La incertidumbre dificulta la adopción de previsiones con un grado aceptable de seguridad, toda vez que los escenarios son muy volátiles, insertos en lo que Adam Tooze ha calificado como “policrisis” (El apagón. Cómo el coronavirus sacudió la economía mundial. Crítica, Barcelona, 2022). Varios factores justifican esto: 

  1. El desarrollo de la guerra de Ucrania, sin perspectivas de un fin en el corto plazo, con vaivenes constantes en el contexto bélico, con rápidas respuestas por parte de las potencias occidentales para atenuar los incrementos en los precios energéticos –que se observaron al inicio del conflicto–; 
  1. La guerra entre Israel y Hamás, con derivadas hacia otros espacios del mundo oriental, con protagonismo importante en los ataques en el golfo del mar Rojo, una zona estratégica comercial; 
  1. Las convocatorias electorales en el planeta durante 2024, que afectan a más de 3.000 millones de personas: comicios en los que, desde la óptica de la representación política de la democracia, se dirimen la permanencia o la negación de la misma. En este caso, lo que acontezca en la Eurozona y en Estados Unidos será determinante ante esa dicotomía.  

El punto 3) es de un futuro cuyas consecuencias seguramente se verán con mayor nitidez a partir de 2025. En cuanto a los puntos 1) y 2), el epicentro de análisis está en la evolución de los precios. Las disrupciones que han supuesto estos acontecimientos determinaron un tangible proceso inflacionario en el 1), que ha inferido el despliegue de políticas económicas que han contribuido a paliar los efectos de los incrementos de los precios; mientras que en el 2) no se patentizan, por el momento, aumentos relevantes en los precios. Sendos ejemplos al respecto. El precio del barril de petróleo Brent subió ligeramente a fines de enero de 2024, de forma que su cotización se situaba, en esa última semana, entorno a los 80 dólares. Los suministros no se resintieron en esas fechas. En cuanto al precio del gas, cae hasta 27€MWh también a fines de enero de 2024; la causa: el bajo consumo motivado por las condiciones climatológicas y, a su vez, la existencia de stocks abundantes. Los mercados de futuros para 2024 suscriben un mantenimiento a la baja de los precios del petróleo y del gas (sin embargo, cabe advertir que estas previsiones no siempre se cumplen; pero constituyen un indicador recurrente para agentes económicos e instituciones). Recuérdese, a su vez, que estas variables están sujetas a las evoluciones que se produzcan en la geopolítica. No hay certezas posibles. Pero las evidencias empíricas delatan que la inflación se está conteniendo desde enero de 2023 hasta enero de 2024, según las informaciones del Banco Central Europeo y de Eurostat.  

El PIB ostenta un crecimiento débil, que arranca del tercer trimestre de 2023 y se mantiene en las primeras semanas de 2024. Las previsiones del Banco Central Europeo, Banco de España y Eurostat concretan un consenso para los próximos tres años. Los datos para la Eurozona son lo que se calificado como un “aterrizaje suave”, una búsqueda de estabilidad económica en un mundo inestable. Atentos a esas evoluciones.