En contra de la opinión del resto de los grupos parlamentarios, incluyendo a sus socios de gobierno, la señora Díaz Ayuso ha convocado elecciones en la Comunidad de Madrid (CM) en mitad de la legislatura y en mitad de una terrible pandemia aún por controlar. Según su peculiar estilo de arrojar toneladas de tinta hablando de otros problemas, ha dejado poco espacio en los medios para analizar su gestión de estos dos años. Y, sin embargo, es lo único que debería importar a un votante que pretenda emitir su voto de un modo racional. Hemos de hacer un esfuerzo para sobreponernos al ruido ambiental y evaluar fríamente lo que ha hecho y lo que cabría esperar de ella si gobernase.

Empezando por lo más cercano, la pandemia, y lejos de arrojar los fallecidos a la cara de nadie, debemos evaluar las cifras reales. En una página oficial como es la de RTVE (https://www.rtve.es/noticias/20210412/mapa-del-coronavirus-espana/2004681.shtml) y considerando las poblaciones actuales española (47,330 millones) y madrileña (6,685 millones), cualquiera puede calcular las siguientes cifras, relativas al total de la pandemia:

Infectados por 1000

habitantes

Fallecidos por 1000

habitantes

España

71,2

1,61

Madrid

96,4

2,19

 

Es decir, con respecto al promedio de España, en Madrid hay un 35% más de riesgo de infectarse o de morir por coronavirus. Seguramente, podrán encontrarse razones  —tales como la densidad de población, los grandes núcleos urbanos, los centros comerciales, etc— que puedan explicar esta mayor incidencia. Pero, precisamente por esas mismas razones, lo que procedería sería aplicar mayores restricciones que en los territorios donde no se dan estas especiales características. Y, sin embargo, lo que hemos visto ha sido todo lo contrario: Madrid se ha distinguido —y todavía hoy lo sigue haciendo a pesar de casi doblar la media española en incidencia de contagios en los últimos 14 días— por aplicar unas medidas mucho más laxas que otras regiones en lo referente a horarios, apertura de la restauración, reuniones, etc.

La propia Presidenta reconoce que ha priorizado este relajo en aras de no arruinar a las empresas y ha hecho gala, incluso, de una supuesta mayor “libertad” de Madrid con respecto a otras regiones. Esas otras comunidades han decidido más restricciones pero, para no arruinar a sus empresas, les han proporcionado ayudas económicas. La triste conclusión sería entonces, que la Comunidad de Madrid se ahorra esas ayudas —no ha dado ninguna hasta la fecha— a cambio de poner en riesgo la salud de todos. Los ciudadanos tenemos todo el derecho a evaluar esta gestión como peligrosa e irresponsable.

En un artículo previo publicado en esta revista, analizaba el resto de su gestión, que se reduce a una sola ley aprobada en dos años y a una forma de administrar el presupuesto caracterizada por la asfixia de los servicios públicos y la derivación a la gestión privada de cuantiosos fondos, bajo la forma preferente de contratos decididos sin concurso.

Es posible que, a los votantes conservadores, esta última parte no les preocupe mucho ya que suelen hacer poco uso de los servicios públicos. Desde luego, a los votantes que no disponen más que de la sanidad y educación públicas sí les debería preocupar y harían bien en votar contra este tipo de gestión.

Pero, la mitad aproximadamente de los votantes madrileños son conservadores y, seguramente, no encontrarán suficiente motivación para votar a un partido de la izquierda. ¿Deberían entonces dar su voto al Partido Popular en esta ocasión? Me propongo argumentar que no sería razonable que lo hicieran.

La irresponsable gestión de la pandemia argumentada más arriba ya debería ser un dato preocupante para el votante conservador, pero no es el único. Otro más, es el escaso interés mostrado por el Gobierno de la CM en financiar la investigación científica. En unos momentos en que todos aprecian la importancia de la ciencia para hacer frente a desafíos como el del virus, la CM invierte tan solo el 0,5% de su presupuesto en este apartado. Comunidades como Cataluña, Andalucía y el País Vasco, dedican entre un 1,5% y un 2% del suyo. La asfixia de las universidades públicas madrileñas también les debería preocupar. A pesar del descarado apoyo del Gobierno de Madrid a las universidades privadas, la calidad de estas sigue siendo muy inferior en docencia y no digamos en investigación, inapreciable en casi todas. Mejorar las universidades públicas es una necesidad para todas las clases sociales. Otro dato más —que afecta también a las clases medias—, es el precio desbocado de los alquileres en Madrid, producto de una inexistente política de promoción de vivienda social en alquiler. Y, así, podríamos seguir enumerando otras deficiencias en políticas medioambientales, de atención a la cultura, de transición energética, de reforzamiento industrial, etc, que afectan por igual a los votantes conservadores y al resto.

Pero, la deficiencia principal, por la cual un votante conservador debería negarle su voto, es el propio estilo personal de la señora Díaz Ayuso. Se trata de un personaje, muy similar en sus formas al ex-presidente Donald Trump —de amargo recuerdo—, que no debería tener cabida en una democracia madura. Su poco apego a la verdad, su lenguaje hiriente, su falta de respeto al adversario, su continua confrontación con todos, incluidos otros presidentes de su propio partido, deberían hacer chirriar la conciencia de cualquiera. La política no tendría que ser una campaña electoral inacabable. En algún momento hay que hacer gestión y cooperar con otras instituciones, del propio o de otro partido, en beneficio del bien común. Esa preocupación está muy lejos del pensamiento de la Presidenta, que ha dedicado todas las energías a promocionar su propia imagen. ¿Qué gestión futura cabe esperar de una dirigente como ella?

Lo que hace a una sociedad enferma no es tener políticos inadecuados —como es el caso del señor Trump y de la señora Ayuso— sino que millones de personas continúen votándoles a pesar de conocer sus comportamientos. Si el candidato de tu partido favorito es un peligro, abstenerte de votarlo es el mejor modo de decirle a tu partido que lo cambie por otro.