Estimado señor Rivera: Usted nunca leerá este escrito. No importa; se lo cuento a Usted y a los ciudadanos demoscópicos que ven en su liderazgo, escrito en la barra de hielo, la solución a los problemas de España. A esos españoles que parece que sólo usted ve. Españoles que quizás reflexionen que la política es algo más que una pose dialéctica, de la cual muchas experiencias hemos tenido.

Señor Rivera, la convivencia política no se construye identificando a todos como adversarios. La política es poner por delante los problemas de la comunidad que el propio interés cortoplacista. No sólo por la dignidad y coherencia política, también porque el tiempo termina poniéndonos en nuestro sitio y dejando al aire las vergüenzas. Recuerda estos días a su idolatrado Aznar. Cuando los bueyes se colocan detrás del carro, se ve de lejos. El carro no tira.

Usted nos quiere hacer creer que está convencido, ¿convicción, interés o pardillez?, que logrará “pactar” con él, “hay que exigirle responsabilidad de que convoque elecciones”. Lo peor para España es seguir manteniendo en el corral al lobo herido que ha robado las gallinas.

Rajoy piensa siempre que los irresponsables son los otros: los que le critican, censuran e incluso conciben que haya cosas que pueden hacerse de otro modo. Fundamenta la credibilidad en su mayor numero de diputados, mayoría muy relativa, y que sin su apoyo, si es cierto, se convertirá ingobernable. Usted fundamenta su credibilidad en una suerte de encuestas que también sabe que son relativas. Para ambos puede que no sea el mejor momento para que las urnas hablen. Los dos saben que si pierden el protagonismo político, el viento favorable que ha parecido impulsarles no sople con tanta fuerza. En el caso de su antiguo aliado, la entrada ahora por la puerta de la izquierda del escenario le preocupa,  porque la pérdida de la Presidencia puede derivar en que el mismo sea un “caso aislado” y considerar la perspectiva de jugar al mus con Bárcenas en Soto o en Extremera. Usted sabe que la solución a Rajoy puede ser otra y no Usted.

Que España necesita un cambio profundo en su rumbo de manera inmediata es una obviedad, el desconcierto y la preocupación es ya una situación estructural colectiva, frente a la que hay que tener la voluntad y el coraje de darle salida. Todos vemos españoles, todos, pero cada vez más deprimidos.

Rivera, si es tan consciente y responsable como dice ser, no le costará la cesión de sus votos para darnos una alegría a los españoles. La alegría de comprobar que lo mismo que la impunidad penal no tiene cabida en España, la política tampoco. Que sabemos construir nuevas realidades que evidentemente llegarán, fruto de unas próximas elecciones. Considere que, si esas elecciones llegaran a decir que Ciudadanos es la fuerza mayoritaria, no será, según las encuestas ensalzadora.  La victoria no será lo suficientemente contundente como para gobernar en solitario. En ese caso, tendrá que buscar alianzas. ¿Cuáles? Eso le hará pasar por  mesas y despachos de negociación. Lo que Usted viene denostando con frivolidad terrorífica es, en definitiva,  la negación de la política y el consenso. El mismo que, no hace tanto, reclamaba para dar salida a los problemas de España.

Si usted piensa que la continua yenka política que se destila de sus palabras a lo que le proyecta es a terminar con el bipartidismo, con una indiscutible mayoría absoluta, es más preocupante. Ve españoles pero no sabe cómo piensan y cómo están sintiendo lo que pasa.

Hay españoles que siguen y seguirán amarrados al PP por mucho tiempo, para bien o para mal pues representa una concepción de España rancia, patrimonialista, baluarte de un tardo franquismo, construido por Aznar y Rajoy con su liderazgo, pero existente. Han creado una escuela que, a pesar de realizar actos deleznables para España, sigue teniendo irreductibles  seguidores. A los que son capaces de convencer que si ellos pactan con el nacionalismo periférico en sus distintas versiones, con dinero por medio, no es tan malo como si lo hacen otros. Especialistas en construir imágenes y darles cobertura mediática. Han demostrado en ello ser los mejores de la clase. Para estos ciudadanos la cultura política del PP está tan interiorizada que Usted no va ser su nuevo paladín por mucho que se ponga a rapear el “somos novios de la muerte”.

Asimismo, hay españoles que no ven en Usted el Macron español. Por ser españoles y no franceses y por tener un Partido Socialista que, históricamente, ha tenido una mayor fortaleza que la izquierda francesa y no esconder un traidor de discurso elástico como ha sido su paisano Valls, al cual se han apresurado a fichar.

A pesar de todo ello hay que reconocerle que imaginación le está poniendo. Reinterpretando el Reglamento de las Cortes e intentado encontrar un 155.0 que tape su incongruencia política con un precepto que haga bueno el desiderátum de moción instrumental con candidato instrumental, como si las leyes fueran un acordeón.

La única posibilidad política de futuro para España, y para Usted, es apoyar la moción de censura. Negociar, desde sus 32 parlamentarios, que más no tiene, la fecha de celebración de los comicios, las políticas básicas y esenciales que se pueden desarrollar en los próximos meses en un país cuyo gobierno ha estado más preocupado de los Tribunales que de los ciudadanos. Normalizar la situación política, para que los españoles piensen en el futuro que quieren cuando voten  y no en la porquera que se les ha creado. Para que la Unión Europea, de la que formamos parte esencial, no vean en nosotros un nuevo problema, de los muchos y graves que tiene y empecemos a recuperar para ellos, el valor que teníamos en el pasado. Eso solo será si tenemos la actitud de mostrar la capacidad de consenso político para solventar la situación por las vías parlamentarias establecidas, sin excentricidades, en el juego establecido de mayorías y minorías parlamentarias.

Estimado Señor Rivera sin perjuicio de lo que suceda en la moción de censura tenga una cosa clara que el liderazgo verdadero se ejerce con riesgo, valentía y coraje;  el otro… se derrite como el hielo.