Aunque ya se sabe que las políticas activas de empleo (PAE) no lo crean por sí mismas, lo cierto es   que son fundamentales para la empleabilidad sostenible de miles de parados. Desde hace años, sin embargo, todos los informes de expertos y organismos internacionales   vienen denunciando la ineficacia de las PAE para recolocar a los parados españoles

Son muchas las razones para ello.  El primer problema con el que se enfrenta cualquier análisis o investigación sobre el tema, es conocer con exactitud las cuantías que se invierten, pues a las derivadas de los Presupuestos Generales del Estado (PGE), hay que sumar las aportaciones propias de cada una de las CC.AA, los programas específicos de algunos ayuntamientos y los programas  financiados desde la UE. Por ejemplo, los PGE de este año contemplan una partida de 7.405 millones de euros casi un 30% de incremento respecto del anterior presupuesto. De ellos se derivan 2.110.327 millones a las CC.AA repartidos  en este caso en la nueva estrategia española de apoyo activo para el empleo 2021/24, recientemente acordada con las  CC.AA y el consenso  de la mesa  de diálogo social.

Son cuantías que han evolucionado históricamente en función de las prioridades políticas. Mientras el Gobierno de Zapatero las priorizó en 2011, potenciando la personalización de itinerarios en la búsqueda de empleo contratando 4.000 orientadores, los Gobiernos de Rajoy las achicaron, eliminando los orientadores contratados y cumpliendo el expediente, con la mitad de presupuesto, cuando el paro estaba en la curva más alta de la crisis.

Muchas veces los datos así planteados son confusos, no nos dan la dimensión real de lo invertido, por eso resulta mucho más clarificador distribuir el gasto por los desempleados y ahí sí podemos ver cómo mientras Alemania gastó el pasado año en PAE, por cada desempleado, 4150 €; Francia gastó   2820 €; Australia 1773€; Bélgica 1949 €; Finlandia 2178 €; y España, 505 € aproximadamente.

A pesar de que se ha demostrado su ineficacia desde hace años, de lo presupuestado en los PGE, un 40% viene dedicándose a bonificaciones, subvenciones, descuentos en cuotas, a las empresas por la contratación de determinados colectivos. Somos el país de la UE que más invierte proporcionalmente en este programa.

Por otro lado, si descendemos a la ratio entre los demandantes de empleo y los trabajadores públicos en las oficinas del Servicio Público de Empleo, nos encontramos que Alemania tiene 51 demandantes de empleo/trabajador público; Bélgica, 58; Francia, 107; Finlandia, 19; y España, 188.

Si estas políticas no centran su actividad en las necesidades de los desempleados y las demandas del mundo del trabajo, algo falla en el sistema. Hacer una labor de orientación adecuada con los itinerarios necesarios para conseguir un empleo, no es tarea fácil, más con los recursos que ha habido casi siempre y las tensiones presupuestarias que los diferentes cambios políticos han originado.

Está claro que uno de los primeros problemas con que se encuentran las PAE en nuestro país es la escasez de su financiación. Primero por las ya mencionadas fluctuaciones del gasto en función de quien gobierna; segundo por el exceso de gasto en bonificaciones y tercero, por la limitada disposición de fondos para los servicios de orientación e itinerarios universales integrados con la formación, que limitan la intermediación con las empresas y la posterior empleabilidad de los demandantes de empleo.

La dispersión institucional con ayuntamientos, CC.AA y gobierno central gestionando y aportando partidas  presupuestarias  específicas, obliga a una mayor  coordinación. Eso no quita la imprescindible autonomía de las entidades locales para hacer actuaciones concretas ante las necesidades que se den en sus territorios por los parados y las empresas.

La existencia de  dos oficinas, y dos sistemas basados en unas políticas  activas descentralizadas competencialmente y las pasivas, dedicadas al desempleo, centralizada desde Madrid, se han convertido en un inconveniente superado por la mayoría de los países  de nuestro entorno, con la integración de ambas prestaciones  en una ventanilla única y la obligatoriedad  de aceptar  el desempleado, buscar un perfil adaptado a sus posibilidades, formación adecuada, orientación y tutela hasta conseguirlo.

En la mayoría de países de la Europa de los 15 se han hecho reformas para buscar una mayor adaptabilidad de las PAE a las necesidades que plantean los nuevos perfiles profesionales y las necesidades de las empresas. En ellas han tenido un protagonismo fundamental, tanto los representantes de los trabajadores como de los empresarios.

La nueva estrategia 2021/24, hace mucho hincapié en el seguimiento trimestral de la eficacia de los fondos asignados a cada una de las CC.AA. Para ello se elaborará un informa trimestral con el impacto sobre la empleabilidad de las personas beneficiarias, condicionando una parte de la financiación a los resultados obtenidos, lo cual es un paso importante, en consonancia con lo que viene realizándose en países de nuestro entorno.