitzgerald en que se basan ambas. Con Luhrmann a veces no valen las medias tintas, y aunque todo está inventado, olvidémoslo e inventémoslo de nuevo.

La trama de la película se desvela con demasiada facilidad, así que simplemente encuadrémosla como “la misteriosa vida de un nuevo rico llamado Gatsby en los fascinantes años 20 de Nueva York”. Afortunado el espectador que no vea el tráiler, porque se desvela demasiada información (como en todo tráiler actual). Tenemos una primera mitad centrada en el glamour visual, la dirección de arte, el montaje trepidante, la música anacrónica y las panorámicas irreales sobre Nueva York, y una segunda mitad más intimista, centrada en los personajes. La película avanza bien hasta el tercer acto, donde Luhrmann parece no tener mucha idea de por dónde llevar la película mientras ésta luzca hermosa, y por suerte en el final consigue redimir tanta obsesión con las ramas de los árboles que le hacen olvidarse del bosque.

La película es Gatsby, y Gatsby es DiCaprio. Punto. Si aún hay alguien que duda de su talento que asista a esta película, porque él solo levanta este gran teatro, él da la vida a Gatsby, nos metemos en su piel, en lo que es, en lo que fue y en lo que pudo ser… en su melancolía y en sus silencios. No sé si deliberadamente o no, frente a toda la pompa y recargamiento de las formas, lo que más atrae es el misterio y la tragedia de este personaje, y daríamos lo que fuera porque nos contaran menos de ese momento presente en el que transcurre la película y nos contaran mucho más del subyugante pasado de Gatsby, esbozado en unos pocos flashbacks. DiCaprio emana luz en la pantalla como una estrella del cine clásico, sus ojos recuerdan demasiado a la marea azulada del inmenso Paul Newman. Este actor sólo puede seguir creciendo.

Acompañándolo, desgraciadamente, un reparto de actores que no están a la altura: junto a la sosa Carey Mulligan (muy bien fotografiada, eso sí) está el melifluo Tobey Maguire (empeñado desde “Pleasentville” en repetir una y otra vez el mismo papel), y un Joel Edgerton mejor que la media que hace lo que puede con lo ridículo a menudo de su personaje. DiCaprio-Mulligan no desprenden la química de los McGregor-Kidman de “Moulin Rouge” (la mejor película de Luhrmann), y dicho sea de paso la banda sonora también languidece por alusiones en relación a la cinta del cabaret parisino, con demasiado rapero y pocas joyas como el “Young and beautiful” de Lana del Rey, balada atemporal por donde debería haber encaminado mejor sus esfuerzos la parte sonora.

En definitiva, podemos decir que es una película donde cada varios pasos pensamos “Qué grande podría haber sido si…”. Tenemos los mimbres adecuados, pero no se acaban de engarzar bien, empezando por un casting de actores discutible, salvo el gran protagonista. Visualmente, y también como edición de sonido, es un golosina a la que es difícil resistirse, más en una pantalla grande donde realmente se luce todo el acabado formal. Y sólo por eso podría merecer la pena su visionado, pues como montaña rusa contiene una buena plétora de imágenes que se quedan en la retina y acuden a la mente días después. Pero necesitamos historias, personajes, necesitamos emocionarnos, y es ahí donde Luhrmann parece querer olvidarse, dando los personajes sensación de marionetas en lugar de vidas de carne y hueso.

Los grandes apoyos de esta película son una imaginería visual espectacular, por momentos una banda sonora muy cuidada y, ante todo y sobre todo, un DiCaprio inmenso que demuestra que él es un actor al que se le puede pedir que borde un personaje como Gatsby, y él sólo será la película. Lástima que todo lo demás no esté a su misma altura en esta, no obstante, hermosa elegía por los tiempos perdidos.