Isabel Allende, Plaza y Janés, 2023.

Tras un silencio en este foro, no podría iniciar mejor el año evocando lo que esta novela ha suscitado en mi interior: que nuestro discurrir transita entre pellizquitos de felicidad y senderos de tristeza. Un binomio del que no podemos sustraernos. Más cuando la solidaridad, la compasión y el amor afloran, cualquier episodio oscuro se instala en los recuerdos. La fuerza de la vida que, como el agua de una cascada tras el deshielo, nos regala exuberancia con su extrema vitalidad y acompasada sinfonía.

Como en esta ficción, en donde un niño judío de seis años, Samuel Adler, queda huérfano tras la desaparición de su padre durante la Noche de los Cristales Rotos del año 1938. Su madre consigue trasladarle desde la Austria nazi hasta Inglaterra, en donde junto a su violín reinicia una nueva etapa, marcada por la soledad y la falta de certidumbres.

En 2019 una salvadoreña, Anita Díaz, de siete años emprende un viaje, junto a su madre, desde El Salvador hacia los Estados Unidos. En la frontera es separada de su madre. Todos vimos las duras imágenes de estos pequeños, que revelaban lo que nunca un crio debería descubrir: miedo atroz. Anita, desde su inocencia, crea un mundo mágico en su imaginación para sustraerse de la realidad, recordándome, mientras me recreaba en la lectura, tanto el argumento como la bellísima música de la película La vida es bella de Roberto Benigni. Música que les recomiendo cuando no vean la luz en momentos de tinieblas, aun cuando gocen del amparo de quiénes por solidaridad, amistad o amor les cobijen. Y tratando de chiquillos, para Anita su hada madrina y su duende benefactor son Selena Durán,  una joven trabajadora social, y Frank Angileri, un eminente abogado, que emprenden una feroz lucha por reunirla con su madre y ofrecerle un futuro de oportunidades.

El viento conoce mi nombre es un relato atemporal, entrelazándose el drama del desentraño y el desamparo con el buen corazón de quiénes por solidaridad se alían con la justicia y se dedican a los más vulnerables, más allá del amor incondicional de los padres y las madres por proteger a sus polluelos y de la mencionada fuerza de la vida que tiene como uno de sus principales adalides la esperanza.

¡LA FUERZA DE LA VIDA!