Hace apenas dos meses escribí en esta misma revista sobre la designación de varios Vocales del Patronato del Museo Nacional del Prado que procedían todos de las sociedades cotizadas en el IBEX, sin que en paralelo se hubiera nombrado a ningún representante de procedencia sindical, como si en los Museos públicos hubiéramos de aplicar las mismas reglas que se aplican en los Museos de Estados Unidos (“La penetración de lo privado en el Museo del Prado”, Sistema Digital, 8 de febrero de 2017). Lo que no suponía es que pocas semanas después se iba a producir un hecho similar pero, a mi juicio, bastante más grave.

El B.O.E. del 26 de marzo publicó la Orden EDC/263/2017, de 22 de marzo, por la que se nombran Vocales del Real Patronato del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. De los seis Vocales nombrados cinco lo son en representación de lo más florido del IBEX (Abertis, Inditex, MAPFRE, Fundación Mutua Madrileña y Telefónica). A diferencia de la Orden ministerial relativa al Museo Nacional del Prado, los Vocales del Real Patronato son las empresas, no sus representantes. Este nombramiento suscita tres cuestiones que merecen comentarse: la legalidad de nombrar como Vocales de un Museo nacional a personas jurídicas, la oportunidad de estas designaciones y el sentido del propio Patronato.

El Real Decreto 188/2013, de 15 de marzo, por el que se aprueba la Estatuto del Museo Nacional, adoptó el régimen de este centro al nuevo estatuto de Organismo Público que le otorgó la Ley 34/2011, de 4 de octubre. Dictado el nuevo Estatuto en plena vorágine contra lo público del Gobierno popular, esa fobia a lo público se notó en la posibilidad de nombrar Vocales del Patronato a personas jurídicas (recte, empresas privadas) que se hayan distinguido por sus servicios o ayudas al Museo. La previsión es criticable porque por una pequeña aportación desgravable se otorga a las empresas la posibilidad de influir en la marcha del Museo.

Da la casualidad de que la pasada semana el muevo Director del Museo Nacional del Prado, en su primera comparecencia, señaló, sin satisfacción, que los visitantes madrileños del Museo proceden de unos pocos distritos postales, que es un eufemismo para expresar que sólo las clases medias visitan el Museo, es decir, que los Museos siguen teniendo en España connotaciones sociales en cuya virtud las clases populares no frecuentan esta clase de centros.

Y para corroborarlo, cinco empresas del IBEX (o sus fundaciones, que tanto da) se sientan en el Patronato del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. ¿Qué relevantes aportaciones económicas han hecho al Museo Nacional? La Orden ministerial no lo dice, Tampoco lo dice la Resolución de 20 de julio de 2016 (B.O.E., núm. 184, de 1 de agosto de 2016) que publicó las cuentas anuales del ejercicio de 2015 y que se limita a señalar 1.865.000 euros de patrocinio. Si los han aportado las nuevas empresas-Vocales salen a una media de 373.000 euros, que sin duda no provoca la ruina de la empresa.

Hay que insistir en que el modelo del Patronato elitista y empresarial para los grandes Museos está obsoleto. Hay que buscar Patronatos más representativos de la sociedad. Como escribí hace dos meses aquí mismo, si hay empresarios en los Patronatos de los Museos debe haber también representantes de los sindicatos y también trabajadores del centro y profesores propuestos por la Conferencia de Rectores, no profesores dóciles elegidos discrecionalmente. De lo contrario, se da una imagen de arte de élite que no es admisible en estos tiempos.

En realidad, lo que empieza a resultar anacrónico es la gestión de los grandes Museos a través de Patronatos. ¿Qué aportan los Patronatos a los Museos? A mi modo de ver, no aportan nada pero pueden ser muy dañinos si el Presidente del Patronato no colabora plenamente con el Director, como ha ocurrido más de una vez. No vendría mal que se empezara a debatir sobre las formas más adecuadas de gestionar los grandes Museos para que sirvan a su fin primordial que es transmitir cultura a todos los ciudadanos y no a una minoría.