Son ya casi dos meses desde que se conoció el primer caso del nuevo coronavirus cuyo origen se ha situado en China y se acaba de conocer que dicho coronavirus ha llegado a Italia golpeando de manera importante en términos de salud y en términos de miedo con impacto en la economía.

Italia ha declarado una emergencia que restringe los movimientos en las regiones afectadas y se han suspendido los dos últimos días del Carnaval de Venecia y otros eventos públicos. Además, las autoridades sanitarias italianas estudian los casos y, sobre todo, tratan de localizar el llamado caso “índice” para saber cuál es el origen epidemiológico del brote en Italia.

Desde mi punto de vista, estos casos en Italia suponen un salto cualitativo en la gestión europea de la alerta que declaró hace un mes la Organización Mundial de la Salud. En España no hay ningún caso nuevo a día de hoy (24 de febrero) y eso es un elemento de tranquilidad a tener en cuenta porque la gestión en España está siendo totalmente correcta. Eso si, los casos de Italia condicionan un esfuerzo especial de buscar la mayor capacidad posible en la detección precoz de cualquier caso. Desde este punto de vista, cabe total tranquilidad porque la sanidad española puede actuar con solvencia en cada situación que de genere.

Ahora bien, en esta alerta internacional por coronavirus Covid-19 hay alguna característica diferencial con otras anteriores: el impacto en la economía va a ser relevante (ya lo está siendo); sobre todo si en las próximas semanas no se consigue el control epidemiológico a nivel global y se sigue extendiendo la epidemia. Y, sobre todo, si se extiende como una epidemia mediática el miedo y la incertidumbre.

En las alertas de salud pública es clave ser eficaces en el área sanitaria asegurando una prevención eficaz, una detección precoz y una asistencia sanitaria de calidad (para esto nuestro sistema de salud está muy preparado) y, por otra parte, modular las respuestas en relación a las cuarentenas y limitaciones a la movilidad de las personas para no afectar innecesariamente a la economía de cada país.

Esta alerta sin embargo está condicionando ya (en sólo dos meses) un impacto muy relevante en la economía; en algunos casos claramente injustificada (la suspensión del Mobile World Congress de Barcelona es un ejemplo de ello) y en otros, casi inevitable por las restricciones a la movilidad en amplias zonas geográficas de China.

Es por eso que es más que probable que el reto en Europa en las próximas semanas sea tan relevante en la economía como en la salud en función de cómo evolucione el brote de Italia y, más aún, si hay brotes en otros países de la UE y no se consiguiera una respuesta común y coherente. Por tanto, trabajar intensamente una respuesta coordinada y común en Europa puede ser la prioridad más relevante para evitar efectos colaterales e indeseados en la economía.