Resulta fácil habituarse a nuevas situaciones y a olvidarse de los peligros vividos. Ese es el riesgo que corremos este verano: que olvidemos que todavía el coronavirus es una amenaza.

Estamos en un tiempo de transición donde se combinan de forma explosiva varios elementos:

  • La preocupación real por la economía y el trabajo, que nos lleva a pisar el acelerador del consumo.
  • Dentro de la economía hay sectores fundamentales como el turismo que viven con verdadera angustia cómo se malogran los beneficios estivales.
  • La cultura, tan imprescindible en la época de confinamiento, zozobra, a la espera de saber cuánto de sus actividades podrán volver a ser presenciales, con el público aplaudiendo y disfrutando.
  • Y nuestra propia necesidad de salir, de juntarnos, de disfrutar el buen tiempo y el verano, de volver a reunirnos con familias y amigos.

Efectivamente, hay motivos económicos, sociales, culturales y personales que empujan a que, lo más rápidamente posible, volvamos al espacio social, a las calles, a las terrazas, a los encuentros masificados. Pero, ese es el riesgo y la amenaza.

El coronavirus sigue estando presente. Y, aunque nos pueda parece que está controlado o casi, porque los números de contagio son menores así como, afortunadamente, los números de fallecidos, la realidad es que, cada día, se producen rebrotes en algún lugar, normalmente, fruto del descuido o de bajar la guardia.

Si elevamos la mirada fuera de las fronteras europeas, EEUU y América del Sur están en unos momentos preocupantes, porque siguen creciendo los contagios de forma incontrolada.

En nuestro país, no debemos olvidar que hay más de 50 focos y que los contagios han crecido casi un 9% desde que finalizó el estado de alarma.

Podremos estar enfadados, hartos, saturados, agobiados, preocupados, … pero ahora la responsabilidad es nuestra, es personal. Nos corresponde a cada uno de nosotros cumplir convenientemente con las medidas de seguridad, con las mascarillas, con evitar los contactos físicos, … Y no exclusivamente para protegernos (que también) sino para evitar contagios colectivos. Así que, ¡¡prudencia, mucha prudencia!!