Las elecciones a la Presidencia de Estados Unidos de Norteamérica suelen ser un acontecimiento de impacto mundial. Los diferentes tipos de primarias y la intensidad de la campaña dan lugar a que esta se viva en muchos países como una cuestión propia, de forma que por doquier podemos encontrar pronunciamientos y análisis que toman postura por una u otra opción.

Este fenómeno de impregnación social general obedece básicamente a razones de impacto mediático, pero también a otras cuestiones de fondo que dan lugar a que muchas personas en todo el mundo se sientan concernidas por la influencia que tiene el Presidente de EEUU, y la política que este realiza, en prácticamente todo el orbe.

Tal influencia se está constatando vivamente en estos momentos, en los que la locuacidad y la tendencia a la bravuconería del Presidente Trump está produciendo efectos continuos en muy diferentes planos de la realidad internacional. De ahí el impacto que ha causado una de sus últimas fanfarronerías, cuando en su reciente viaje europeo ha anunciado su propósito de presentarse a la reelección, asegurando que no ve a ningún candidato demócrata capaz de enfrentarse a él. “Y les conozco a todos” –ha dicho.

Esta percepción ha sido considerada como plausible por diversos analistas, sobre todo norteamericanos, que contemplan a un Partido Demócrata demasiado dividido y decaído en el actual panorama político, con algunos de sus posibles candidatos/as al borde de una edad en la que no resulta muy verosímil poder competir por la presidencia de los EEUU. Aunque lo cierto es que si Trump llega a concurrir, se presentaría ya con una edad de 74 años, con la posibilidad de continuar en la Presidencia hasta los 78 años. Si no se le cruza por medio un impeachment, o alguna otra circunstancia imprevista.

En cualquier caso, la cuestión de fondo es si en este momento existe capacidad de reacción y de actuación con suficiente vigor en las filas del Partido Demócrata, como para poder presentar una alternativa creíble y con posibilidades de ganar frente a Trump, y todos los efectos que está teniendo su forma de ser y estar en el panorama internacional.

A estos efectos es fundamental considerar cuál es el estado actual de la opinión pública norteamericana ante un Presidente que no puede negarse que sabe manejar los hilos de la comunicación y que está convirtiendo su presidencia en un espectáculo permanente que tiene una proporción no desdeñable de fieles seguidores entre la opinión pública. Como ocurre prácticamente con todos los líderes populistas. Hasta que entran en decadencia.

Sin embargo, algunos análisis pesimistas sobre las posibilidades de una alternativa efectiva a Trump no tienen suficientemente en cuenta el dinamismo y la creatividad que existe en la sociedad norteamericana, con posibilidades reales de surgimiento de líderes nuevos que en poco tiempo pueden canalizar determinados estados de opinión. El caso de Obama fue un ejemplo típico de estas posibilidades, de forma que un candidato joven y con capacidades −que nadie podía pronosticar poco antes que iba a ser candidato a la Presidencia y mucho menos Presidente ulteriormente− acabó imponiéndose de manera rotunda en las urnas. Por eso, tal como están las cosas y teniendo en cuenta el empuje de los movimientos de mujeres en las campañas críticas contra Donald Trump, no habría que desechar la posibilidad de que surgiera la candidatura de una mujer que, por edad, capacidad, experiencia y carisma fuera capaz de ser una alternativa potente frente a un candidato que ni siquiera tiene en estos momentos el apoyo decidido de su propio partido.

No hay que olvidar, en este sentido, que durante el propio mandato de Obama se crearon diversas plataformas ciudadanas −especialmente dentro del Partido Demócrata− para impulsar la candidatura sucesoria de su mujer Michelle, que demostró durante el período presidencial de Obama indudables capacidades políticas y de sintonía con problemas y sectores importantes para la sociedad norteamericana y para el orden económico y político mundial. No sería extraño, en este sentido, que pudieran volver a dinamizarse estas plataformas para intentar plantear una alternativa frente a Trump, que pudiera ser no solo una opción triunfadora en el plano interno de la política norteamericana, sino también una opción esperanzadora para la distensión internacional, para el mantenimiento de los compromisos frente al cambio climático, para el impulso de las políticas de paz, de seguridad y cooperación en el mundo y, sobre todo, para el retorno a las formas educadas y positivas –y previsibles− de líderes políticos importantes en el complejo panorama mundial actual.