Es una lástima la memoria corta y frágil que tenemos colectivamente. Recordamos a alguien cuando fallece, y recuperamos sus méritos como una retahíla de vivencias personales ajenas a nuestra realidad.

Ese no es el caso de Fernando Morán. Porque sus vivencias fueron decisivas para la modernización de España, para nuestra integración en Europa, para la consolidación de valores, y para la convicción ilusionante en la política.

Hemos podido recordar a través de los medios de comunicación, que Fernando era un hombre culto y sabio, un intelectual y un político comprometido, un hombre social en el mejor sentido que expresaría Aristóteles, que era licenciado en Derecho y en Ciencias Económicas, que fue escritor de novelas, de relatos, de ensayos, también de algunas poesías, de cientos de artículos de reflexión política. Optó por ser diplomático, y eso le llevó a conocer bien el mundo con ojos de un sociólogo sensible y empático, capaz de cuantificar datos al tiempo que comprehender culturas.

Un hombre decisivo en la España del último estertor franquista, esencial en la transición democrática, y pilar fundamental de la España socialdemócrata que abría sus puertas a Europa. Un europeísta convencido al que todos recordamos como “el ministro de Asuntos Exteriores”, aquel que firmó nuestra entrada en la Unión Europea.

Muchos lo recordamos, no lo hemos olvidado. Y me gustaría pensar que también muchos jóvenes son capaces de saber quién era y qué hizo Fernando Morán. Pero vamos a tal velocidad, la información se acumula sin dar tiempo a analizar con prudencia, vivimos en un bucle de problemas que amasamos sin darles solución definitiva, y no tenemos tiempo a escuchar qué nos dijeron personas como Fernando que ya advertían hace años de algunos de los problemas que hoy nos acucian.

Ayer revisé alguno de sus libros, de sus novelas que tuvo el detalle de dedicarme, y también recuperé alguno de sus artículos. ¿Tiene curiosidad de saber qué decía? Al leer aquellos artículos publicados, sobre todo, en El País, encontramos la lucidez y la sabiduría de un intelectual reflexivo, sagaz y observador.

En Octubre de 1988, respecto al Reino Unido y la Unión Europea, escribía “Desde su participación plena en 1986, y aun antes desde el Consejo Europeo de Milán de junio de 1985, el Gobierno español apoya las tesis más integracionistas, y la opinión española le sigue, mientras que el Reino Unido continúa librando batallas de retaguardia ante los avances de una Europa unida, tratando de ganar tiempo, cuando no de definir los límites que no habría de traspasar la integración”.

En diferentes artículos escritos durante 1991, ¡hace ya 29 años!, advertía “que la vida política española necesita recuperar su prestigio. Para ello se suscita una reflexión sobre la necesidad de reformar los estatutos de los partidos, el perfeccionamiento del sistema electoral y la reforma del reglamento de las dos cámaras legislativas”. Uff, todavía estamos dándole vueltas a la reforma del Senado.

O, por ejemplo, escribía “las instituciones definidas en la transición han cumplido su función pero que ahora, cuando no hay peligro de desestabilización, nuestras amenazas son las propias de las sociedades industriales y posindustriales y, en el plano político, la fragilidad de la cultura política y la falta de participación

Incluso hoy que estamos hablando de democracias liberales e iliberales, Fernando anunciaba que “la modernización económica y social se ha desarrollado en una cultura que en los últimos años se ha caracterizado por un individualismo postulado darwiniano y por la carencia de postulación de valores sociales”. Esto hace que “La clase política se encoge, se encastilla, cede psicológicamente. La democracia se mantiene, pero va perdiendo calidad

Y, si a alguien le parece que el fenómeno de la extrema derecha ha surgido de la nada, nos ha pillado desprevenidos, Fernando Morán escribió en ¡mayo de 1988!, hace más de 30 años el peligro que suponía Le Pen y su aparición en el panorama político francés. “La subida de la extrema derecha se ha alimentado de factores culturales muy enraizados en la sociedad (racismo, temor, inseguridad, miedo a la innovación, mayor capacidad de ideologización de Francia que la de otros países europeos, menor consenso), y también de factores coyunturales fruto de la tendencia de la economía francesa y de las políticas seguidas en los últimos años. El 24 de abril, en la primera vuelta de las elecciones presidenciales francesas, la candidatura de Jean Marie Le Pen, presidente del Frente Nacional, obtuvo un 14,4% de los sufragios emitidos. …. Más de cuatro millones de votos repartidos por todo el país, lo que le convierte en una figura nacional que, en ciertas circunstancias, puede pesar en la reorganización de la derecha”.

Cualquiera de sus artículos, de sus reflexiones, podría reproducirse hoy exactamente igual, cambiando tan solo la fecha, y servirían para analizar qué nos está pasando.

¿Qué nos está pasando que somos incapaces de leer algo más que lo inmediato, y de recuperar voces y figuras imprescindibles para la España de hoy?

Tuve la enorme suerte de conocer personalmente a Fernando. Compartí con él y con otros buenos amigos, el Comité Federal del PSOE: aquellos debates y discusiones en la sala del PSOE de la que tanto he aprendido.

Fui candidata al ayuntamiento de Valencia por el PSOE en 1999, cuando también Fernando Morán era el candidato al ayuntamiento de Madrid.

Recuerdo muchos de los cafés de reflexión en los que yo quería escuchar a Fernando, y, en cambio, él siempre preguntaba, siempre escuchaba, siempre estaba atento a lo que decíamos, porque me consta que analizaba y aprendía cada momento de su vida.

Tuve la enorme suerte de que viniera a presenciar mi defensa de la tesis doctoral en la Universidad de Valencia en 1996. Vino como un amigo, a acompañarme, a darme ánimos, a desearme suerte, a compartir uno de los momentos más importantes para mí.

Y los últimos diez años he sabido de él a través de mi querido amigo Antonio García Santesmases, quien, junto con otros compañeros de Madrid, lo visitaba en la residencia, y me contaba sus anécdotas, sus comentarios, y su permanente preocupación por la situación política. Genio y figura, Fernando.

Somos muchos los que te echaremos de menos. Me queda la enorme suerte de poder contar y decir en voz alta: “yo conocí y fui amiga de Fernando Morán.