Cesar LUENA LÓPEZ

El año que viene se cumplirán diez años del inicio de lo que se llamó por parte de algunas voces nuevo tiempo. No le faltaron acontecimientos al año 2014 para constituirse como una candidata seria a ser fecha-gozne (principio o fin de un periodo), por decir como Manuel Tuñón de Lara.

Para el caso que me ocupa en este texto, la (historia) política (nueva se dijo entonces que era-Ortega lo había expresado ya así cien años antes-), me interesa destacar los porqués de la centralidad y protagonismo del partido socialista en esta nueva etapa histórica, a destacar, más si cabe, dado que en los inicios de ese ciclo este partido tuvo que afrontar una embestida seria proveniente de fuerzas exógenas (Podemos y ciertos medios de comunicación) y endógenas (la denominada vieja guardia y los sectores más conservadores del partido) que pretendían conducirlo al mismo destino: la irrelevancia.

Pero si el partido socialista pudo superar ese momento tan crítico fue por dos razones fundamentales: el empuje de una militancia a la vez orgullosa de su historia como herida en su orgullo por los ataques recibidos (repito, desde dentro y desde fuera), que estaba acompañada de un suelo electoral firme y rocoso, y gracias al surgimiento, contra viento y marea, del liderazgo social e institucional de Pedro Sánchez. Estas dos variables, que han vuelto a encontrarse y funcionar a la perfección en las últimas elecciones generales de julio, ofrecen la explicación de por qué el PSOE (de los pocos partidos socialdemócratas con más del 30 % de votos en Europa) es el partido central del sistema político español en esta nueva etapa histórica que cumplirá diez años en el 2024.

Aparentemente, el colapso del bipartidismo imperfecto parecía abocar al PSOE a ocupar una posición secundaria en el tablero de poder. Sin embargo, la visión que los dirigentes socialistas tuvieron en 2018 permitió la victoria en una inédita moción de censura, que inauguró un periodo de gobiernos progresistas con mayoría socialista asentados en un bloque plural y diverso en el Congreso. Una fórmula de éxito que se ha apuntado, entre muchos, dos tantos valiosísimos: destituir al paralizado gobierno de Rajoy e impedir que la extrema derecha acceda, de la mano del PP, al gobierno de uno de los países más importantes de la Unión Europea. Una visión que ha permitido contar con un gobierno europeísta con una de las agendas más progresistas, ecologistas y feministas del mundo.

Los contenidos políticos del nuevo tiempo eran múltiples y abarcaban desde la reformulación de los liderazgos y de los partidos políticos, la jefatura del Estado, las reformas internas del sistema y también la configuración diversa de nuestra rica y plural identidad y realidad nacional.

Es evidente que nadie mejor que Pedro Sánchez, con el partido socialista detrás, ha sabido interpretar esas variables para ofrecer un proyecto político integral que abordara desde los planos legislativo y político soluciones y reformas, cambios y mejoras ante lo que se denominó entonces como fatiga de materiales.

Ocurre ahora lo mismo ante el debate actual previo a la verdadera investidura, la que tendrá lugar con Pedro Sánchez como candidato a la reelección. Es decir, solo quien comprende a fondo el actual contexto social y político del país puede ofrecer un proyecto convincente y mayoritario. Desde las visiones marginales solo se cosechan ideas minoritarias y, finalmente, conservadoras. Las diga quien las diga y se haya sido lo que se haya sido. Como decía Valente, “Lo peor es no ver que la nostalgia es señal de engaño o que este otoño la misma sangre que tuvimos canta más cierta en otros labios”.

Me sorprende (quizá no tanto…), que ante del debate sobre la amnistía como fórmula para la reconciliación y el reencuentro, voces como la de la ANC o la FAES sean coincidentes en su rechazo de plano. Es el fruto de las estrategias divisivas y polarizadoras, tan nefastas para la democracia.

A pocos meses de cumplir una década, esta nueva etapa necesita que los desencuentros identitarios y emocionales encuentren cauces nuevos para fluir hacia un periodo de entendimiento y convivencia. Y no solo eso, sino también soluciones extraordinarias y valientes que permitan mirar hacia adelante. Creo que la coincidencia de esta oportunidad de construir y avanzar juntos con el momento de la investidura, lejos de ser un problema, es una ventaja, por lo de inaugural y renovador que tienen los inicios de los mandatos de unas cámaras recién elegidas por los ciudadanos y que deben elegir al poder ejecutivo y a su programa de gobierno.

Tengo tanto respeto y consideración por las voces contrarias a buscar soluciones jurídicas y legales como confianza y seguridad en que Pedro Sánchez solo defenderá y aplicará aquello que beneficie al interés general y al progreso colectivo de España. Y evidentemente dentro de la ley y de la Constitución. Esa es su divisa y el mejor resumen de su gestión presidencial.

Si volvemos la vista atrás, tenemos razones para ser optimistas. Hace veinte años, el Parlamento vasco proponía que Euskadi fuera un Estado libre asociado al Estado español desde posiciones anticonstitucionales. Hoy, el PNV y el lehendakari proponen la celebración de una convención constitucional. Hace seis años, el Parlament catalán declaraba una independencia unilateral ilegal. Hoy, Junts y Esquerra quieren negociar una amnistía dentro la legalidad española. Parece que las cosas han cambiado. Y a mejor.

Sea como fuere, espero que la legislatura comience a andar. Hace unos años, esas fuerzas exógenas y endógenas antes citadas rechazaban cualquier repetición electoral y abogaban por una abstención socialista ante Rajoy. Hoy, parece que no les molestaría repetir elecciones hasta que Feijóo y Abascal sumen 176 escaños.

Pero las tendencias van por otros derroteros, como quedó demostrado el 23 de julio. El nuevo tiempo puede consolidarse desde prismas progresistas y miradas modernas gracias a la fortaleza del partido socialista y a la visión, estrategia y al compromiso ético de su líder, Pedro Sánchez.