La esfera psicológica interna como noúmeno era el titulo alternativo. Ya es evidente que fue una tentativa de intento, como tantas en nuestro futuro pasado reciente. Lo cierto es que hay que ser un fenómeno para hablar de noúmenos con un cierto conocimiento de causa. Y como a falta de Kant buenas son tortas, pasemos a pelearnos profusamente con la confusión en modo axiomático paradigmático.

Si no te molestas en informarte e informar, es que la confusión te conviene. Son dados los medios a confundir las encuestas y sus estimados, con estimar estimaciones de voto. En la primera existe aleatoriedad (o debe), en la segunda el modo básico de ¿cómo me la maravillaría yo? Entramos pues en el País de Alicia, donde la lógica cae en estado catatónico y cada medio tiene su librillo para leerle a los políticos la cartilla.

En qué cabeza estándar (una cabeza estándar tiene una cilindrada de 1200cc, aunque en ocasiones tengamos la sensación de ir a pedales) la información de fuentes no reveladas (qué modelo y presupuestos han empleado para dar el cambiazo de la estadística por la mística) debe ser aceptada en un acto de fe. No es lo mismo encuesta que modelo de estimación, como no es lo mismo que buena está la madre de mi amigo José y que buena es la madre de mi amigo José. Ya lo decía Alejandro Sanz en su programa de aprendizaje de castellano cantado para extranjeros “No es lo mismo”. Pues eso. No es lo mismo. Lo primero, las encuestas, lo solucionas con un buen manual de estadística inferencial. Lo segundo, solamente con un manubrio.

Manubrio es palabra ambidextra, pues igual te vale para “pieza angular que girando pone en marcha un motor”, que para “manillar de bicicleta o moto”. Lo bueno de la estimación de voto como manubrio es que girando por medios y transmedia puede poner en marcha un motor electoral (llámame clima electoral, chato, que voy travestido) y además dirigir el movimiento en una dirección u otra. Popularmente su uso posee además connotaciones erótico-festivas, por lo que el ejercicio de Onán hijo de Judá, de darle al manubrio electoral, da gusto a propios al tiempo que jode a extraños. Como diría el psicoanálisis marxista, placer y poder van de la mano.

Y aquí llegamos al principio. Aunque la estupidez continúa siendo mi herramienta heurística favorita para explicar el mundo (a veces no hay que “cherchez la femme”, si no “cherchez la stupidité”), y la estimación de voto como manubrio pertenece a la esfera psicológica interna de los consejos editoriales (noúmeno para el vulgo), se puede deducir que la alienta una intención por su perseverancia en la difusión de la confusión. La ignorancia consiste en desconocer. No querer saber o no reconocer que lo sabes, entra en otra categoría. ¿Puede la confusión alojar una intención distinta a la información? ¿Qué intención? ¿Qué información? ¿La del espíritu nacional? ¿Y qué decir de Eurovisión? ¿Lee alguien a C.J. Cela? Digo sin estar escolarizado. ¿Llegamos realmente a la Luna? Cuantas preguntas y sinsabores.

Y entro en modo posdata. En todos los múltiples sentidos de data. El 1 de abril publicó el diario El Mundo una encuesta electoral. En la versión digital, el gráfico se titula “Estimación de voto” y debajo la traca truculenta. Buscando las líneas de noticia, Ciudadanos da un pase largo de capote al PP, mientras que Podemos vuelve resucitado en plan besapiés del PSOE. Todo sea por hacerle un Cristo a los partidos de izquierda, dándoles unos cuantos azotes para que se motiven a animar el cotarro. Cierto es que la izquierda no da demasiado espectáculo últimamente y hacer un Ecce Homo de Rajoy ya aburre al lector. Decir que el PP ha llegado con el cuerpo electoral poco católico a la Semana Santa es paradójico, pero no novedoso. Para darle más gasolina, destacan que Garzón está mejor valorado que Iglesias en Podemos. Se va a liar la del Monte de los Olivos y alguna oreja cortaran si Garzón piensa que todo el monte es orégano y vendimia en abril. Incluso puede que el rabo del rabino.

Luego llega la confusión, confusión. Entras en la noticia y el mismo gráfico y los mismos porcentajes se titulan “Intención de voto” y debajo, subrayando objetividad, la pregunta “Si hoy se celebraran elecciones generales ¿A qué partido votaría?”. Confieso que los bucles de mi cerebelo se acoplaron al bucle informativo y los dos se pusieron como escarpias. Ya no entiendo nada. ¿Es estimado voto o es voto estimado? Estimado voto es posdata, un modelado que ya no tiene ni error ni ficha técnica. Voto estimado es una medición muestral, en donde aplicar las viguerías estadísticas para las que nos hemos preparado con tantos años de cuartel y campamento académico.

Luego está lo de “hemiciclo según porcentaje de voto”. ¿Es la composición de escaños según el porcentaje de voto? No con 1000 encuestas “¿alló?” (en castellano “Al teléfono, ¿dígame?”. ¿Qué “asteriscos” significa hemiciclo según porcentaje de votos? ¿Es un gráfico de tartas a medias? ¿Y qué tiene que ver las medias tartas con el hemiciclo, más dado a tortas o medias tintas? Confusión, confusión. Ya saben lo de la noche me confunde… Y las cosas de los medios más. Volveré a leerla de día, con un médium que me traduzca y les cuento.