Viendo las intervenciones de algunos grupos parlamentarios, en la discusión de las enmiendas a la totalidad de los Presupuestos Generales del Estado, creo que muchos de ellos viven en Marte, o, lo que es peor, les importan un bledo los ciudadanos a los que en teoría tienen que representar.

Es evidente y respetable que, en un Parlamento tan fragmentado como el actual, existan visiones diferentes de lo que tiene que ser España, e incluso visiones que tienen por objetivo su destrucción. Pero eso es una cosa, y otra totalmente diferente es no arrimar el hombro para que los españoles puedan salir cuanto antes de la situación que padecemos con los mayores niveles de igualdad posibles.

Para conseguirlo, es importante dejar de lado tanta crispación y detenerse un momento a ver las cosas en las que se está de acuerdo, para ir avanzando en soluciones que beneficien a los ciudadanos.

Podrían formularse tres preguntas sencillas, para ir colaborando con enmiendas a los presupuestos, y finalmente decidir el voto de cara a la aprobación de los presupuestos. La primera: ¿necesita España la aprobación de unos Presupuestos Generales del Estado (PGE) para el año 2021? La segunda: ¿qué tipo de Presupuestos Generales del Estado necesita España y con qué prioridades? La tercera: ¿de dónde sale el dinero para pagar esto?

Ante la primera pregunta: ¿necesita España la aprobación de unos Presupuestos Generales del Estado (PGE) para el año 2021? La respuesta, es sí, sí y sí. Parece obvio, y tendrían que estar de acuerdo en esto todas las fuerzas políticas, que los presupuestos prorrogados del año 2018, con Montoro de ministro de Hacienda y con Rajoy de presidente del Gobierno, están superados por la realidad económica, social y política que vive España, Europa y el mundo.

Para decirlo más claro, si ya estaban desfasados los presupuestos y sus objetivos en el año 2019, en el año 2020 el impacto económico y social derivado de la pandemia del COVID-19, y las políticas necesarias para combatir la recesión y la brecha social, hace que los objetivos de estabilidad presupuestaria y deuda pública actuales estén desactualizados ante una situación como la que vivimos.

Ante la segunda pregunta: ¿qué tipo de Presupuestos Generales del Estado necesita España y con qué prioridades? Parece también evidente que lo fundamental es, por una parte, mitigar los efectos de la crisis económica derivada de la pandemia. Y, por otra, aprovechar esta situación y establecer las bases de la transformación económica y social de España para las próximas décadas, potenciando el crecimiento y generando a la vez mayor cohesión social.

Pues bien, estos presupuestos tienen como señas de identidad la cohesión, la justicia social, la lucha contra la desigualdad y la sostenibilidad. Consolidan un modelo de crecimiento económico equilibrado, sólido, inclusivo y sostenible, que pretende recuperar en el menor tiempo posible el crecimiento y la creación de empleo digno y de calidad.

Estos presupuestos se sostienen sobre los 4 pilares del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia: la transformación digital, la transición ecológica, la cohesión territorial y social y la necesidad de una agenda feminista que sume a todos y a todas.

Estos presupuestos canalizan los numerosos recursos provenientes del Fondo de Recuperación de la Unión Europea, que son aprovechados para conseguir un modelo de crecimiento económico sustentado en la revolución tecnológica y digital y en la transición ecológica justa, a través del impulso de la inversión en I+D+i, así como hacia la protección de los colectivos más vulnerables y la garantía de los derechos sociales.

Estos presupuestos, incorporan tres ejes transversales de análisis y presentación, con el objetivo de analizar los avances que se producen en áreas prioritarias para el Gobierno y la ciudadanía: la igualdad, el medio ambiente y la infancia. Incluyen un informe pionero en su ámbito sobre el alineamiento con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) incluidos en la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas. Dan un impulso al Informe de Impacto de Género de los PGE, y establecen otro informe de impacto de los Presupuestos en la infancia, en la adolescencia y en la familia.

Resulta difícil poder oponerse a un presupuesto que incrementa el gasto social con la mayor subida de su historia. Consolida el Ingreso Mínimo Vital. Blinda el sistema de pensiones. Aumenta las ayudas destinadas a los más desfavorecidos para luchar contra la desigualdad y lograr la igualdad de oportunidades laborales, educativas y de acceso a una vivienda digna. Se financia el Plan para la renovación de las tecnologías sanitarias en el Sistema Nacional de Salud. Tiene un programa Marco estratégico de Atención Primaria y Comunitaria. Refuerza el gasto público en I+D+i. Apuesta por el sector turístico. Amplia los programas destinados a eliminar la brecha salarial, a avanzar en la conciliación laboral y familiar, y los que planten cara la violencia de género. Aumenta el sueldo a los empleados públicos.

Ante la tercera pregunta: ¿de dónde sale el dinero para pagar esto? Pues el dinero sale del aumento de los ingresos tras el confinamiento que sufrimos este año, y de la adopción de una serie de medidas tributarias que, además de sus fines redistributivos, medioambientales y de eficiencia energética, generan ingresos adicionales.

Es decir, se avanza hacia un sistema fiscal más justo y redistributivo, adaptado a las nuevas demandas que la globalización exige, sin subir impuestos a la clase media y trabajadora, ni a los autónomos ni a las PYMES, transformando el modelo económico a la vez que garantizando el Estado del Bienestar.

Un modelo fiscal donde quienes tienen mayor capacidad económica contribuyan en mayor medida y se proteja a la clase media y trabajadora, es decir, para que cada uno aporte en función su capacidad y reciba en función de su necesidad.

Un modelo fiscal para la sostenibilidad financiera y medioambiental, que garantiza el crecimiento futuro y nos permite estar prevenidos para futuras pandemias. España es el sexto país con menos ingresos públicos sobre el total del PIB de la eurozona, por lo que es necesario equiparar de forma progresiva los niveles de tributación existentes.

En definitiva, si la mayoría está de acuerdo en que tienen que aprobarse nuevos presupuestos, que estos tienen que ser sociales y aprovechar para cambiar el modelo productivo, y además el dinero sale de una fiscalidad más justa, como señala la Constitución, habría que centrarse en esto a la hora de votar o no los mismos. Y no, en los cálculos de supuesto beneficio partidista individual por encima del beneficio para España y los españoles.

Pero ese es precisamente el problema. Algunos no los votarán, porque son unos presupuestos que transformarán España, y la harán un mejor país para las futuras generaciones. Un país en el que no se quieren reconocer ni participar. Una pena.

 

Fotografía: Carmen Barrios