El Comité Federal del PSOE del 1 de octubre produjo unas impresiones bochornosas, entre otras razones, porque empezó con mal pie y se desarrolló de manera intencionadamente caótica, con interrupciones continuas, alegaciones de “cuestiones de orden” (?) y de “procedimiento”, con compañeros/as quitándose la palabra mutuamente –y hasta el micrófono− y con un abierto incumplimiento no solo de las normas y procedimientos establecidos en los Estatutos del PSOE, sino incluso los modales del respeto y las más elementales formas del sentido común. Es decir, dicho Comité se desarrolló de acuerdo al estilo de las asambleas tumultuarias de Facultad, o de las Agrupaciones del partido en las que un grupo quiere salirse con la suya, no importa a qué precio ni de qué manera, no cejando hasta que los demás se cansan, o se sienten tan abochornados que acaban cediendo o ausentándose para evitar tanto bochorno. Es decir, hasta que se impone el criterio de que “el fin justifica los medios”. Creo que somos bastantes los que hemos vivido situaciones similares a lo largo de nuestras vidas.

Desconfianzas y credibilidad

Después de aquel espectáculo, nos hemos encontrado ante un largo inter-regno de la Gestora de los “vencedores”, desde la que se lanzan reproches de “tener demasiada prisa” a los que quieren votar ya y a los que, incluso, se atreven –dicen− a mantener durante este dilatado período una actividad política en defensa de sus ideas y propuestas. Que se hable de “demasiada prisa” por parte de quienes mantienen tan largo paréntesis político durante tantos meses, esperando no se sabe muy bien qué, es algo que suena a broma de mal gusto. Hay que tener en cuenta que durante tal período, por ejemplo, dos personas se han podido conocer, enamorarse, emparejarse e, incluso, tener un hijo. Todo ello mientras una Gestora nada imparcial toma decisiones y medidas, algunas de gran alcance –y consecuencias− para el PSOE y para España. ¿Y ahora dicen que algunos tienen demasiada prisa para intentar volver a la normalidad política e institucional? Sinceramente, no se entiende.

En estas circunstancias es lógico que surjan dudas y recelos y que se exijan garantías de transparencia y juego limpio en bien de todos. Sobre todo, después de que se haya intentado intervenir –de manera ilegal y contra natura− una cuenta corriente nutrida de las aportaciones de más de dos mil personas, que han querido contribuir libre y legalmente para que Pedro Sánchez durante este tiempo haya podido explicar –de manera respetuosa y constructiva− cuáles son sus propuestas y alternativas para el futuro del PSOE y de la sociedad española. Y si ha venido haciendo tal cosa no ha sido porque tenga mucha prisa, sino sencillamente porque se está dilatando de manera impropia la convocatoria de las elecciones primarias y el Congreso correspondiente. Si esto se hubiera hecho en los plazos establecidos, y considerados lógicos en cualquier organización y/o país serio, el proceso de crowfounding no hubiera tenido lugar, y aquellos que apoyan candidaturas alternativas –que aún no han podido ser presentadas formalmente− hubieran podido contar con los medios y recursos del propio PSOE –que aún no han sido puestos a disposición de todos los candidatos− para realizar libremente su actividad. Algo que sí han venido haciendo aquellos que han contado con recursos institucionales para sus actividades y mítines, que, desde luego, no han sido financiados mediante un sistema libre y voluntario de crowfounding. Lo que ha permitido que los desplazamientos y los gastos de manutención de ellos y de muchos asistentes han sido gratuitos y cubiertos de manera bien diferente a la de todos aquellos que han acudido a un lugar diferente al de su residencia para escuchar a otros candidatos, pagándose los gastos correspondientes de su propio bolsillo.

Estamos ante un proceso de participación democrática que en sí mismo es muy positivo, pero que, lamentablemente, hasta el momento no se ha desenvuelto con todos los requisitos de transparencia, lealtad, igualdad de recursos y oportunidades, y juego limpio que suelen caracterizar a las organizaciones y a los países genuinamente democráticos. Por lo que no resulta improcedente reclamar –y hacer todo lo posible para lograr− juego limpio y garantías para que las elecciones primarias se celebren de manera ejemplar e imparcial. Reclamar tal cosa es también –y sobre todo− velar por la buena imagen pública del PSOE, e intentar que este partido salga reforzado del proceso electoral interno. Algo que puede lograrse perfectamente. Como ocurre en otros países.

Amos y señores

Por lo tanto, nadie debiera molestarse porque se reclame tal cosa, de la misma manera que nadie puede molestarse porque se pida que se ponga el censo de afiliados a disposición de todos los candidatos, al igual que los locales y sedes del PSOE, ni que en las mesas electorales haya “interventores” de todas las candidaturas, que velen por la fidelidad del escrutinio. Esto ocurre en todos los procesos electivos verdaderamente democráticos y transparentes, y nadie se ofende por ello, ni lo considera una muestra impropia de “desconfianza”, sino como parte lógica de las reglas del juego de la democracia y de las garantías procedimentales. En tal sentido, hay que tener en cuenta que las garantías, la transparencia y las buenas formas y procedimientos en el PSOE son una cuestión que corresponde a todos sus afiliados, y no solo a un reducido grupo de supuestos “amos y señores” de esa organización. Consecuentemente, que algunos puedan sentirse “amos y señores” del PSOE es una anomalía que no se corresponde –ni de lejos− con la cultura política de este partido. Anomalía que debe ser corregida cuanto antes.

Lo fundamental es lograr que el proceso de primarias del PSOE no se vea afectado por las típicas “estrategias del calamar”, que no pretenden sino enturbiar y conflictualizar la situación para intentar que las cosas se desarrollen de manera confusa y enturbiada, y al final todos se vean manchados por la tinta derramada y por las dificultades generadas para evitar que los afiliados vean las cosas –y las alternativas− suficientemente claras y puedan votar con libertad y un buen conocimiento de causa. Es decir, sabiendo qué implican –o pueden implicar− unas y otras alternativas, qué proyectos son más sólidos y permiten garantizar un futuro más solvente y prevalente para el PSOE, qué candidatos están conectando mejor, y representan en mayor grado, el sentir –y pensar− de los afiliados. Y, sobre todo, quiénes suscitan más simpatías y apoyos a su alrededor y están en mejores condiciones de obtener más votos en las próximas elecciones generales.

Para aquellos que sostienen que el PSOE tiene que volver a ser un partido ganador, debiera ser muy importante atender a las encuestas que se han hecho públicas en las últimas semanas por diferentes medios de comunicación social, y que revelan que, cuando los electores son preguntados por estas cuestiones se pronuncian con bastante unanimidad, tanto que en lo referente a quiénes son los candidatos preferidos para ocupar la Secretaría General del PSOE, como para encabezar las candidaturas de este Partido. El hecho de que las posiciones estén tan ampliamente decantadas entre los votantes y simpatizantes del PSOE a favor de determinado candidato, en una proporción de 4 a 1 respecto a otros, al tiempo que algunas figuras del PSOE solo son preferidas mayoritariamente por los votantes del PP, es algo que debiera ser objeto de una reflexión y unos análisis sosegados y objetivos. Sobre todo, por aquellos que dicen pensar en un PSOE ganador en futuras elecciones. Especialmente si se quiere que tales elecciones se ganen en los espacios de la izquierda en los que siempre ha estado el PSOE, y no en los terrenos de la derecha y el centro-derecha, en los que se encuentran instalados otros partidos políticos.

Por lo tanto, cuanto más claros sean los debates de las primarias y cuanto más se alejen de asuntos y procedimientos turbios, más posibilidades tendrá el PSOE de lograr emprender el camino de su recuperación, de su verdadera identidad y de su papel reformador.