La denominada “segunda fase” de la guerra de exterminio de Israel en Gaza (de Hamas, según el relato oficial; en verdad, del pueblo palestino que allí malvive o muere) y la crisis política en Francia se disputan el interés internacional de este turbulento inicio de año. Por diferentes que sean ambos asuntos -en alcance, en propósitos, en protagonistas- reflejan contradicciones  y tensiones que auguran una difícil salida.

ORIENTE MEDIO, EN COMBUSTIÓN CONTROLADA

El Secretario de Estado norteamericano ha alertado del peligro de una “metastización” de la guerra, en referencia implícita a una escalada que convierta las escaramuzas en la frontera líbano-israelí en una conflagración abierta, a la que se añadiría la intensificación de las actuaciones de los proxies de Irán en Yemen, Siria, Irak, Mar Rojo, Cisjordania, etc. (1). Se trata de un mensaje clásico de la diplomacia americana, aunque haya dudas del control real que ejerce Irán sobre esas fuerzas (2). Por no hablar de una falta de predisposición de los ayatollahs a dejar que la crisis desemboque en una conflagración generalizada (3).

Con sus idas y venidas a la región desde octubre, Blinken está emulando la diplomacia viajera de Kissinger hace cincuenta años, luego replicada por mucho de sus sucesores en el cargo. En cierto modo, Estados Unidos hace de pirómano y de bombero en Oriente Medio. De pirómano, al respaldar a Israel en sus políticas de “tierra quemada” para garantizarse una seguridad imposible; y de bombero, al afirmar su condición de único poder capaz de establecer las reglas de la guerra (de las guerras), sus ritmos, sus pausas, sus condiciones, su relato y, como escribe Stephen Walt, sus soluciones casi imposibles (4).

Tras tres meses de castigo brutal y criminal en Gaza, Israel dice ahora que es tiempo de pasar a otro tipo de operaciones más selectivas. Justo lo que Washington le pedía desde hace al menos dos meses. Por supuesto, el mando militar y político en Israel no admite que actúa por indicación de su protector norteamericano, pero tampoco replica estas convenientes interpretaciones en los medios afines.

Israel dice haber acabado casi completamente con Hamas en el norte de la franja y destruido prácticamente su infraestructura de túneles y redes de mando, salvo bolsas de resistencia que no durarán mucho (5). El  Ejército ha reducido a la mitad su fuerza expedicionaria en Gaza (de 360.000 a 170.000 hombres, más o menos), por motivos no sólo militares, también económicos. La economía israelí se empieza a resistir de un drenaje tan enorme de reservistas (6).

De eso que en otras guerras se llamaba cínicamente “daños colaterales” (los civiles, o sea la mayoría de las víctimas) poco o nada dice. Eso se lo deja a EE.UU, para que contrarreste una opinión mundial escandalizada pero impotente ante la tragedia. El Sur global y buena parte de la izquierda occidental no aceptan el relato indulgente de Washington. Suráfrica lidera una iniciativa para llevar a Israel ante el Tribunal de Ginebra por presunto delito de genocidio. Es muy significativo que un de los países que se haya adherido sea el Reino de Jordania, aliado histórico de Estados Unidos en la región y con un Tratado de paz con Israel desde hace treinta años.

En estas circunstancias, el “giro” en la guerra apunta al recurso preferente del “brazo largo”; es decir, las actuaciones selectivas y “audaces” contra eso que en Israel llaman la “cabeza de la serpiente”: los líderes “terroristas” más buscados. Ya ha “cazado” a uno de los líderes políticos de Hamas, Saleh Al Aruri,  en un barrio de Beirut, y  a tres comandantes de Hezbollah, incluido el veterano Wissam Tawil, todos ellos en el sur de Líbano. “Piezas mayores” que se unen a los 8.000 milicianos de Hamas que las IDF (Fuerzas de Defensa) dicen haber matado en Gaza desde primeros de octubre. Washington se siente cómodo con estas operaciones, que considera “proporcionadas”. Pero, claro, en el endiablado entramado civil y militar de Gaza, esas tácticas de “guerra quirúrgica” son casi imposibles. Así que, en el sur de la franja, seguirá la masacre, aunque la atención se comparta con esas otras acciones individualizadas que provocan menos rechazo internacional. Al cabo, siempre es menos dramático contar los muertos por unidades que por decenas cada día, hasta superar los 23.000, a la hora de escribir estas líneas. La devastación humana y social no encuentra comparación, según muchas fuentes independientes, incluyendo a un creciente número de norteamericanos como Peter Beinart, que no compran el discurso oficial (7).

En las sutilezas diplomáticas que sofocan la tragedia de Gaza juegan un papel incómodo los aliados árabes de Washington. A ninguno de ellos le viene mal que ese mantra de la aniquilación de Hamas, pero el precio que se ha puesto a la carnicería resulta muy caro y nada tragable para sus poblaciones, que mantienen una actitud de simpatía telúrica hacia la causa palestina. Estados Unidos corteja a estos estados cómplices para embalsamar el cadáver de los derechos palestinos tras la guerra. En otras palabras, que paguen el gasto de la reconstrucción y de una administración de circunstancias en la franja del futuro, conformada por “tecnócratas”, se dice. En claro: palestinos formados en universidades norteamericanas o europeas que mantengan currículums impecables de respeto (¿servilismo?) hacia Israel y los intereses occidentales.

Pero ni siquiera este escenario de una domesticada administración palestina es aceptado por un sector del actual gobierno de unidad nacional en Israel, que es, en realidad, una coalición de todas las derechas. Netanyahu utiliza el rechazo visceral de los ultras religiosos a cualquier amago de cooperación con una Autoridad Palestina, a la que ve como un lobo con piel de cordero, por muy desacreditada que esté entre su propia población (8). Los moderados, a quienes la prensa occidental tilda muy generosamente de “centro-derecha”, se aferran al impostado discurso americano de  “los dos Estados”, sabedores de que ya esto es ya una ficción completa. Es sabido que la izquierda se diluyó en la marginalidad política hace ya años. Un sector se ha refugiado en testimoniales aunque muy activas organizaciones cívicas.

FRANCIA: A MACRON SE LE ACABA EL TIEMPO

En Francia, la “masacre” política del nuevo año lleva nombre de mujer (Elisabeth Borne), pero sobre todo título propicio, el de Jefe/a de Gobierno. El fusible político de la V República ha vuelto a saltar para salvar del incendio al Eliseo. Es una constante desde 1958.

En esta ocasión, la crisis se ha salido un poco del guion versallesca en que suele presentarse al público. Borne ha hecho oídos sordos a los elogios de despedida de su Jefe y ha hecho inútil la hipocresía de presentar como dimisión lo que todo el mundo sabe que ha sido un cese. En efecto, utilizó el término il faut que, traducible por “es preciso que” o “me veo obligada a” presentar mi dimisión. Fórmula polite que recuerda mucho a la empleada por Rocard, al dejar Matignon en 1991, forzado entonces por Mitterrand. Poco o nada ha importado que Borne proviniera de la facción tecnocrática no militante  del Partido Socialista (como su Jefe, mutatis mutandis).Un consejero del Eliseo  citado por LE MONDE comentaba que Borne empezó su mandato como Jospin (en la izquierda) y lo ha terminado como Rocard, entonces cabeza visible de una izquierda reformista (9).

Borne ha hecho el gasto a conciencia. No tuvo más remedio que quemarse en los debates políticos, parlamentarios, sociales y callejeros de la reforma de pensiones. Más tarde, vendió su alma en la batallas siguiente sobre la reforma migratoria. Tuvo que lidiar ambos asuntos desde la minoría parlamentaria y la gresca interna en un gobierno que coordinaba pero no presidía, plagado por la lucha de facciones y las peleas particulares de los gallos sucesorios. En menos de dos años en Matignon ha tenido que recurrir en más de una veintena de ocasiones al artículo 49.3 de la Constitución (decreto-ley) para salvar los proyectos gubernamentales. Con el desgaste que eso le ha acarreado.

Macron ya se había decidido hace tiempo por un giro a la derecha en la práctica, sin renunciar a su dialéctica reformista de centro. No le queda otra para culminar su quinquenato final. Como primera medida, se dispone a un nuevo rendez-vous con los franceses, una fórmula retórica muy francesa que encanta a este Presidente, maestro en el arte de situarse au dessous de la melé. Por encima de los partidos, de la política minúscula. Casi nadie se lo cree ya: su popularidad está en el 27%, sólo unos puntos más que Borne antes de la ceremonia sacrificial.

Así las cosas, el Macron recurre al regate en corto (el cambio de gobierno) para activar el largo brazo del Eliseo en una conducción más personal de la política con mayúsculas. Ese será el relato. Pero pronto tendrá que afrontar otro regate mucho más complicado, porque sus oponentes se han dispuesto en la férrea defensa de la contestación electoral. Los comicios europeos de junio pueden consagrar de nuevo a Marine Le Pen como presidenciable, por mucho que todo el mundo sepa que se trata de dos ambiciones muy distintas.

En 2027, Macron ya no podrá ser candidato. Tiene sentido que haya escogido a Gabriel Attal. A sus 34 años, es el primer ministro más joven de la V República. Un alarde de esa audace (audacia) que tanto pregona como inspiración de sus actuaciones el líder francés. Attal se configura como un alter ego del Presidente, su potencial sucesor, según los cabalistas políticos en París (10). En la V República, sólo dos primeros ministros llegaron con el tiempo a ser Presidentes: Georges Pompidou y Jacques Chirac, ambos gaullistas de pura cepa. Pero, atención, ninguno de ellos saltó directamente de Matignon al Eliseo. El salto a la gloria es proceloso.

Attal se sitúa a la izquierda del entramado macronista. Lo que resulta muy apropiado para compensar una política cada vez más derechista. En el centro estará siempre Macron como guía y faro de las reformas. La maniobra suena a brazo largo, pero tanto y tan prematuro que corre el riesgo de diluirse en la bruma de los próximos meses. No en vano, a Matignon se le conoce como el “infierno” en los cenáculos políticos galos.

NOTAS

(1) “From Lebanon to Read Sea, a broader conflict with Iran looms”. DAVID SANGER y STEVEN ERLANGER. THE NEW YORK TIMES, 7 de enero.

(2) “As Middle East crisis grows, does Iran have control of its proxy forces?”. PATRICK WINCOUR. THE GUARDIAN, 6 de enero.

(3) “L’ Iran ne veut pas d’ un embasement général du conflit, mais devra pourtant riposter”. AMÉLIE ZACCOUR. L’ORIENT LE JOUR, 5 de enero.

(4) “5 reasons the Israel-Palestine conflict won’t end any time soon”. STEPHEN M. WALT. FOREIGN POLICY, 8 de enero.K

(5) “L’ armée israelienne afirme avoir démantelé la structure militaire du Hamas dans le nord de la bande de Gaza”. LE MONDE, 6 de enero.

(6) “Not day after, day during: Blinken visits Israel”. DAVID MAKOVSKY. THE WASHINGTON INSTITUTE, 8 de enero.

(7) “What will happen to Gaza’s People”. PETER BEINART. THE NEW YORK TIMES, 7 de enero.

(8) “Can the Palestinian Authority govern Gaza?”. DANIEL BYMAN (Centro de Estudios estratégicos de Georgetown). FOREIGN AFFAIRS, 4 de enero.

(9) “Emmanuel Macron congédie Elisabeth Borne pour relancer son second quinquennat”. CLAIRE GATINOIS. LE MONDE, 9 de enero.

(10) “Gabriel Attal en Matignon: les coulisses d’une nomination disputée”. CLAIRE GATINOIS. LE MONDE, 10 de 2024.