Las elecciones municipales francesas han debilitado al presidente francés más de lo esperado o precisamente lo esperado por los más pesimistas de su entorno. Pero sobre todo ha demolido a mucho de sus hombres y mujeres de confianza o de relativa confianza, los segundones de su proyecto político y de sus ambiciones de continuidad al frente de la República.

Los comicios locales suelen venir cargados de peligros y rara vez consolidan a líderes. Los éxitos son capitalizados por los candidatos triunfantes, muchas veces no alineados con el jefe máximo. Pero las derrotas salpican a los números uno con virulencia.

Como el macronismo es un designio personalista y políticamente ambiguo (ya se sabe: “ni de derecha, ni de izquierda”), el pivote sobre el que gira la cintura política del aparato gobernante es la inspiración del líder supremo. Y Macron es de esos dirigentes al que le gusta sentirse inspirado… y propagarlo. Las elecciones han laminado a los peones de su partido colocados en las candidaturas de las principales ciudades. Ni un solo triunfo en ciudades de más de 100.000 habitantes (1).

Es muy significativo que la candidata de Macron en París, Agnès Buzyn, hasta ahora ministra de Sanidad, no sólo haya quedado la tercera (menos del 15%), sino que ni siquiera haya obtenido el acta de concejal capitalina. Un desastre claro.

Otro perdedor sonoro ha sido Georges Colomb, exministro del Interior, que llevaba veinticinco años como alcalde de Lyon y fue batido en toda regla por el candidato ecologista, Grégory Doucet. Ni siquiera pudo triunfar en su distrito, el noveno, donde fue humillado por su rival verde. La alianza con la derecha, ultimo truco para conservar el feudo, resultó un fiasco.

El único éxito de los colaboradores próximos al presidente ha sido el del primer ministro. Edouard Philippe recupera la alcaldía atlántica de Le Havre, que dejó en recaudo para ocupar el sillón de Matignon. Con un resultado cercano al 60%, Philippe se siente revigorizado. Este político terso, procedente del gaullismo moderado, no ha mezclado del todo bien con Macron. De hecho, antes de los comicios, en círculos políticos y mediáticos parisinos se daba por hecho su reemplazo. La jefatura del gobierno en la V República es una especie de fusible que protege al Eliseo. De esta forma, no gana Macron, sino un macronista crecientemente renuente, otro de los “quemados” por el estilo presidencial. Philippe, poco entusiasta con el ecologismo de postal de su jefe actual, puede estar haciendo las maletas con destino a la costa normanda.

Tras todos estos reveses, Macron ha hecho virtud de la necesidad y, anticipando un mal resultado, había agendado la reactivación de su proyecto ecológico justo al día siguiente de los comicios. La Convención ciudadana sobre el Clima, una fórmula que encanta al presidente para demostrar su creencia en las fórmulas de democracia participativa y superadoras del aparataje político tradicional, ha dejado 150 medidas para acelerar la transición ecológica. El presidente dice asumirlas y anuncia medidas presupuestarias y políticas para facilitar su aplicación.

VERDES: PRESENTE Y FUTURO

La hora ha sido de los ecologistas (EELV: Europe Ecologie Les Verts), quienes, tras un esperanzador resultado en las últimas elecciones al Parlamento europeo, se han consagrado como partido que cuenta, superando esa condición de complemento del ya desvaído bloque de izquierdas. El sistema electoral francés de dos vueltas y ballotage corrige la distribución proporcional inicial con un arreglo de proximidad ideológica -o de pura conveniencia­­- que hasta ahora los había mantenido al margen de la primera fila.

Los ecolos se han beneficiado de la crisis de partidos en Francia, como lo hizo Macron hace tres años con su experimento híbrido. Ahora dispondrán de las alcaldías de Lyon, Marsella, Estrasburgo, Burdeos, Poitiers, Tours y Besançon, entre otras.

Los Verdes deberán definir su proyecto político más allá de su prioritaria agenda de transición ecológica. Como en Alemania o en otros países del centro y norte de Europa, el ecologismo no es una fuerza política homogénea y en la política de alianza es donde más se evidencian sus contradicciones y su dispersión ideológica.

De momento, los ecologistas sacan pecho y tratan de frenar la dimensión propagandística del empeño neoverde macronista: ni el dinero prometido es nada del otro jueves, ni la credibilidad verde del inquilino del Eliseo invita a la confianza. Los verdes que estuvieron al lado de Macron hasta hace poco (la gente de Nicholas Hulot) también son críticos, tal vez los que más, porque han sido quienes cosecharon la mayor amargura por la falta de consistencia ecológica del Presidente.

Por otro lado, el empeño de preservación de la naturaleza, de protección del medio ambiente y de cambio en profundidad del modelo productivo ha sido asumido por muchas fuerzas políticas tradicionales o de extracción tradicional. No hay una exclusividad ecológica de los verdes, aunque ellos mantengan esa divisa como referente de identidad. Eso giro verde es lo que explica, en gran parte, la brillante reelección de Anne Hidalgo como alcaldesa de París.

HIDALGO, REINA ROJIVERDE

La primera alcaldesa de Francia, nacida en España e hija de exiliados humildes afincados en Lyon, es la figura de moda en el socialismo francés, pero eso no quiere decir que sea una líder en potencia de su partido en 2022. La perpetua lucha fratricida no permite despejar el panorama. Anne Hidalgo ha triunfado con un programa ecologista y claramente escorado a la izquierda, frente a un aparato frio (por no decir hostil). Era indiscutible como candidata y nadie osaba discutírselo. La “reina Anna”, como se le conoce en el pantano político por la intransigencia de sus posiciones y modales, ha resistido todas las crisis del PSF y se ha labrado un feudo sólido (3). Le ha beneficiado la falta de entendimiento entre las candidatas macronista (Agnés Buzyn) y sarkozista (Rachida Dati). El primer candidato de Macron para “destronar” a la “reina Ana” tuvo que abandonar por un escándalo sexual. La segunda opción resultó teñida por el maleficio del coronavirus.

TRIPLE CRISIS

La derecha exgaullista de Los Republicanos sigue en cuarentena y los socialistas levantan ligeramente la cabeza, pero sin aparecer, ni de lejos, como alternativa de gobierno, con repuntes personales más que partidistas. La extrema derecha se contenta con Perpiñán, considerada como la capital de la Cataluña francesa. La mezcla de populismos nacionalistas a ambos lados de la frontera puede ser curiosa.

Con todo, este verano verde viene muy arrastrado por la crisis sanitaria y es pronto para saber si los ecologistas franceses serán fuerza política de primera división en 2022. Todo va a depender de cómo evolucione la crisis socioeconómica derivada del parón de la pandemia y de la capacidad de reciclaje del discurso presidencial.

En realidad, las grandes ciudades de Francia no se levantaron entusiastamente verdes el 29 de junio. Una abstención del 60%, la más alta desde 1958, dejó un regusto muy agrio de desafección, propio de estos tiempos de virus patogénicos y políticos. La pandemia obligó a aplazar la segunda vuelta y el momento en que se recuperó el proceso electoral no podía ser más poco propicio para la mayoría presidencial. Como dice la analista Solenn de Royer, las municipales dejan en evidencia un triple crisis política: partidista, democrática y macronista (4).

 

NOTAS

(1) “On the horn of two dilemas. Emmanuel Macron’s party performs dismally in local elections”. THE ECONOMIST, 29 de junio.

(2) “Municipales 2020: avec EELV une vague verte déferle sur les grandes villes françaises”. ABEL MESTRE. LE MONDE, 29 de junio.

(3) “’Queen Anne’ of Paris not ready to give up her throne”. ELISA BRAUN. POLITICO, 27 de junio.

(4) “Après les élections municipales, Emmanuel Macron fase à una crisis démocratique”. SOLENN DE ROYER. LE MONDE, 29 de junio.