Es una historia inquietante, que incluso llega a producir zozobra y un cierto malestar según avanza la novela cuando inevitablemente la cara más dura e inflexible de la naturaleza humana se muestra sin adornos, tal como es. Pero se descubre también a los valientes, a las personas dignas, que sin temor a lo que les pueda pasar no dudan en su empeño y protegen y salvaguardan, aunque sean conscientes de que esa actitud les pueda salir muy cara.

‘La marca del meridiano’ recorre en sus cerca de cuatrocientas páginas las diversas dimensiones de nuestra esencia, nuestros contrastes, nuestras contradicciones, las dobles vidas, aunque en apariencia todo parezca normal, a pesar de que nuestro entorno sospeche y calle. Y calle por inercia, por temor, por no reconocer la evidencia y por no sufrir.

Les recomiendo su lectura, discurrirán con verosimilitud por la investigación policial en nuestro país, por los problemas del día a día de los servicios de seguridad del Estado y por lo que a buen seguro se enfrentan regularmente: la codicia y la crueldad sin límites, en definitiva, la vileza en su máxima expresión.