RECUPERAR UNA ALIANZA ENTRE EL PENSAMIENTO CIENTÍFICO Y LA POLÍTICA PROGRESISTA.

El conocimiento cientĂ­fico es, hoy en dĂ­a, la herramienta para avanzar en el bienestar sostenible de la sociedad. Es mĂĄs, si hacemos un repaso riguroso de la historia, podremos comprobar que, de todas, la Ăşnica revoluciĂłn que ha cambiado realmente la vida de los ciudadanos es la cientĂ­fico-tecnolĂłgica. El Siglo XX es un buen ejemplo de ello.

Por ello es ya una convenciĂłn que la extensiĂłn y generalizaciĂłn de la enseĂąanza y la investigaciĂłn cientĂ­fica son los paradigmas para planificar el futuro de los paĂ­ses. Los discursos polĂ­ticos cifran ambas como la fĂłrmula para conseguir resolver cuestiones tan bĂĄsicas como el desempleo, la pobreza, la salud, asĂ­ como frenar y revertir el deterioro medioambiental…

Las que denominamos ciencias puras y tecnolĂłgicas y, no sĂłlo estas, tambiĂŠn las ciencias sociales (el derecho, sociologĂ­a, historia…), el pensamiento cientĂ­fico en general, hace tiempo que asumieron, como propio, el deber de generar permanentemente un anĂĄlisis lĂłgico de la realidad social con el compromiso de desplegar una racionalidad crĂ­tica propositiva capaz de modificar la conciencia social.  

Ahora bien, la polĂ­tica fue abandonando la prĂĄctica de beber del conocimiento, para planificar el avance social. La polĂ­tica progresista, pues la conservadora o reaccionaria, por razones obvias y semĂĄnticas, nunca uso de ĂŠl. Con el abandono se comenzĂł a extender una cultura acrĂ­tica, reaccionaria e incluso intransigente en la sociedad. Cultura que a su vez es culpable de la aceptaciĂłn sin mĂĄs del sistema polĂ­tico, sin llegar a someterlo periĂłdicamente a revisiĂłn y reforma. La conducciĂłn pĂşblica ha terminado siendo algo equidistante, sin juzgar si sus resultados son buenos o malos, para la mayorĂ­a de la sociedad, protegiendo a la par a las minorĂ­as vulnerables.

Las cuentas de resultados en las empresas y las frĂ­as estadĂ­sticas agregadas en lo pĂşblico han acabado siendo el Ăşnico barĂłmetro. La polĂ­tica ha terminado traduciĂŠndose sĂłlo en resultados electorales y estados de opiniĂłn, perdiendo toda consideraciĂłn la eficacia de lo propuesto y realizado.

En lo empresarial la responsabilidad social es parte del marketing y el incremento del reparto de beneficios el Ăşnico objetivo a considerar. En lo personal, el acrecimiento del bienestar y el consumo individual es el medidor de la felicidad y realizaciĂłn personal. Este panorama ha llevado a hacer pensar a muchas personas que la polĂ­tica sirve tan solo a intereses sectarios, lejana de principios ĂŠticos e impulsos de cambio y transformaciĂłn social de lo que no funciona y de las que haciĂŠndolo, son mejorables. La ĂŠtica y la estĂŠtica del pensamiento cientĂ­fico han sido olvidadas por “la cosa pĂşblica” dejĂĄndose llevar por una dinĂĄmica social que se considera, puertas a dentro, como irreversible. Esta relaciĂłn entre conocimiento cientĂ­fico y polĂ­tica progresista nunca debiĂł olvidarse, pensando que no era rentable, para alcanzar los objetivos electorales inmediatos.

Esto no es fortuito, los ideĂłlogos del neoliberalismo hicieron una gran labor en desarropar al pensamiento polĂ­tico del conocimiento cientĂ­fico. Era el “fin de la historia”. Fin de nada, pero sin duda, sĂ­ la mejor forma de proteger el interĂŠs econĂłmico de las grandes empresas y corporaciones econĂłmicas y financieras y la garantĂ­a para maximizar los beneficios de accionistas y directivos. Junto a ello a los liberales 2.0 no se les pasĂł el influjo que los medios de comunicaciĂłn podĂ­an tener en una sociedad preocupada de lo inmediato. Los medios de comunicaciĂłn, en esa estrategia, han intercambiado con desparpajo colusiĂłn econĂłmica con sectarismo ideolĂłgico.

Lo que nos estĂĄ sucediendo en los distintos escenarios de nuestra vida colectiva, nacional e internacional, obliga a parase y preguntarse: Âżes necesario abrir un nuevo tiempo en la polĂ­tica?, ÂżserĂ­a importante incorporar el conocimiento cientĂ­fico para analizar y proponer soluciones? Intensificar la relaciĂłn entre la polĂ­tica progresista y el pensamiento cientĂ­fico es un buen baluarte para acometer y revertir aquello que nos estĂĄ sucediendo y que nos estĂĄ preocupando profundamente.

Los hechos son copiosos y dispares: las batallas rusas del ciberespacio influyendo en las opiniones europeas; el resurgir del mĂĄs rancio y peligroso nacionalismo; las dificultades de gobernanza de las democracias occidentales para priorizar agenda; el crecimiento desigual e injusto de la economĂ­a y mĂĄs aĂşn del bienestar; un gravĂ­simo, e imprevisible en sus consecuencias, deterioro ambiental que ha pasado de ser un problema para el futuro a serlo hoy mismo; el aumento de la violencia patolĂłgica, versiĂłn sexista o paranoica; La desafecciĂłn y el cansancio generalizado por lo que pasa a diario a nuestro alrededor estĂĄn requiriendo nuevas respuestas que recuperen la ilusiĂłn colectiva.

Todos necesitamos dejar atrĂĄs a los alfeĂąiques que, sin pudor y con error, se autoproclaman como lĂ­deres salvadores de la Patria cuando el paĂ­s necesita reencontrarse. Rechazar las forma de entender y actuar con la prepotencia del que posee la fe verdadera que cada dĂ­a nos va conduciendo un poco mĂĄs al lodazal. La izquierda posible debe basar en este momento su estrategia de futuro en un vivo y rico conocimiento que existe en la Universidad y que esta recupere la misiĂłn que le otorgaba Ortega de no ser tan sĂłlo instrumento para la formaciĂłn de los mejores profesionales y vivero de la investigaciĂłn cientĂ­fica sino capacitar a las personas para influir, desde el conocimiento y la razĂłn, en una sociedad que parece apostar por la simplicidad y el pensamiento vacuo.

Recuperar la racionalidad, el conocimiento cientĂ­fico y el humanismo como vĂŠrtices para analizar lo que sucede y proyectar hacia dĂłnde dirigirse. Utilizar el capital humano que existen en la Universidad y en los centros de investigaciĂłn para elevar el debate pĂşblico. No se trata de que las listas electorales se nutran mayoritariamente de mujeres y hombres de ciencia, ni enviar a los lĂ­deres y dirigentes polĂ­ticos a hacer mĂĄster y postgrados. Es establecer una alianza crĂ­tica y regeneradora entre el pensamiento cientĂ­fico y el pensamiento polĂ­tico progresista. Uno y otro se necesitan.