Hay que acelerar el ritmo para conseguir la igualdad entre hombres y mujeres, porque sin ella no habrá libertad ni tampoco democracia. Pero, además, porque como señaló el año pasado António Guterres, secretario general de las Naciones Unidas, al ritmo actual se necesitarán 300 años para alcanzar la igualdad entre hombres y mujeres.

En España, podemos decir con orgullo que, aunque queda mucho por hacer, el avance en igualdad ha sido tremendo, porque somos conscientes, la mayoría de los ciudadanos, que es una cuestión de cumplimiento de los derechos humanos. ¿Una opinión? Si, pero contrastada por hechos gracias a los datos que se conservan en el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), desde aquella primera encuesta de la juventud femenina española de 1964 a las últimas de la actualidad.

En este tiempo, hemos pasado de una dictadura a la democracia, de ser pobres a una sociedad de las más desarrolladas del mundo, de la autarquía a Europa y el mundo, de una mujer encerrada en casa a la plena igualdad de derechos.

Comencemos este recorrido por la igualdad situándonos en el año 1964, en una España en blanco y negro dictatorial. En ese año 1964: se pone en marcha el Primer Plan de Desarrollo; Guinea Ecuatorial se independiza de España; Fraga Iribarne, ministro de información y turismo y posterior fundador de AP, actual PP, lanza la campaña de propaganda “25 años de Paz”; España gana la Eurocopa de futbol, en el Santiago Bernabéu, a la URSS;  se produce una emigración masiva de españoles a Francia, Alemania, Suiza e Inglaterra; estamos en el año donde más españoles han nacido:697.697; Nelson Mandela es condenado a cadena perpetua; y entre otras cuestiones, el presidente de Estados Unidos, Johnson firma la ley de derechos civiles.

En el año 1965, el Instituto de la Opinión Pública, actual CIS, realiza la primera encuesta a nivel nacional, dedicada al Plan de Desarrollo (estudio nº 1014, de noviembre de 1965). Un estudio muy importante, porque permite conocer hoy una realidad afortunadamente superada de lo que era España.

Éramos un país muy pobre, donde el machismo institucionalizado no solo recluía a las mujeres en los hogares, sino que además estos hogares en porcentajes muy elevados estaban en condiciones pésimas: el 51 por ciento no tenía lavadora; el 65 por ciento no tenía agua caliente o calentador de agua; el 67 por ciento no tenía teléfono; el 89 por ciento no tenía aspirador; el 48 por ciento no tenía baño o ducha; el 82 por ciento no tenía nevera de hielo;  y el 67 por ciento no tenía nevera eléctrica.

La renta per cápita de España en 1965 era de 774,76 dólares. Similar a la que hoy tienen países como Burkina-Faso, 832 dólares; Guinea-Bisáu, 775 dólares; Liberia, 754 dólares; Chad, 716 dólares; o Yemen, 701 dólares. Esa España de los 774,76 dólares no tiene nada que ver con el éxito colectivo que nos ha llevado a tener en 2023 una renta per-capital superior a los treinta mil euros.

Esto es bueno recordarlo, en primer lugar, para ser conscientes de que cuando trabajamos juntos somo sociedad, con objetivos precisos de libertad, democracia, modernización, progreso y bienestar para el conjunto de la sociedad, se pueden superar todos los obstáculos. Y, en segundo lugar, para responder a los que en la actualidad fomentan el extremismo, la polarización y la crispación y además dicen que con Franco se vivía mejor.

En este ambiente de los años sesenta, un grupo de mujeres: Lili Álvarez, Concepción Borreguera Sierra, María Campo Alange, Elena Catena de Vindel, Consuelo de la Gándara, María Jiménez de Obispo del Valle, Mary Salas y Pura Salas, quisieron saber cómo vivían, cómo pensaban, cómo estudiaban, cómo trabajaban, cómo amaban, cómo sufrían o cómo se divertían las jóvenes que vivían en la capital de España.

Para ello, crearon lo que denominaron el Seminario de estudios sociológicos femeninos, dentro del cual se propusieron hacer una encuesta a mujeres jóvenes de Madrid, en cuya elaboración y posterior análisis fueron ayudadas, entre otras personas, por Salustiano del Campo y Luis González Seara, los dos primeros directores/presidentes del IOP/CIS.

Los resultados obtenidos vienen a visualizar la sociedad en la que se vivía en ese momento, y el papel que las mujeres tenían en la misma:

  • Ante la pregunta: ¿Te parece bien que la mujer casada trabaje fuera del hogar? Un 48,12 por ciento afirmaba que si o si con reparos. Un 42,11 por ciento, no o no, con ciertas condiciones: y un 8,52 por ciento, depende. Hoy casi diez millones de españolas trabajan fuera de casa.
  • Ante la pregunta: ¿Es el matrimonio la meta ideal de tu vida? Un 69,18 por ciento afirma que si/es una de mis metas. Un 22,06 por ciento, no. Y un 2,01 por ciento, otras: ahora sí, ahora no, el amor si, etc.

  • Ante la pregunta: ¿Te casarías si tu novio te advirtiese que no quería tener hijos? Un 74,44 por ciento no. Un 19,5 por ciento, sí. Y un 6,52 por ciento, sin respuesta. Hoy tenemos una de las natalidades más bajas del mundo.

De esa España de las mujeres sin derechos, se ha pasado a un país donde el 96,1 por ciento de cree que la igualdad entre hombres y mujeres contribuye a hacer una sociedad más justa. El cambio es sustancial, aunque hay que acelerar para que sea más real en la vida cotidiana de todas las personas.