El pasado 9 de septiembre se produjeron triples elecciones en Suecia: generales, municipales y a los consejos de condado (un híbrido entre regionales y lo análogo a nuestras diputaciones provinciales). El 14 de septiembre se dieron a conocer los resultados definitivos, tras contar las 200.000 papeletas del voto exterior y, en definitiva, éstos son los datos de estas elecciones para un parlamento con 349 asientos, cuya mayoría absoluta se queda en 175 y habiendo conseguido un abrumador 87,1% de participación.

Los socialdemócratas obtienen 100 escaños (28,3%); los moderados, 70 (19,8%); los ultraderechistas, 62 (17,5%); los centristas, 31 (8,6%); el Partido de la Izquierda, 28 (8%); los democristianos, 22 (6,3%); los liberales, 20 (5,5%) y los verdes, 16 (4,4%). Los verdes, presentes en el gobierno de la legislatura 2014/2018, han estado a punto de bajar del 4% del umbral necesario para tener representación parlamentaria, tal y como adelantábamos en el artículo publicado en Temas para el Debate, “Suecia vuelve a las urnas: ¿quién gobernará?”.

Haciendo la división entre los bloques de la izquierda y la derecha, el Bloque rojiverde (conformado por los socialdemócratas, el Partido de la Izquierda y los verdes) reciben 144 escaños en el Riksdag.

El Bloque La Alianza (conformado por los Moderados, el Partido del Centro, los democristianos y los liberales) reciben 143 escaños, en un resultado más que ajustado entre los bloques.

El partido ultraderechista Demócratas Suecos (SD) no está integrado en ningún bloque y con sus 62 escaños, queda muy por debajo de sus expectativas iniciales y ocupando la tercera posición. Las encuestas marcaban una tendencia preocupante con el ascenso imparable de la ultraderecha, liderando durante varios meses la segunda posición y habiendo sido el primer partido en tendencia de voto durante 2017.

Los socialdemócratas pierden votos y escaños, con casi 2,5 puntos menos respecto a las elecciones de 2014 pero siguen siendo el partido que, una vez más, vuelve a ganar las elecciones. Los resultados históricos de Tage Erlander y de Olof Palme consiguiendo el 50,1% de los votos quedan ya lejos en el tiempo, como también el 34,9% de los votos que consiguieron los socialdemócratas en 2006, año en el que perdieron el gobierno nacional al ganar el bloque de la Alianza, estando en la oposición hasta 2014.

El bloque de izquierdas supera ligeramente al de la derecha dejando a los ultras fuera de los bloques por su resultado por debajo de lo esperado (los moderados y los democristianos se descabalgan así de posibles acuerdos con ellos, acuerdos que han rechazado de entrada los centristas y liberales).

El siguiente paso es que el presidente del parlamento inicie los contactos con los candidatos de los nueve partidos y proponga a un candidato. El 24 de septiembre será la votación, con la elección del primer ministro, no necesitando obtener una mayoría absoluta (175 escaños); le basta con no tener una mayoría en su contra. Si fracasara, se puede designar a otro aspirante y ante su hipotético fracaso, Suecia podría verse abocada a nuevas elecciones.

Con estos resultados, nos hacemos las siguientes preguntas:

¿Posible voto oculto?

En 2017, las encuestas publicadas en los principales medios de comunicación del país llegaban a dar la victoria a la ultraderecha sueca. Es más, la firma internacional de investigación YouGov ha llegado a mostrar esa tendencia favorable hasta el mes de mayo de 2018. Ya en el promedio de las últimas encuestas, los socialdemócratas quedaban en una horquilla entre el 24/25%, con una diferencia de unos 4 puntos por debajo del 28,3% que finalmente han obtenido. Caso similar representa la ultraderecha de SD, indicando las encuestas un posible resultado entre el 20/21% y logrando un resultado del 17,5% de los votos, también con una diferencia de 4 puntos pero en este caso a la inversa.

Curioso fenómeno sociológico éste, dada la cultura política del país de lo “políticamente correcto” y del voto oculto que tradicionalmente tiene la derecha, en un país de clara cultura política predominante a favor de la socialdemocracia; máxime cuando Demócratas Suecos (SD) representan la opción más extrema de la derecha, con mensajes muy negativos sobre la idoneidad del modelo del Estado del Bienestar, su crítica a la política inmigratoria que tanto consenso ha generado durante décadas (es el requisito principal de la ultraderecha para apoyar o no al Bloque del centro derecha de la Alianza contra los socialdemócratas) y su clara apuesta porque haya un Swexit, un Brexit a la sueca, para salir cuanto antes de la Unión Europea. Que en esta ocasión el “voto oculto” que se reflejaba en las encuestas haya sido finalmente favorable en las urnas a los socialdemócratas y no a la ultraderecha debe ser analizado en clave de crítica interna socialdemócrata, que con su 28,3% mejora los malos augurios de los sondeos, pero encaja su peor resultado desde 1911. Diversos politólogos sostienen que “la mitad de antiguos votantes de la izquierda han abrazado las ideas de los Demócratas Suecos”. (En estudios publicados por N. Aylott, politólogo de la Universidad de Estocolmo).

¿Se acabó el fair play  en Suecia?

Los moderados vuelven a ser el segundo partido mayoritario en Suecia. Su líder, Ulf Kristersson, se ha pasado semanas defendiendo la posibilidad de acercamiento con el partido de la ultraderecha, cuando las encuestas situaban a los moderados en tercera posición. Ahora, con casi el 20 por cien a su favor y conocedores de que el tradicional “juego limpio” sueco puede castigar cualquier opción de poder que se conceda a la ultraderecha, igualmente se abstendrán de bloquear cualquier posibilidad de que los socialdemócratas lleguen a acuerdos, presentándose frente a un dilema: ¿rompen su promesa posterior de no pactar con la ultraderecha o rompen con su promesa de echar al primer ministro socialdemócrata?

Parece claro que los moderados no van a ayudar a los socialdemócratas a revalidar su mandato, pero vemos que ha habido un giro discursivo en ellos, que en campaña llegaron a sostener que la ultraderecha del SD “no son los de antes”, “ya no quedan nazis dentro” y que un buen político tenía que tender puentes «con todos» (claro guiño a la ultraderecha). Ese juego peligroso lo jugaron sufriendo durante dos años encuestas muy desfavorables a los moderados y temiendo así quedarse fuera del tablero.

La negativa de los moderados en apoyar a los socialdemócratas, incluso hablando de posible moción de censura en el futuro, ilustra la dificultad y los juegos de equilibrios que ambos bloques deberán hacer para arrancar el nuevo curso político. Ha existido consenso político para descartar pactar con cualquier posición euroescéptica y anti-inmigración, aunque parece evidente que los 62 diputados de la ultraderecha querrán permitirse influenciar en los dos bloques.

El primer ministro Löfven advertía durante la noche de las elecciones de que Demócratas Suecos son un partido extremista y racista, “un nazismo del siglo XXI” y no tendrán influencia sobre el Ejecutivo, como no entendería la influencia que “otros partidos” quisieran dar a la ultraderecha. La campaña electoral la inició con el discurso del miedo e informando sobre injerencias interesadas en intentar debilitar a la UE a través de Suecia, aunque ya en los días últimos de campaña los socialdemócratas situaron estas elecciones en un referendo “sobre el sistema de Bienestar y sobre la decencia”.

A pesar de la importancia concedida a la inmigración en esta campaña electoral, las diversas encuestas publicadas por la consultora de investigación Kantar Sifo han mostrado datos constantes en la población encuestada en 2018: la asistencia sanitaria, la vivienda y la educación están por delante de la inmigración en las preocupaciones de los ciudadanos.

¿Quién gobernará?

El bloque de la izquierda, al obtener 144 escaños y el bloque de la derecha, al obtener 143, necesitan tirar de toda aritmética posible para alcanzar los 175 diputados que les pueda asegurar una mayoría suficiente que no esté en contra de la investidura del primer ministro.

En el Bloque Alianza, moderados y democristianos se han mostrado más favorables a aceptar los votos o la abstención de los Demócratas Suecos para llegar al poder. De ahí que el ultraderechista Åkesson les haya recordado que los tres partidos suman 155 escaños, más que la izquierda (socialdemócratas, Partido de la Izquierda y verdes).

La intención de los moderados ha quedado clara con respecto a no ayudar a la reelección del socialdemócrata Löfven como primer ministro. Centristas y liberales han dado públicamente su apoyo a los socialdemócratas para conseguir su mayoría necesaria para no ser rechazado Löfven por la posible suma de moderados, democristianos y ultraderechistas en su contra, que sumarían esos 155 escaños.

Como vemos en este gráfico distribuido por varios grupos de comunicación y de redes sociales y con fuente en “Svenska Dagbladet”, los “rödgröna” (literalmente, bloque “rojiverde”), suman 144 escaños. A continuación, se hace alusión a “la gran coalición”, (“den långa bryggan”) y aquí se incluye a los socialdemócratas, Partido de la Izquierda y verde y los centristas y liberales, que han mostrado su apoyo al primer ministro). “Alliansen” es el bloque del centro-derecha, que suma 143 escaños, un escaño por debajo del bloque “rojiverde” y en último lugar, la otra hipótesis, “Åkessons dröm” (el sueño de Åkesson, el líder ultraderechista), que sumando con moderados y democristianos quedarían en 155 escaños, lejos de los 175 escaños de la mayoría absoluta.

Fuente: Svenska Dagbladet (14/09/2018)

En conclusión, todo parece indicar que el primer ministro socialdemócrata seguirá siendo primer ministro gracias a los partidos del bloque de la izquierda y gracias a la mano tendida de los centristas y liberales para llegar a acuerdos puntuales. La izquierda, en estas elecciones, de nuevo ha conseguido ser la primera opción entre las mujeres, jóvenes y población a partir de los 65 años y con estudios medios-altos, funcionarios y mandos centrales industriales, mientras que los hombres de edad a partir de los 40 años, de estudios bajos-medios y mayoritariamente de profesiones liberales se han decantado por opciones conservadoras.

Con Löfven como primer ministro, las políticas del Estado del Bienestar pueden continuar siendo una garantía, en un país que ha quedado menos afectado por la crisis económica que otros países vecinos. Una vez más, la socialdemocracia sueca ha resistido.