Cesar Luena

Hannah Arendt en Los orígenes del totalitarismo: “Desde el punto de vista de una organización que funciona según el principio de que todo el que no esté incluido está excluido, todo el que no está conmigo está contra mí, el mundo en general pierde todos los matices, diferenciaciones y aspectos pluralistas”.

Los pasados miércoles y jueves hemos asistido, con amplias dosis de estupefacción, a la moción-provocación del partido ultraderechista VOX. Un instrumento constitucional utilizado de una forma fraudulenta que representa una falta de respeto al Congreso.

Defiendo que VOX supone una amnaza seria (a la que hay que tomarse en serio) para el sistema democrático español desde hace tiempo. Después de estos dos días de delirio reaccionario, lo reafirmo.

La experiencia de esta intrusión antisistema en forma de moción de censura nos deja dos evidencias y una estrategia oculta, cuyos objetivos se esconden.

Las evidencias son la utilización de dos recursos que la ciencia social e histórica nos ha mostrado ya en el pasado: el discurso totalitario repleto de mentiras y la apelación a la nostalgia falseada de un tiempo pretérito idílico ligado a la dictadura, que es irreal porque es inexistente.

Pero además de los recursos retóricos y nostálgicos, VOX tiene una estrategia definida con objetivos muy concretos. La estrategia se basa en la propagación del odio, de la división y del enfrentamiento y persigue introducir la aplicación práctica de sus postulados a través de la influencia en los gobiernos de los partidos de derechas y supuesto centro; esto es, en el PP y en Ciudadanos. Asistimos en consecuencia a un entrismo reaccionario.

El señor Casado y la señora Arrimadas han rechazado, votado en contra y criticado esta moción. Pero a la vez, sustentan sus mayorías de gobierno en comunidades y municipios en los votos parlamentarios de la ultraderecha.

¿Qué tiene de nuevo la situación que se configura después del debate de esta semana? La eliminación total por su parte de cualquier límite táctico, reparo estético o camuflaje estratégico. VOX es un partido de ultraderecha que persigue alterar radicalmente nuestro sistema democrático y de derecho, que persigue coartar las libertades, restringir los derechos y suprimir la pluralidad. Su programa es antidemocrático y anticonstitucional.

Por todo ello, la democracia española debe tomarse en serio esta amenaza. El Congreso ha rechazado abrumadoramente la moción-provocación, pero eso no debe suponer que nos relajemos y acumulemos una confianza excesiva que, a la postre, podría ser letal. Al contrario, debemos encender todas las alarmas.

Detrás de la puesta en escena, de los discursos y de los mensajes en las redes sociales hay una estrategia de aplicación práctica, de ejecución de políticas, que solo pueden llevar a cabo, como ya han hecho en algunos casos, de la mano del PP y de Ciudadanos, colaboracionistas insensatos de una estrategia que no desconocen, aunque queremos pensar que no comparten. Son legítimos los pactos y las coaliciones para acceder a los ejecutivos, pero las consecuencias de la entrega de PP y Ciudadanos a VOX de una enorme parcela de influencia y decisión es una amenaza de fondo, seria y consistente, para la democracia española.

Los demócratas debemos asumir el peligro que este partido supone para el pacto de convivencia forjado desde la posguerra, ampliado en los años 50 y 60 y aplicado en los 70 con la Constitución de 1978 y la incorporación a la Unión Europea en 1986.

Asumir significa que debemos actuar para reducir el espacio al máximo a este partido y limitar así su impacto político y electoral. Eso pasa por la educación, la gran arma de la democracia, la responsabilidad de los medios de comunicación (muy importante en esta coyuntura) y la aplicación de los llamados cordones sanitarios. Y también pasa por no menospreciar esta amenaza. El gran historiador Antonio Domínguez Ortiz decía que “de los escarmentados nacen los avisados”. Aprendamos y reaccionemos a tiempo, porque escarmentados ya estamos. Ni un milímetro a la ultraderecha antidemocrática.

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César Luena es Diputado socialista en el Parlamento europeo y profesor asociado de la Universidad Carlos III de Madrid