Se pueden destacar tres componentes en la obra de Piranesi: la vocación arquitectónica, la pasión por la arqueologĆa y la dedicación al āvedutismoā, aunado todo ello en Roma, con ideas para que recuperase su grandeza perdida en una masa urbana informe, acercando la antigüedad romana a sus problemas coetĆ”neos. En āPrima Parte di Architetture, e Prospettiveā (1743) expresa de forma grĆ”fica su creatividad arquitectónica, con una reflexión sobre los estilos clĆ”sicos, conjuntada con una concepción ideal de la arquitectura de su Ć©poca aƱadiendo el dinamismo y la perspectiva escenogrĆ”fica del cĆrculo de los Bibiena.
Familiarizado con los āScherzi di fantasiaā de Giovanni Battista Tiepolo y con la afición de Canaletto a insertar lĆneas arquitectónicas en la trama urbana, su taller de Roma fue una exitosa alternativa a las vistas de ciudad en pintura, alcanzando con sus grabados una calidad envidiable por sus competidores. AdemĆ”s de la tĆ©cnica se valoraba el tratamiento expresivo que cobraba la imagen, la relevancia del monumento lograda en la elección del punto de vista, su fidelidad visual y encuadres originales. Su serie āVedute di Romaā (h. 1745-46) fue la mĆ”s buscada, varias veces reimpresa y ampliada, afianza el Ć©xito del vedutismo ejemplificado por Vasi y Valeriani, un mercado aumentado por el Grand Tour.
Entre 1745-55 buscó ruinas y realizó excavaciones dibujando planos y obteniendo datos para sus polĆ©micos argumentos teóricos: āLe AntichitĆ Romaneā de gran poder evocador, superando tĆ©cnicamente los grabados de Vasi, combina teorĆa y testimonio arqueológico, empirismo cientĆfico e imaginación. Un proyecto ideal de ilustración, de utilidad y belleza constitutivas de la tectónica romana donde la Antigüedad establecida sobre inquebrantables machones (āfondamenta soterraneeā), deviene un permanecer siempre. A modo de entender de Luigi Ficacci (āPiranesi. CatĆ”logo completo de grabadosā) con el grabado reivindica aquellas ruinas restaurando su autoridad histórica. Dramatizada hegemonĆa de las ruinas que servĆan como fuentes de obras de arte para las colecciones papales, interesados en la gloria del catolicismo, a travĆ©s de la suya propia, a costa de la grandeza de la Antigüedad. En āAntichitĆ ā basa su mĆ©todo arqueológico y derivarĆ”n de aquĆ otros posteriores estudios donde no abandona su tesis que otorga la primacĆa a la arquitectura romano-etrusca sobre la griega (ya desde su juventud con su tĆo Matteo Lucchesi), a lo que une su apasionamiento por el trabajo de campo, para refutar las tesis de Winckelmann en defensa del arte griego, que prolonga en āOsservazioni sopra la lettre de M. Marietteā y āParere sullāarchitetturaā, 1765.
āDella Magnificenza ed Architettura deāRomaniā (1761) como continuación de āAntichitĆ ā es una recapacitación sobre el papel que debe seguir cumpliendo Roma, busca un modelo ideal para una ciudad nueva con raĆces en la antigua, con estampas que combinan la solidez arqueológica con la empatĆa del pasado perdido; asĆ āIl Campo Marzio dellāAntica Romaā (h. 1762), como imagen del poder civil semeja un collage topogrĆ”fico de monumentos dispersos, una comparación de la Roma moderna con la Antigüedad, que ofrece mensajes susceptibles de interpretación variada: aquel uso abierto a la juventud en la RepĆŗblica, que va degenerĆ”ndose en la Roma Imperial.
Hasta ahora, hemos hecho un recorrido por las diferentes āveduteā de la exposición, que tambiĆ©n nos permite comparar diversas vistas de Roma del XVIII, con la mirada fotogrĆ”fica actual sobre esos lugares de Gabriele Basilico, produciĆ©ndose unas correspondencias inevitables: la luz impresionada de Basilico contra la luz destilada en Piranesi. Asimismo, ver diversas maquetas y detalles fotogrĆ”ficos de Santa MarĆa del Priorato (1764-67), por fin, el proyecto que pasó a construir, y aunque las guerras napoleónicas mermaron la planta superior de la iglesia, se puede apreciar la concepción espacial y su ordenación urbanĆstica en vĆa Santa Sabina en el Aventino, con el que guarda correspondencia su hermĆ©tica y generosa ornamentación.
De otra parte, y como el subtĆtulo de la muestra indica, podemos apreciar ocho piezas y el proceso de su consecución (esplĆ©ndido trabajo de Factum Arte) a partir de diseƱos de Piranesi, cuatro de āDiverse Maniere dāadornare i camminiā¦ā (1769) y cuatro de āVasi, candelabri, cippiā¦ā (1778). En 1761 Piranesi se traslada al Palazzo Tomati en la Strada Felice (hoy Via Sistina), con taller-escuela y una estrategia empresarial con las āveduteā que le permite publicaciones por su cuenta. AdemĆ”s era anticuario, vendĆa y autentificaba piezas antiguas que habĆa restaurado, recreado y organizado en una especie de museo visitado mĆ”s que nada por turistas. Piranesi reconstruĆa a partir de fragmentos, basĆ”ndose mĆ”s que nada en su personal anĆ”lisis de la Antigüedad, reinterpretĆ”ndola con su genio inventivo, aclimatando las piezas āantiguasā al gusto del entendido. En estas piezas y diseƱos podemos apreciar su libertad creativa y densidad ornamental, un gusto rococó, como antecedente, en esta decoración a la egipcia de las chimeneas a las que se aƱade una combinación de elementos etruscos, romanos antiguos y renacentistas o el gusto piranesiano por los elementos excesivos y opulentos en la silla expuesta. La escala de vasos y jarrones era para asombrar, abrumar como en los grabados de los Bibiena donde el individuo queda empequeƱecido por esa visión del ideal clĆ”sico. En 1777 visita Paestum con su hijo Francesco y el arquitecto Benedetto Mori para reproducir los templos del lugar (esa columna dórica -sin basa- encadenada a sus lamentos), falleciendo en 1778 cuando las planchas estaban grabadas aun sin editar, lo harĆ” Francesco.
Siendo importante esta reproducción de objetos y su modo de hacerse, a nuestro juicio, la gran oportunidad que brinda esta exposición es la de poder enfrentar las cĆ”rceles de Piranesi con el vĆdeo de Gregorie Dupond, un proyecto de reproducción tridimensional que enlazarĆa con la lectura que recoge Manfredo Tafuri (āLa esfera y el laberintoā) sobre la lĆ”mina XVI (segundo estado) cuya contemplación compara a un holograma que ofrece esa tercera dimensión virtual: una mirada que nos lleva a un laberinto espacial de espĆritu veneciano, un espacio insensible a medidas temporales, que mĆ”s responde a la invención que a la mimesis. Algunos autores como Mauricio Calvesi han vinculado estas cĆ”rceles a la Carcel Mamertina, o bien a los sustratos capitolinos y arcadas del Tabularium que recuerdan mucho a algunos de los ambientes de las cĆ”rceles piranesianas, tambiĆ©n por la āterribilitĆ”ā del aspecto y por la imponencia de los oscuros bloques de piedra con los cuales son construidos. Otros autores las relacionan con los calabozos del Mausoleo de Adriano o la prisión de los Pozzi de Venecia, todas ellas demasiado angostas y bulliciosas, para el silencioso, hermĆ©tico y amplio espacio de āCarceri,ā donde la constricción no viene por la falta de espacio, sino de una apertura hacia el infinito.
En este artĆculo nos hemos referido al segundo estado de āCarceriā y en la exposición se puede comparar, en otro buen montaje en vĆdeo, los dos estados. BasĆ”ndonos en Henri Focillon, probablemente el primer historiador que sistematiza un estudio teórico sobre la obra de Piranesi (āGiovanni Battista Piranesi 1720-1778ā. Paris, Henri Laurens ed., 1918), el primer estado, con una impresión mĆ”s natural estĆ” a falta de materialidad; el segundo, disminuye los espacios blancos y aumentan rincones en sombra, se caracteriza por las bellas mordeduras y por la intensidad de su tono, con un brillo que desconcertaba a sus contemporĆ”neos. Todo se concreta, se define y tiende a buscar el efecto en el que la materia aparece desde su resistencia inflexible, donde, segĆŗn Francisco Dal Co, el saber y el tormento van unidos, una caracterĆstica de lo sublime en Burke.
La complejidad de detalles no es un desorden, las āCarcerāi son caprichos de la imaginación, fantasĆa a base de combinar la perspectiva lineal, aĆ©rea y de sombras, fuga de volĆŗmenes y de espacios que las escaleras reĆŗnen y cortan. En āCarceriā no encontramos una visión en perspectiva que proceda en profundidad sin interrupciones, es una perspectiva āa saltosā donde los espacios en vez de vincularse proceden a colisionar, choques sucesivos de espacios en ruptura (Tafuri), una vertiginosa mesura āpoliperspectĆvicaā de espacios āad infinitumā. Sus elementos no estĆ”n solo para lograr el efecto grandioso o imponente, juegan un papel en ese claroscuro: el vĆ©rtigo y el terror se deslizan a lo largo de pasillos atravesados de jarcias y mĆ”quinas, Ćŗtiles de construcción convertidos en instrumentos de tortura. Teatros en los que se ponen en escena las acrobacias realizadas por un apóstata deseoso de arrastrar a sus propios espectadores al universo de la āvirtuosa locuraā. Yourcenar tambiĆ©n nos cuenta que Elie Faure, en su āHistoria del Arteā, habĆa anotado que el autor de āCarceriā seguĆa dentro de la gran tradición del āJuicio Finalā de Miguel Ćngel, no son una prisión cualquiera: son nuestros infiernos. MĆ”s por debajo de todos los espantos reina una suerte de poesĆa severa y grandiosa.
