DespuĂŠs de tres aĂąos, en los que tan solo se han escuchado insultos y descalificaciones al Gobierno y a su Presidente por parte del Partido Popular, parece que, por fin y a modo de inauguraciĂłn del reciente liderazgo de Núùez FeijĂło, este partido va a poner sobre la mesa una propuesta polĂtica: bajar los impuestos con carĂĄcter general.
El rumbo del liderazgo de FeijĂło todavĂa no estĂĄ ni medio claro. Desde luego, la imagen que da este dirigente es mucho mĂĄs solvente, educada y sosegada que la de su predecesor Casado, al que, salvo su capacidad para idear insultos, nunca se le conociĂł propuesta polĂtica alguna ârecomiendo a este respecto ver este vĂdeo de un minuto titulado âlos 19 insultos de Casado a SĂĄnchezâ.
Pero no basta con una buena educaciĂłn y unas palabras sosegadas. El rumbo lo marcarĂĄn sobre todo sus actos y estos son, por ahora, como mĂnimo ambiguos: ha abierto por primera vez en EspaĂąa la puerta a un gobierno con participaciĂłn de la ultraderecha âel de la Comunidad de Castilla y LeĂłnâ, pero se cuida de asistir a la investidura de su presidente para evitar una fatĂdica foto con Santiago Abascal; ha acudido a una entrevista con el Presidente SĂĄnchez, pero no se ha comprometido a ninguno de los 11 pactos que este le propuso; muy en particular, no parece que vaya a abordar de forma inmediata âtras 1.200 dĂas de bloqueoâ la renovaciĂłn del Consejo del Poder Judicial y del Tribunal Constitucional pendientes; va a permitir que su dirigente mĂĄs prĂłxima a Vox âDĂaz Ayusoâ se haga con las riendas del partido en Madrid, pero no va a acudir a su congreso, al haber fijado el de Galicia el mismo fin de semana. Es decir, practica lo que podrĂamos llamar una ambigĂźedad calculada.
Pero hay que recibir con alivio que plantee la confrontaciĂłn con el ejecutivo, no en base a las esencias patrias ni a supuestas traiciones o felonĂas, sino en tĂŠrminos de una discrepancia polĂtica sobre lo que ĂŠl estima mĂĄs conveniente para abordar la desbocada escalada de precios que estamos sufriendo. Y, en su opiniĂłn, el remedio mĂĄs apropiado serĂa bajar los impuestos, en particular el IRPF y el IVA. Por fin, la necesaria confrontaciĂłn gobierno-oposiciĂłn se va a llevar a cabo por los cauces de los que nunca deberĂa haber salido: debatir sobre diferentes propuestas para abordar la soluciĂłn de un problema.
El Gobierno harĂa bien en recoger el guante y en esforzarse por convencer a la ciudadanĂa de que bajar impuestos no es lo mĂĄs adecuado en estos momentos. Las propuestas de reducir impuestos tienen siempre una buena acogida popular âson, en ese sentido, populistasâ porque, en principio, a nadie le gusta ver sus ingresos mermados. En cambio, para aumentarlos o simplemente mantenerlos, es necesario realizar un enorme esfuerzo pedagĂłgico, que no siempre se hace desde los poderes pĂşblicos.
En un trabajo anterior, razonĂŠ que el encarecimiento del gas y del petroleo nos exige dedicar recursos extra que hemos de retirar de otro lugar. La inflaciĂłn hace que todos paguemos un poco de ese esfuerzo extra. Si, para compensar la inflaciĂłn, bajamos los impuestos, no hemos resuelto el problema, ni siquiera lo hemos cambiado de ubicaciĂłn, porque los recursos del Estado proceden precisamente de los impuestos. Si estos se reducen, el Estado deberĂĄ reducir sus gastos o endeudarse. Reducir los gastos en unos momentos en que se requieren ayudas de todo tipo âERTEs para sostener las empresas, subvenciones al combustible, ayudas a la pesca, al transporte y a las empresas electrointensivas, ampliaciĂłn del bono social elĂŠctrico, atenciĂłn a los refugiados de Ucrania, etc.â no parece tarea fĂĄcil. Endeudarse supondrĂa, por otro lado, âdar una patadaâ hacia adelante: en lugar de pagarlo nosotros, lo harĂan nuestros hijos.
En tĂŠrminos econĂłmicos, reducir impuestos como el IRPF y el IVA, pondrĂa mĂĄs dinero en manos de los ciudadanos, aumentarĂa la demanda y, por lo tanto, tensionarĂa la inflaciĂłn al alza. SerĂa hacer justo lo contrario de lo que estĂĄn recomendando organismos tan poco sospechosos de izquierdismo como el Fondo Monetario Internacional y el Banco de EspaĂąa. Estas entidades recomiendan reforzar los impuestos a la renta y a la riqueza, precisamente para drenar recursos del mercado.
En EspaĂąa no hay un problema de impuestos altos, sino mĂĄs bien de insuficiente justicia fiscal. Nuestra recaudaciĂłn estĂĄ, en tĂŠrminos de PIB, siete puntos por debajo de la media europea âes decir, recaudamos 84.000 millones menos de lo que deberĂamos. Nuestros tipos impositivos en IRPF e IVA son los mismos que los del resto de Europa y, sin embargo, recaudamos menos que ellos debido sobre todo al fraude fiscal. En cuanto al impuesto de sociedades, los tipos nominativos son equiparables âel 25% sobre beneficiosâ pero la recaudaciĂłn se ha desplomado desde 2007 hasta hoy: de 45.000 M⏠(millones de euros) se pasĂł a 24.000 M⏠en 2019 y a 26.600 M⏠en 2020. Las causas son, ademĂĄs de la crisis de 2008-2012, las innumerables exenciones y bonificaciones y la compensaciĂłn entre empresas de un mismo grupo y entre varios ejercicios de una misma empresa. Por comparaciĂłn, el IRPF recaudĂł 94.546 millones en 2020. No parece muy razonable que las rentas del trabajo tributen cuatro veces mĂĄs en valor absoluto que las del capital.
Otro agujero fiscal se produce en los impuestos de Sucesiones y Donaciones y de Patrimonio, cuya recaudaciĂłn es responsabilidad de las comunidades autĂłnomas y que algunas de ellas âlas gobernadas por el PPâ han reducido prĂĄcticamente a cero, creando una competencia fiscal a la baja entre comunidades que estĂĄ distorsionando la residencia fiscal de los particulares.
Las recomendaciones del reciente Libro Blanco sobre la reforma tributaria, elaborado durante dos aĂąos por un comitĂŠ de expertos nombrado por el Gobierno, van en la direcciĂłn de armonizar los impuestos de las comunidades, de eliminar exenciones y reducciones en el IRPF e IVA, de establecer una tributaciĂłn mĂnima para sociedades y de dificultar la elusiĂłn del IRPF a travĂŠs de sociedades instrumentales. Tan solo en el ĂĄrea medioambiental y en el de las nuevas plataformas digitales son partidarios de crear nuevos impuestos. Reconoce, en definitiva, que el problema fiscal espaĂąol es un diseĂąo tributario deficiente y no una imposiciĂłn baja.
Por todo ello, el seĂąor Núùez FeijĂło tendrĂĄ que esforzarse mucho para convencernos de una propuesta âla suyaâ que va en sentido contrario a las recomendaciones del FMI, del Banco de EspaĂąa y de un comitĂŠ de 15 expertos independientes que han empleado 800 pĂĄginas en justificar sus propuestas.
