Según informaba El País del 28 de febrero, el 2 % de los residentes del Distrito de Hortaleza ha decidido que el Parque de Felipe VI pase a denominarse Parque Forestal de Valdebebas. En el hecho concurren dos circunstancias preocupantes que empiezan a darse con frecuencia en los Ayuntamientos de mayoría populista: las consultas pseudo-democráticas y el enfrentamiento con la Corona.

En el Ayuntamiento de Madrid están muy contentos con un proceso de consultas a los ciudadanos donde suscitaban temas menores que, uno por uno, afectan a franjas poco numerosas de la población o, por su generalidad y obviedad, constituyen brindis al sol. Votar que Madrid sea cien por cien sostenible, que la Gran Vía tenga más pasos peatonales o que las aceras de esta avenida se amplíen es, dicho con claridad, una tomadura de pelo. Lo es, en primer lugar, porque una votación de 212.000 personas sobre una población con derecho a voto mucho más amplia (en las elecciones municipales de 2015 votaron 1.642.898 personas) es poco representativa. En segundo lugar porque los temas suscitados son bastantes irrelevantes (por generales) o demasiados localizados en un barrio.

Pero sobre todo, dado que no son cuestiones sobre las que haya que decidir a vida o a muerte, la sensación que se tiene es que el Ayuntamiento quiere rehuir responsabilidades. El Ayuntamiento que preside la señora Carmena no quiere ver que ha sido votado (con una mayoría escasa, por cierto) para que gobierne. No distinguen entre la democracia representativa y la democracia directa, que hoy es difícil aplicar salvo en comunidades muy pequeñas. Los Concejales que gobiernan el Ayuntamiento de Madrid deben afrontar ante sus electores las consecuencias, positivas o negativas, de sus decisiones. Si se sienten republicanos, que propongan una reforma constitucional a través del Grupo Parlamentario de Podemos en el Congreso

El segundo problema de estos populistas es su desprecio infantil hacia la Corona y hacia su titular. No dudo del gesto untuoso del Ayuntamiento que presidía Ana Botella al bautizar con el nombre del Rey actual un Parque. Pero una vez aprobada la denominación nueva, y aprobada además por un Ayuntamiento legítimo, parece descortesía institucional y una pequeña ofensa al Jefe del Estado. Los dirigentes municipales se sentirán muy realizados como republicanos pero olvidan que los gestos infantiles no refuerzan las convicciones republicanas de los ciudadanos, porque la mayoría de la población madrileña no es republicana aunque tampoco tenga convicciones monárquicas.

El problema de los populistas nucleados por Podemos es que no tienen una visión real de lo que es la política. Formados en una ideología ultraizquierdista poco sedimentada y menos aún realista, se mueven con fantasías y arquetipos. El caso de los referenda es muy significativo. Un referéndum, bien planteado y referido a un tema de gran importancia, puede ayudar a resolver situaciones enfrentadas y enquistadas. Pero no se puede banalizar con preguntas generalistas y poco precisas. A fortiori cuando vota el veinte de la población (con el censo en la mano, probablemente muchos menos).

Mientras el Municipio de Madrid sigue con los graves problemas heredados de los Gobiernos municipales de derechas, el Ayuntamiento populista se enzarza una y otra vez en cuestiones secundarias, frívolas (las neo-corralas o las madres de los niños quitando el puesto de trabajo a quienes trabajan en los colegios, que son brillantes e innovadoras propuestas de la Alcaldesa Carmena) y siempre ideológicas que nos hacen olvidar su poca capacidad de gestionar una ciudad que lo es de todos los ciudadanos y no sólo de los de extrema izquierda. El problema es que algo similar ocurre en Zaragoza o en Barcelona, de modo que las grandes ciudades españolas han pasado a estar gobernadas por grupos doctrinarios incapaces de entender lo que es la gestión pública.