La vulnerabilidad del inicio siempre va seguida de la(s) incertidumbre(s). Su amplitud e intensidad dependerá del tiempo de duración. Es consustancial a toda crisis. De manual. El comportamiento de los ciudadanos responde a patrones sociológicos comunes, por ello la gestión de crisis en lo referente a las actitudes de la población con una buena comunicación y pedagogía puede encauzarse, sin necesidad de generalizar la coerción cuando existe cultura cívica. Ahora esto se está poniendo a prueba.

Todas las crisis pasan por una serie de estadios o fases: 1. Alerta/prevención/ preparación; 2. Control/conducción de la crisis; 3. Postcrisis o progresiva vuelta a la normalidad; 4. Reparación de los daños morales y materiales y como colofón la evaluación de las lecciones aprendidas en la crisis.

En la primera fase de esta crisis ha habido errores, es palmario, pero la petición de responsabilidades tendrá su momento. No es este. Además, son compartidos por todos los gobiernos mundiales (regionales y estatales) y con los organismos internacionales tutelantes de la salud mundial (OMS). Hay una cuestión importante, ni ahora ni después, cuando toque, no se debe de echar en olvido que aquí no solo ha habido fallos coyunturales circunscritos a este asunto, sino que hay serios errores estructurales que vienen de lejos, del modelo de organización pública, y no solo sanitaria, y de la cultura cívica creada en relación con lo público, al dar por bueno,  muchos,  que solo necesitamos un Estado mínimo (menos impuestos y mayor privatización)  y una suficiencia de pensamiento ciudadano basado en el tener y en la salvación individual de todo.

Ahora estamos en la fase de controlar la pandemia y la conducción de la situación, disminuyendo lo que sea posible el daño, tanto sobre las personas como sobre el sistema de convivencia, del cual la economía es solo una parte. La solución, parece difícil hacerlo entender, tan solo tiene dos estrategias:  Una, la científica, basada en el control de la evolución del virus, que no tiene porqué comportarse igual en todos los territorios (culturas higiénicas, alimenticias y farmacológicas entre China y Europa muy diferentes); los europeos somos sociedades menos inmunes y sobre medicadas. La segunda estrategia tiene mucho que ver con el comportamiento cívico, con el cambio radical e indefinido de hábitos sociales, incluido el de trabajar. Sí, la primera tiene que ver con la fortaleza del sistema sanitario y la rápida respuesta que pueda encontrarse en el hallazgo de un remedio médico. En cuanto a la otra, la actitud de la ciudanía (combatientes) es esencial como en la “guerra”, similitud que se ha establecido por todos los lideres mundiales y sus equipos, si no hay moral de victoria es muy difícil ganar la guerra.

Piensen si los soldados que desembarcaron en las playas de Normandía hubiesen estado oyendo constantemente una cantinela sobre la incapacidad para planificar la operación de sus mandos y que los fusiles estaban oxidados o si bla, bla, bla. Eso es tan valido para la coral de líderes de la oposición, como para unos medios de información que dan lecciones y evocan soflamas con un importante desconocimiento de cuáles son los márgenes de gestión de una situación de estas características. Evidentemente entre las medidas excepcionales del Estado de Alarma no cabe limitar la libre opinión pero sí es posible diferenciar los medios serios de  los que juegan a generar confusión y caos entre la opinión pública, y a estos habrá que dejarlos fuera del mercado de la información. Sobre todo, por que hay que no perder la perspectiva de que existirá  día después.

Como acertadamente señalan C. Méndez y G. Martín en un lúcido artículo con el evocador título: “El nuevo orden tras el coronavirus”   “ la gran crisis del coronavirus (ha explotado), con todas sus incertidumbres y con la única certeza de que el ‘día después’ de la urgencia sanitaria no será un regreso al ‘día de antes’. Muchas certidumbres y convicciones estarán en una profunda tela de juicio, y en el resto de nuestro ciclo vital viviremos cambios propios de una postguerra, aunque es demasiado pronto para atisbar su profundidad.

Llegar a ese momento hoy nos parece lejano, por deseado. Semanas o meses, iremos viendo pero es fácil atisbar ya, que habrá un traumático y lento regreso a la normalidad. Por ello habrá que aportar reflexiones colectivas que puedan ser convertidas en decisiones certeras de los poderes públicos con el mayor grado de consenso posible.

Sí o sí habrá que establecer un Nuevo Contrato Social, esto ha dejado de ser una opción para ser una necesidad.

Los vectores de la nueva realidad sobre los que llevar a cabo la reconstrucción, debemos ir pensando, no pueden ser distintos sobre los que se trabaja, incluso con mayor motivo. Me refiero esencialmente a la descarbonización de la producción económica. Hoy nadie puede decir que no exista una relación entre cambio climático y crisis vírica, y si hoy no puede concluirse nada al respecto, quizás mañana sí.

El desarrollo tecnológico (digitalización económica) actual no solo tendrá que impregnar el que hacer de todo y todos, ya no es pensable otra cosa, tiene que incrementarse tanto en intensidad como en extensión, pues lo único que va a garantizar que la actividad económica rompa con el pasado y vuelva a ser productiva con capacidad de distribuir renta es que la nueva ola tenga una potencia que haga incuestionable e irreversible la digitalización.

La sociedad occidental lleva mucho tiempo sabiendo que es necesario cambiar de forma de vivir, tal vez este sea el momento de hacerlo, cuando hemos visto que sí es posible vivir de otras.

El cambio cultural que previsiblemente se produzca también lo hará más factible. Tenemos que ser capaces de pensar que puede surgir un nuevo concepto del otro, de la familia, la amistad, la vecindad… El valor por la ciencia y por el orden público, entendido como un autocontrol cívico responsable que va del individuo al grupo, debe utilizarse para establecer un nuevo pensamiento. Una sociedad fundamentada en conocimientos y convicciones y menos en frusleras opiniones, de a tanto el minuto de éxito, y una política de propuestas y acciones, no de declaraciones encadenadas. Una sociedad convencida de su destino es más dueña de él y la capacidad que está demostrando de ello, mayoritariamente a pesar de los partidarios de librar batallas que no se plantean actualmente, da un carácter normativo a la esperanza para sentar unas bases sólidas de una nueva convivencia capaz de asumir los complejos retos, no solo económicos insisto, que el día después nos deparara.

Una última reflexión. Tomemos conciencia de lo privilegiados que somos con relación a generaciones anteriores, o de la de nuestros congéneres que en distintos lugares combaten desde hace tiempo todos los días por su supervivencia. Esto va a ser duro, pero igual era necesario para saber dónde estamos y sobre todo si sabemos a dónde queremos ir.

Esta es la única certeza de todas las incertidumbres: lo importante es llegar al final de este camino.

Cuídense no nos sobra nadie. Besos y abrazos con mucho cariño.