Continuando el análisis iniciado en el artículo anterior, vamos a referirnos a los efectos que la pandemia ha generado sobre los elementos que han venido definiendo las tendencias de globalización hasta este año 2020; y, atendiendo a las distintas potencialidades de cada uno de estos efectos, a cuáles pueden ser los Escenarios esperables en la Globalización para la década de los veinte del siglo XXI.

Stiglitz[1] describe tres Escenarios posibles para la Globalización, ante el hecho incontestable del descontento que existe con el desarrollo previo a 2020 de dicha globalización, y de sus consecuencias, tanto en gran parte de la población de los países en desarrollo, como en la de los desarrollados. A partir de ellos, y considerando los efectos previsibles de la pandemia, el resultado posible en cada Escenario se considera a continuación.

Escenario continuista.

El primer Escenario implica continuar la tendencia previa a la pandemia, manteniendo la ideología/intereses presentes en el “Consenso de Washington”, primando el neoliberalismo sin fronteras, y Tratados Comerciales con reglas similares a las establecidas hasta ahora, con claro beneficio por y para las grandes corporaciones y las grandes finanzas de los países avanzados. Se seguiría basando en la teoría de que la Globalización conduce a un crecimiento económico más rápido, aspecto imprescindible para –según ellos- mantener el empleo, pero olvidando la secuela de desigualdades y de daños asociados a estas políticas que las hacen ambientalmente insostenibles.

Ya hemos señalado que, antes de la pandemia, se registraba una reducción de la globalización económica como consecuencia del debilitamiento del comercio mundial de mercancías tras la crisis de 2008, y del resurgimiento de tendencias proteccionistas en muchas partes del mundo, fundamentalmente en EEUU. De hecho, las políticas de imposición de aranceles y de denuncia de tratados internacionales, llevadas a cabo por el presidente de EEUU en 2018, han tenido una influencia muy significativa en el decaimiento de este comercio de mercancías desde esas fechas, superponiéndose a la disminución de la integración comercial internacional registrada desde 2014.

De hecho, las cadenas globales de producción minimizadoras de costes con deslocalizaciones, subcontrataciones y una logística de transporte y suministro precisa, basadas en el “just in time”, desarrolladas en la última década del siglo XX, ya habían tenido problemas derivados de crisis en los países suministradores de productos de eslabones en la cadena, o de desastres naturales que habían venido mostrando la fragilidad de estas cadenas globales (por ejemplo, Toyota se vio muy gravemente afectada por el tsunami de Japón y la destrucción de la central nuclear de Fukushima, en 2011). El resultado, ya en la segunda década del siglo XXI, estaba siendo la diversificación de elementos de la cadena, estableciendo alternativas al paro de cada eslabón de la misma. Ello incrementaba los costes, pero aumentaba la seguridad de la producción.

La pandemia ha interrumpido de una manera mucho más radical las cadenas globales de producción, tanto por el cierre de fábricas como por el cierre de fronteras y la interrupción de los flujos de transporte, con una magnitud e intensidad nunca registrada. Los costes y consecuencias de esta interrupción no van a ser homogéneos en todos los sectores de actividad, pero muy probablemente tenderán a simplificar las cadenas (menor número de eslabones), diversificar las localizaciones de los eslabones, e incrementar de nuevo la logística de almacenaje. Las consecuencias afectarán principalmente al transporte y, muy probablemente, a una mayor relocalización en los países de origen de las casas matrices de mayor número de eslabones, con una clara reducción de la globalización del comercio internacional de mercancías.

A su vez, muchas multinacionales están intensificando una relocalización de partes de esas cadenas, tanto por los anteriores motivos de seguridad en el suministro, como por las nuevas ventajas de la actual revolución científico-tecnológica (digitalización y automatización que aumentan la resiliencia productiva y la seguridad laboral frente al virus) y la reducción del diferencial de los costes laborales respecto a los países en los que se había deslocalizado parte de la cadena, así como por las nuevas políticas nacionalizadoras y de incremento de aranceles a la importación.

A este proceso desglobalizador también ayudará el hecho de que la deslocalización de actividades, que ha hecho dependiente del abastecimiento desde el exterior de ciertos productos, ha tenido también consecuencias muy negativas en el campo de la salud (respiradores, mascarillas, etc.) y, en menor medida, en el de la autosuficiencia alimentaria o en sectores considerados esenciales para cada país, llevando a los gobiernos a plantear la necesidad de promover la producción de esos recursos en el propio país. Y en la misma línea hay que situar el impulso dado por la pandemia a la Impresión en 3D, cuyas ventajas, todavía incipientes, se han puesto de manifiesto para la dotación de productos imposibles de importar o a los que acceder en el tiempo y forma necesario. La ampliación significativa de esta técnica evidentemente incidiría igualmente en una reducción de los flujos comerciales internacionales de mercancías, que serían sustituidos por la impresión local material de los productos.

Desde otra perspectiva, la autosuficiencia agroalimentaria potenciada por la pandemia tiene sentido en un marco en el que, como reconoce la propia FAO[2], asegurar las necesidades de alimentación a largo plazo es complicado en una dinámica social en la que los mercados controlados por las grandes multinacionales del sector, están haciendo evolucionar muchas producciones agrícolas hacia los biocombustibles, y donde el cambio climático previsiblemente va a implicar reducciones en la producción global de alimentos. Si desde 1962 la política agrícola común (PAC) de la actual Unión Europa ha buscado la autosuficiencia agroalimentaria, la pandemia ha dejado clara la importancia de su mantenimiento y refuerzo para lograr un suministro estable, en precio y cantidad, de los bienes y servicios que se consideran esenciales.

El telecomercio, en clara y fuertísima expansión también como consecuencia de la pandemia, potencia la globalización de la oferta y la demanda, a la vez que potencia los pagos digitales –imprescindibles en este tipo de transacciones-, exigiendo una logística internacional, necesariamente dependiente de sistemas de transportes baratos y eficientes, pero que, de forma creciente se ven impelidos a incorporar en sus costes las externalidades que genera (emisiones de gases de efecto invernadero, ruido, accidentes, …) sobre todo en lo que afecta a la distribución de productos en el “último kilómetro”.

En todo caso, el conjunto de factores incide en el mantenimiento de la clara tendencia decreciente registrada previamente a la pandemia en el comercio internacional de mercancías. Y su evolución dependerá muy directamente de lo que suceda con la elección Presidencial de EEUU, en noviembre de este año, y del crecimiento o remisión del Escenario proteccionista/nacionalista, al que haremos referencia a continuación. Pero, lo más probable, es que esa tendencia decreciente no venga acompañada, y pueda verse compensada, por el creciente incremento del comercio internacional de servicios, fuertemente potenciado por el aumento de los teleservicios y del teletrabajo[3], procesos ambos que han registrado un fuerte impulso, junto al telecomercio y teleocio como consecuencia de la pandemia.

La Organización Mundial del Comercio (OMC) en su Informe sobre el Comercio Mundial 2019[4], se centraba, específicamente, en el futuro del comercio de servicios, haciendo referencia a que los servicios se han convertido en la columna vertebral de la economía mundial y en el componente más dinámico del comercio internacional, gracias, sobre todo, a la digitalización. Así, entre 2005 y 2017, el comercio de servicios creció a un ritmo medio anual del 5,4%, más rápido que el registrado para el comercio de mercancías.

Los servicios de distribución y financieros representaban, en cada caso, casi la quinta parte del comercio de servicios, al tiempo que el comercio de servicios informáticos y de investigación y desarrollo ha registrado el crecimiento medio anual más elevado del conjunto (superior al 10% entre 2005 y 2017). Algunos servicios, como los de enseñanza, salud o ambientales, constituyen por ahora una porción insignificante del comercio, aunque están creciendo con rapidez, tal y como apreciamos en la Figura siguiente, habiéndose más que duplicado entre 2005 y 2018, gracias a la tecnología de la información y las comunicaciones, y se han visto fuertemente impulsados por la pandemia. También la telesalud y el teleaprendizaje han tenido un fuerte impulso con la pandemia por el cierre de centros sanitarios (a enfermedades no relacionadas con la pandemia) y de enseñanza, respectivamente, y es un proceso que va a favorecer la expansión de la salud y de la enseñanza sin fronteras, al igual que muy probablemente suceda con el acceso telemático a la cultura, al deporte y al entretenimiento en línea.

El comercio de servicios ha estado creciendo en valor de forma significativa (8,4%, en 2017 y 7,7% en 2018) e, igualmente, los flujos financieros internacionales y los flujos de información (medidos en términos de variables como las solicitudes de patentes y el comercio de bienes de alta tecnología) han impulsado su crecimiento durante los últimos años. Por el contrario, desde el punto de vista social, la intensidad del contacto personal (medida en términos de variables como los flujos turísticos y la migración) se estaba estancando antes del 2020; y se puede señalar que el creciente nacionalismo estaba generando una ligera recesión en los indicadores de la globalización cultural. Por último, los indicadores utilizados en el Índice de globalización KOF[5] mostraban que la globalización de la política tendía a aumentar.

Cara al horizonte del 2040, la OMC estima que la participación de los servicios en el comercio mundial aumentará en un 50% para 2040 respecto a 2018, gracias a que las tecnologías digitales reducirán sensiblemente su coste, uniformizarán los procesos asociados al comercio de mercancías y servicios, con una menor necesidad de interacción física, y permitirán ampliar el número de clientes al incrementarse la conectividad digital mundial, facilitando igualmente la subcontratación de actividades, como consecuencia de un marco legal de previsible reducción de los obstáculos políticos al comercio de servicios. Todo lo cual aumentará la importancia de los flujos de datos, de la propiedad intelectual y de las inversiones en infraestructura digital.

El efecto global y diferenciado de cada uno de los factores considerados se aprecia en el Cuadro siguiente que muestra la evolución prevista -por la OMC- para el incremento tendencial del peso de los servicios financieros y de seguros, inmobiliarios, servicios de alojamiento y ocio y otros servicios; y ello frente a una disminución importante de los servicios de transporte, y algo menor en todos los demás, salvo en los públicos y de construcción, que tienden a mantenerse. La hipótesis de mayor digitalización sólo cambia sustancialmente la tendencia en los servicios de TIC.

Como síntesis, tras la pandemia podemos constatar que este Escenario continuista tendería a reforzar la doble tendencia previamente existente de disminución del comercio mundial de mercancías y de ampliación del comercio de servicios; que la digitalización, automatización y robotización seguiría afectando negativamente –ya que no cambian las bases de la sociedad capitalista de consumo ni el papel preponderante de multinacionales ni sistema financiero-especulativo- a las desigualdades socioeconómicas y a la sostenibilidad ambiental del planeta, con una afección negativa creciente a recursos naturales y ecosistemas del planeta, pese a que las emisiones de gases de efecto invernadero sufrirían una reducción, en todo caso muy insuficiente para limitar el calentamiento al objetivo de los 2ºC.

Escenario Proteccionista/Nacionalista.

El segundo Escenario se centra en la expansión y supremacía del proteccionismo/nacionalismo, y vendría fuertemente consolidado si se produjera la reelección de Donald Trump en noviembre de 2020, con el apoyo de los lobbies que representan una plataforma explícitamente proteccionista/nacionalista.

La Globalización bajo el imperio de este proteccionismo/nacionalismo incrementaría la recuperación de fronteras y aranceles (para defender la producción nacional), el castigo de empresas que desplazan la producción o la fiscalidad fuera de las naciones respectivas, y al establecimiento de “muros” entre naciones para defenderse de la inmigración.

Como se destacaba en el artículo anterior, la crisis financiero-especulativa de 2008 y los flujos migratorios asociados a las guerras locales y a la desestabilización geoestratégica de distintos países, junto a las crecientes presiones migratorias efecto del cambio climático y/o de raíces económicas, han producido fuertes tensiones laborales y socioeconómicas, que han alimentado la xenofobia y el nacionalismo étnico, lo que ha contribuido a la expansión de este Escenario nacionalista/proteccionista. De hecho, el potencial de realización de este Escenario ya ha sido ensayado en muchos países desarrollados[6] o en desarrollo, donde la elección o imposición de Gobiernos proteccionistas/nacionalistas ha crecido sensiblemente.

Obviamente, la expansión de este proteccionismo no beneficiaría los intereses de las multinacionales ni de los del sistema financiero-especulativo crecientemente globalizado y digitalizado, por lo que la viabilidad de su generalización previsiblemente sea reducida. Ni siquiera satisfaría la nostalgia por un pasado difícilmente reproducible, si no se cambian las bases socioeconómicas y los beneficiados por una sociedad capitalista de consumo, definido por disponer de un trabajo fijo para toda la vida y de salarios crecientes. No obstante, este “sueño” parece tener un enorme atractivo para un gran número de votantes con dificultades de llegar a fin de mes, incluso con dos personas en el hogar trabajando.

En todo caso, si antes de la pandemia las tendencias sugerían que el comercio mundial continuaría debilitándose por la magnitud de los conflictos comerciales entre EEUU y China, o entre EEUU y la UE, la pandemia previsiblemente va a incrementar muy sensiblemente esas tendencias decrecientes, si bien sólo en lo que se refiere al comercio internacional de mercancías, pero no al de servicios, salvo que el descontento y malestar social y la manipulación mediática del extranjero como enemigo, hagan crecer sensiblemente este sentimiento nacionalista en la población. Pero, desde la perspectiva económica generaría un incremento de precios y el resurgimiento de las guerras en los tipos de cambio de las monedas, siendo los países en desarrollo los más perjudicados por la ampliación de este proteccionismo/nacionalismo global; y la supervivencia de su población incrementaría muy significativamente las presiones migratorias sobre el mundo desarrollado.

Desde el punto de vista ambiental se supone a este Escenario una mayor sostenibilidad al reducir el peso de los transportes a larga distancia, si bien el mantenimiento de una sociedad capitalista de consumo sigue presentando todas las contradicciones ambientales inherentes a la misma, anteriormente señaladas.

Escenario de Globalización reformada.

Un posible tercer Escenario estaría centrado en una “Globalización reformada, ambientalmente más sostenible, justa y con prosperidad compartida”. Atendería, en línea con la Agenda 2030 y sus 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), a corregir procesos como el inevitable incremento de las desigualdades, el calentamiento global, la destrucción progresiva de biodiversidad y de recursos naturales no renovables, y la degradación de los servicios de los ecosistemas que, de no ser corregidos, terminarán poniendo fin, en todo caso, al actual Escenario continuista e insostenible, basado en una ideología «fundamentalista del mercado» para la que los mercados libres y no regulados son la manera de organizar una sociedad centrada en el consumo indiferenciado y despilfarrador.

Buscaría, como se ha destacado en distintos Foros mundiales, un capitalismo “más social y ambiental”, con alto nivel de globalización, en el que, por un lado, se gestionen las consecuencias de dicha globalización en cada país para asegurar que no tiene efectos socioeconómicos, ambientales o territoriales indeseados; y, por otro, se establezcan reglas generales y en los Tratados específicos para gestionar la globalización de manera más justa para los países en desarrollo, y menos definida por los intereses corporativos y financieros, con el objetivo de controlar que el incremento global del malestar en una población que se dirige hacia los 8.000 millones de habitantes, termine poniendo en cuestión el conjunto del sistema.

Sistema centrado en una sociedad capitalista de consumo y en el predomino de un sistema financiero especulativo que cada vez registra crisis más frecuentes –la peor, por ahora, la de 2008- y que está lejos de permitir un mínimo de prosperidad compartida y protección social para todos, ante una distribución del valor añadido generado socialmente inaceptable. La productividad global del trabajo ha crecido –aunque cada vez en menor magnitud-, pero la compensación de los trabajadores ha crecido mucho menos, en parte debido al debilitamiento del poder de los sindicatos, a la proliferación obligada de falsos autónomos, a los cambios impuestos por gobiernos neoliberales en la legislación laboral, y a las facilidades para estos cambios que ha impuesto la forma de la globalización impulsada por multinacionales y sistema financiero.

¿Puede evolucionarse hacia una globalización cuyos beneficios se compartan lo suficiente como para que nadie, o al menos ningún grupo significativo, quede perjudicado? ¿Puede la renta mínima universal ser una solución para el mantenimiento de la sociedad capitalista de consumo globalizada en el marco de la nueva revolución científico-tecnológica?

La pandemia está íntimamente ligada a la globalización, fundamentalmente en su dimensión ligada al desplazamiento de personas y mercancías como vehículos de expansión de la contaminación por el virus, y va a interrelacionar muy directamente con el Escenario que finalmente prevalezca. Sus efectos sobre la globalización, sobre cambios potenciales en el modelo territorial y sobre las ya de por sí muy amplias desigualdades sociales existentes, pueden ser de una magnitud inédita, afectando incluso a las formas de relación social, con un incremento significativo del individualismo y del control social, aceptado inicialmente por todos como método para reducir el número básico de reproducción del contagio (Ro: media de personas contagiadas por cada positivo previo). Aspectos que pueden llegar a afectar al propio modelo de crecimiento de la sociedad capitalista de consumo actual, aunque no necesariamente en sentido positivo, en los posibles Escenarios asociados a una sociedad en la que el cambio global, en sus facetas de cambio climático, pérdida de biodiversidad, deterioro ambiental, crisis financiero-especulativa, revolución científico-técnica, incremento de desigualdades sociales y del malestar social, y potencial crisis de sobreproducción, se ve radicalmente tensionada por la pandemia del coronavirus.

En los artículos siguientes profundizaremos en algunos de los aspectos fundamentales de estos Escenarios y dinámicas, que estarán muy directamente relacionados con la magnitud de los negativos efectos económicos y sociales que se pueden producir y con la capacidad de reiteración de la gravedad de la propia pandemia.

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[1] Stiglitz, J.E (2017) “Globalization and its Discontents Revisited: Anti-Globalization in the Era of Trump”. W.W.Norton&Company. London. 2017.

[2] “How to feed the world in 2050”. http://www.fao.org/fileadmin/templates/wsfs/docs/expert_paper/How_to_Feed_the_World_in_2050.pdf.

[3] Aunque las cifras son muy diversas por sector de actividad, se estima que entre un 20 y 50% de la actividad puede desarrollarse a través del teletrabajo en sociedades con redes de internet y sistemas digitales de seguridad adecuada. La principal limitación viene desde el campo de la ciberseguridad y del riesgo de caída de redes.

[4] https://www.wto.org/spanish/res_s/booksp_s/00_wtr19_s.pdf

[5] Gygli, Savina, Florian Haelg, Niklas Potrafke y Jan- Egbert Sturm (2019): Índice de globalization KOF – Revisited, Review of International Organizations, 14 (3), 543-574 https://doi.org/10.1007/ s11558-019-09344-2.

[6] Trump consiguió su elección logrando que los trabajadores de los Estados Unidos asumieran que su empleo estaba siendo robado por los trabajadores de bajos salarios en China, México y en otros países en desarrollo. El BREXIT se basó en una campaña manipulada de los supuestos efectos beneficiosos para los ciudadanos británicos de una salida de la UE. Se “vende” que los intereses de los trabajadores de los países desarrollados se subordinan, en la Globalización, a los de los trabajadores en países en desarrollo y mercados emergentes, como si la contradicción de ambos intereses no estuviera con los beneficios desmedidos del 1% más rico, directamente asociado al tipo de Globalización producida.

 

Fotografía: Carmen Barrios