Las memorias del último Presidente del Consejo de Ministros de la Tercera República francesa, Paul Reynaud (Mémoires, t. II, Envers et contre tous, París, 1960) son un testimonio interesante de cómo un Gobierno desunido, sin liderazgo y sin capacidad de tomar decisiones extraordinarias, puede llevar a su país a la derrota, en este caso frente a Alemania en 1940. Por contra las memorias de Winston Churchill (La Segunda Guerra Mundial, Barcelona, 1949-1955. 12 vols.) son ejemplo de lo contrario, es decir, de como un Gobierno unido pudo hacer el esfuerzo necesario para vencer a una potencia tan poderosa como Alemania. La causa del éxito fue el War Cabinet, que dio al Gobierno británico de coalición tanto autoridad como liderazgo, actuando como una máquina que tomaba decisiones, las transmitía a los órganos inferiores y se cumplían. Esta es una de las causas por las que la democracia pudo vencer al fascismo, el liderazgo democrático frente al liderazgo autoritario.

Inicio esta reflexión con una consideración histórica porque estamos ante una crisis que los españoles venceremos y superaremos si los poderes públicos actúan de manera unificada y de acuerdo con el principio de jerarquía porque si las distintas autoridades se llegaran a dispersar, la acción contra el corona virus será mucho más difícil. Esto es de Perogrullo pero a la vista de la actuación de algunas autoridades y de algunos partidos no parece que sea una idea asumida por todo el mundo.

El problema por el que una Administración infraestatal dificulta la acción del Estado. Se inició en Cataluña donde el Presidente Torra hizo del cierre de Cataluña hacia el exterior una nueva arma secesionista contra el Estado, con su consabida deslealtad al acudir a declaraciones a la prensa británica y con una carta a la Comisión Europea. Esta actitud de obstaculizar la política del Gobierno ante la pandemia no sería demasiado grave, porque forma parte de la política de Torra y de su amo Puigdemont, si no fuera porque se va extendiendo al Gobierno vasco y a Comunidades Autónomas no nacionalistas. El problema se resume en un titular de El País del 31 de marzo: “Las autonomías exigen a Sánchez más flexibilidad’ y coordinación en las medidas”. Y en esta presión sobre el Gobierno destaca el PNV: “El PNV se siente ‘ignorado’ y desatendido por el presidente”.

Siendo cierta y preocupante la información de El País habría que señalar que el fenómeno tiene dos orígenes distintos y que va acompañado de otro fenómeno igualmente grave. Veámoslos uno por uno.

En primer lugar, como tuve ocasión de escribir aquí recientemente (“Perfiles políticos de la pandemia. Estado de alarma y solidaridad”, Sistema Digital, 16 de marzo de 2020), los nacionalistas catalanes y vascos están reaccionando ante las medidas que requiere el estado de alarma conforme a su propia cosmovisión política: en realidad se creen que viven en un Estado independiente y por ello cualquier decisión del Estado, decisión legítima y conforme a la Constitución, es vivida por estos nacionalistas como un atentado de lesa patria.

Desde esa visión, las medidas estatales para coordinar la política sanitaria se consideran una afrenta y así lo refleja la citada información de El País del 31 de marzo: para el Portavoz del PNV en el Congreso

“Un Gobierno en minoría debe saber, por mucho estado de alarma que esté en vigor, que sigue en minoría. Y debe tener muy presente por qué está donde está, y gracias a quien donde está”.

La frase merece repetirse, porque es un ejemplo de mezquindad política: “Como te he votado, viene a decir Ortúzar al Presidente Sánchez, olvídate de tus atribuciones constitucionales y déjame arreglar la pandemia como yo quiera, sin tener en cuenta la política aplicable en el resto del España”. Mal le deben ir las encuestas al PNV cuando se sale de su trato elegante para soltar una frase tan ruin.

Problema distinto es de las Comunidades Autónomas no nacionalistas. Aquí tiene un origen mucho más complejo. Por un lado, la Constitución olvidó regular los mecanismos de cooperación que permiten al Estado que éste y las Comunidades Autónomas converjan en una política común. Esos mecanismos se previeron por vez primera en la Ley Orgánica de Armonización del Proceso Autonómico (LOAPA) de 1982, pero ésta fue declarada inconstitucional y fue la Ley 30/1996, de 26 de noviembre, de Régimen Jurídico y Procedimiento Administrativo Común de las Administraciones Públicas, la que empezó a dotar al Estado de instrumentos orgánicos y funcionales para converger en una política común con las Comunidades Autónomas. Esto dificulta la acción coordinadora del Estado que se encuentra con hábitos autonómicos muy poco dados a la colaboración, pues han sido muchos años que sólo han visto en el Estado un ente que proporciona financiación. El segundo motivo por el que las Comunidades Autónomas llevan mal la coordinación, que intenta el Estado, es que en todas ellas se han formado unas nuevas élites con poder político y económico y no desean compartir los frutos del poder.

Añadamos que en España se ha ido asentando una cultura política asamblearia ajena al principio de jerarquía, cultura que refleja muy bien el editorial de El País del 1 de abril (“Poder y liderazgo”), que pide que el Gobierno consulte más a las organizaciones empresariales y sindicales. Puro asambleísmo, que recuerda las discusiones que al principio de la Guerra Civil mantenían algunas milicias anarquistas acerca de cómo debían de atacar al enemigo. Hay que decir, sin embargo, que los sindicatos están actuando con más responsabilidad que las organizaciones empresariales, que siguen empeñadas, como es habitual, en asegurarse un despido rápido y barato de sus trabajadores.

Otra semana deberemos comentar la zigzagueante actitud del Partido Popular que en ocasiones, recuerda al alacrán que atravesaba el río sobre la rana: no puede evitar dar el aguijonazo. Pero por hoy nos limitaremos a recordar, que si las Administraciones Públicas y los agentes sociales siguen reclamando participación y obtienen la complicidad de los medios de comunicación, la política contra la pandemia será más difícil y menos eficaz.