El domingo 8 de octubre, el mismo día en que todas las extremas derechas concentraron en Barcelona a cincuenta mil personas traídas de toda España contra una amnistía de la que todavía no se conoce nada, ABC publicó un artículo de un colaborador nada afín al nacionalismo catalán, Salvador Sostres (“Se rompe España”), que aportaba consideraciones muy lúcidas sobre la situación que se está viviendo en España.

El artículo de Sostres contenía dos ideas interesantes que deben meditarse. Por un lado, rechazaba la idea de que España se rompe como gritan y hasta argumentan jurídicamente todas las derechas de este país. El articulista recordaba que llevamos mucho tiempo oyendo que está a punto de llegar la ruptura de España (“drama findelmundista de la derecha cuando no se gana”) y que se protesta, no porque se crea que va a haber esa ruptura, sino porque se considera un intruso a Pedro Sánchez.

Llama la atención la lucidez del artículo de Sostres, porque su razonamiento coincide con lo que pensamos muchos, esto es:

  • Una hipotética amnistía no va a romper España.
  • El odio de las derechas españolas contra el Presidente del Gobierno proviene de considerarle un intruso, un parvenu que ocupa un puesto que es “nuestro”, no de la izquierda ilegítima.

Por eso merecen glosarse ambas ideas, porque están condicionando toda la política española y, en particular, el proceso de formación del Gobierno.

En primer lugar, da pena ver a distinguidos profesores que se situaron hace tiempo en la izquierda criticar en El Mundo y en ABC con argumentos jurídicos tanto la hipotética amnistía (proponiendo incluso al Poder Judicial que suscite una cuestión de inconstitucionalidad ante el Tribunal Constitucional para paralizar su aplicación), como otras medidas recientes, como el uso de las lenguas españolas en el Parlamento español. Como también da pena ver a unas pocas antiguas figuras prominentes de la izquierda española, que sufrieron hace décadas la ferocidad y el cainismo de la derecha, alinearse ahora con esa misma derecha sin percibir, en cambio, los peligros reales de un Gobierno de coalición PP-Vox. Si todas esas figuras de la izquierda pudieron gobernar y aplicar medidas progresistas fue gracias a los votos de la izquierda, pero ahora prefieren dar la espalda al electorado de la izquierda y recibir los aplausos de la derecha que les combatió.

En segundo lugar, igual que ocurrió con el indulto a los condenados por el intento de declaración de independencia en 2017, una hipotética amnistía no rompe España, sino que contribuye a debilitar al independentismo al quitarles los principales argumentos tácticos para su lucha. ¿España es más débil desde que se indultó a los condenados por los hechos de 2017? No sólo no lo es, sino que tenemos a unos partidos independentistas (Junts y Esquerra) más débiles y con menor capacidad de convocatoria. Por eso, llama la atención que para caldear el ambiente el PP se escandalice por el uso de las restantes lenguas españolas en el Congreso. ¿El Estado español es más débil porque se hable, con traducción simultánea, gallego, euskera o catalán en el Parlamento o más bien es un instrumento de integración para los miles de españoles cuya primera lengua es el gallego, el euskera o el catalán?

En tercer lugar, la denuncia de un inexistente riesgo de ruptura del Estado coexiste con un riesgo real que provocan las derechas y que sus aliados intelectuales provenientes de la izquierda no denuncian. Me refiero a cómo los Gobiernos autonómicos del PP y de Vox están incumpliendo la legislación emanada del Parlamento español (por ejemplo, la llamada “Ley Celáa”) y aplicando un modelo educativo antitético. Pero los que se escandalizan de una todavía inexistente amnistía y del uso de lenguas españolas en el Parlamento español no han dicho todavía nada del proceso de inaplicación de la legislación estatal por los Gobiernos de la derecha. ¿No rompe España que la legislación del Estado se inaplique conscientemente en algunas Comunidades Autónomas?

Todo esto ocurre, como hemos comentado aquí más veces, porque la derecha española no entiende la alternancia. Cree tener un derecho natural a gobernar y considera ilegitima a la izquierda que gobierna, de modo que cada vez que está en la oposición se desboca y sólo busca hacer la guerra al enemigo que okupa “su” Gobierno. Si tienen que llegar a una guerra civil, como en 1936, la provocan, porque el poder es suyo, porque se lo otorgó Dios. Y no les importa desestructurar el Estado para alcanzar sus fines como están haciendo con el Consejo General del Poder Judicial e intentaron con el Tribunal Constitucional. Por eso nos harán creer con argumentos jurídicos falaces que la amnistía es inconstitucional… salvo si la pactara Núñez Feijóo con Puigdemont, que ya lo ha intentado. Hoy utilizan la amnistía y mañana utilizaran cualquier medida que salga de un Gobierno progresista, porque se trata de deslegitimar y desprestigiar a un Gobierno que, de salir investido Pedro Sánchez, representará a la mayoría del Congreso.