“La mejor oferta” cuenta la historia de un marchante y subastador de arte, Virgil (Geoffrey Rush, impresionante actor australiano que tiene en su haber un Óscar, dos Globos de Oro, tres BAFTA, cuatro del Sindicato de Actores, un Emmy y un Tony y que en esta película despliega todo su arte interpretativo para bordar un papel que le viene como anillo al dedo) , solterón empedernido, adinerado y maniático que está obsesionado por la perfección. Colecciona retratos de mujeres de los mejores pintores, que guarda en una sala solo para sus ojos.

El guión gira en torno a un hecho que se presenta a los ojos de Virgil con mucho atractivo: la subasta de todo el contenido de una mansión. Virgil accede a organizar la subasta, a pesar de las dificultades iniciales, tanto por el dinero que puede ganar con ello, como por el misterio que rodea a la joven heredera que quiere vender todos los recuerdos de la familia.

Virgil cuenta con la ayuda inestimable de Billy (papel interpretado, también de forma magistral, por Donald Sutherland) para conseguir sus retratos de mujeres haciendo trampas en las subastas que él organiza. Este personaje, que parece secundario, es clave en la película y conviene seguir bien sus pariciones para no perderse nada y atar el argumento al final del film.

Virgil está considerado en el mundo del arte el más grande de los subastadores, con una reputación tremenda, de la que se aprovecha para hacer sus propios negocios repartiendo algunas migajas a su “ayudante” Billy, que a su vez es un pintor de poco talento dedicado a las copias de los grandes maestros.

La dirección y el guión de esta película son de Giuseppe Tornatore, un magnífico director de cine italiano que se recuerda con mucho agrado por su película “Cinema Paradiso”. Este film, sin ser tan extraordinario como aquel, es una buena película, muy bien realizada, con actores excelentes bien dirigidos, con una fotografía espectacular (los italianos son unos maestros de la ambientación y de la iluminación, y en esta película se crecen) y una música que envuelve al espectador en la historia y le abstrae (como no podía ser menso, ya que la partitura es del maestro Morricone). Además, el guión conduce a los espectadores hasta el final sin pestañear por lo que parece una historia de amor, esa clase de amor que es capaz de liberar a las personas de sus miedos y de sus miserias, y cuando estamos entregados a esa historia de amor, Tornatore nos despeña por un abismo en el que nada es lo que parece.

Recomiendo esta película porque es un producto de cine clásico, bien acabado, donde todo está en su sitio, es una película bien hecha, bien dirigida, bien interpretada, que mantiene un ritmo cuidado en el que se van dosificando los acontecimientos hasta el final –un final que sorprende sobre manera- con mucha maestría.