El informe “Mundos Alternativos” de la serie Global Trends advertía en su revisión metodológica de dos aspectos clave. El primero, que debían considerarse la aparición frecuente de “cisnes negros”. En sí misma era una recomendación paradójica. Los “cisnes negros”, según Taleb, son sucesos improbables, con un elevado impacto y surgidos de forma imprevisible, incluido el azar. Anunciar que el futuro iba a ser una bandada de “cisnes negros” era, en definitiva, normalizar lo anómalo. Y en eso estamos: la mejor predicción es que puede pasar algo impredecible. Asumiendo que la sucesión de imprevistos será y es cada vez más frecuente.

Ligada a la idea de “imprevisto” se encontraba la segunda recomendación. No nos movemos hacia el futuro por autopistas-tendencia, que permiten ver el camino hasta la próxima curva. El futuro es un conjunto de cambios de escena, sin hilo ni trama. Podremos apelar a la lógica, pero esta será “ad hoc”. Una consecuencia del principio de orden narrativo que intuyera Robert Musil. Pocas veces queda tan evidente que el futuro se trasforma creando y destruyendo. Y sí, en algo parece que Nietzsche estaba cerca.

Vivimos ahora la enorme fragilidad de un mundo empequeñecido por la comunicación. El Covid-19 solamente ilustra lo evidente. Los límites de cualquier sistema económico o político los marca el ser humano y sus limitaciones. Paradojas incluidas.

Una idea extendida es que la información reduce la incertidumbre. En eso andaban tan tranquilos más de uno con su pañuelo de papel en la nariz. Relax, que es perfumado. En la televisión, un especialista advierte: mascarillas, mascarillas, no son todas. Necesita una capacidad mínima de filtrado. Y esas no son solo papel. Cambio de escena. Entrevista a un “turista” en el hotel canario donde pasa cuarentena y vacaciones, todo en el mismo paquete. Se queja: nos dieron unas mascarillas que eran de papel. Esas ni filtran ni nada… Ergo, no toda la información reduce la incertidumbre: algunas la incrementan. No seré yo quien pida menos información. Todo lo contrario, solo que puestos en eso hay que dar las dos cosas, información y mascarillas homologadas para algo.

Y en esa entramos en bucle. Es la pescadilla que se muerde la cola, versión culinaria del Uróboros. La incertidumbre genera ansiedad y esta agresividad. Y la agresividad, incertidumbre, y ansiedad y agresividad… En Ucrania apedrean los autobuses con retornados de China para evitar que entren al país. En Milán, una pareja apalea a una señora asiática, con lustros de Italia a la espalda. En España llaman virus a los niños asiáticos. En Corea del Sur intentan asociar la enfermedad con los fieles de una creencia cristiana. Son los pasos previos para reducir la incertidumbre. Busca al culpable, de forma que sea reconocible e identificable: asiático, cristiano, lo que se lleve en el lugar. La agresividad será el siguiente paso. Sea verbal o física. Todo es cuestión de poner un rostro al virus invisible. Ya saben. Todo es sólo… humano, demasiado humano.