Antes de la pandemia de la COVID-19, un tanto por ciento importante de madrileños tenía una sensación profunda de injusticia vital. Una sensación de atropello que veían que se incrementaba con las políticas realizadas desde el gobierno de la Comunidad de Madrid.

Esta sensación de injusticia, desgraciadamente, se ha ampliado tras un año de pandemia. Sienten que la supuesta igualdad de oportunidades que les tendría que proporcionar un Estado social y democrático de derecho ha quedado reducida a un mero formalismo legal que pasa por encima de sus vidas, mientras una minoría cada vez es más rica.

En la Comunidad de Madrid ha crecido en los últimos años la distancia que separa al 20 por ciento más rico de la población del 20 por ciento más pobre. Y lo ha hecho, de la manera más drástica de toda España. Hasta el punto de que la brecha entre el 20 por ciento de la población con más ingresos y el 20 por ciento con menos es en Madrid la más grande de todo el país. Mientras las colas del hambre se multiplican por doquier sin que el gobierno regional les ponga remedio. Y, además, con una presidenta regional que les llama subvencionados.

Junto a esta sensación de injusticia, que tiene un carácter económico, por no tener trabajo, por haberlo perdido, por no tener ingresos ni oportunidades, existe un sentimiento de injusticia que tiene un carácter social y que va más allá de las carencias materiales.

Tiene que ver con cómo se sienten tratadas estas personas en comparación con otros ciudadanos. Se sienten invisibles para unas administraciones que no se ocupan de sus necesidades.

Esta realidad ha alejado a mucha de esta población de la política y de sus instituciones. En una decisión que, si bien es personal, también se puede decir que es inducida por aquellos poderes que necesitan de la no participación de un determinado tipo de población para llegar y permanecer en el poder.

Así se explica que en una comunidad donde la mayoría de la población se auto ubica en la izquierda, el PP lleve gobernando desde el año 1995. Esa autoexclusión de la participación forma parte de la invisibilidad que estas personas sienten ante las instituciones.

Hoy en la Comunidad de Madrid cuando se pregunta a los ciudadanos si en líneas generales la política le interesa mucho, bastante, poco o nada, un 38,9 por ciento dice que le interesa poco o nada, según el preelectoral del CIS.

Que los grandes poderes económicos y mediáticos se organizan para influir en la opinión pública e impulsar o laminar a los candidatos que más les convienen a sus cuentas de resultados, independientemente de la gestión que hayan realizado, es una realidad.

Y como en estos momentos los lamentos no sirven de nada, lo importante es intentar que estos madrileños que se sienten invisibles ante las instituciones participen en las elecciones con su voto.

Los invisibles van a decidir las elecciones en la Comunidad de Madrid. Si no participan, el PP seguirá gobernando con Vox tras las elecciones del 4 de mayo. Si participan, habrá cambio político. Habrá un gobierno progresista encabezado por el PSOE, que hará visible a estos madrileños porque pondrá la política al servicio del bienestar de todos los madrileños.

¿Cómo hacer que participen? La presencia permanente en sus barrios es necesaria. Hay que recuperar su confianza en las instituciones, porque son quienes más las necesitan. Hay que sacarles, con hechos, de ese sentimiento de injusticia y abandono, porque abandonarlos a su suerte incrementará todavía más las desigualdades. Porque abandonarlos a su suerte puede conllevar que sean manipulados por una ultraderecha sin completos y sin soluciones para sus necesidades.

Y junto a lo anterior, en un proceso electoral donde el gobierno se va a decidir por muy pocos votos, hay que movilizar los entornos de los ciudadanos que quieren un cambio para la Comunidad de Madrid, para que hasta el último de sus allegados no se quede en casa el día 4 de mayo.

En esa tarea, individual y colectiva a la vez, es importante movilizar a todas las organizaciones, ya sean partidos, sindicatos, organizaciones vecinales, deportivas, etc, para que voten por el cambio de gobierno y por un cambio de políticas que mejore sus vidas.

La desconfianza que tienen los invisibles es grande, porque muchos se sienten abandonados. Pero hay que recuperar su confianza y su voto para que rescaten su sentimiento de pertenencia y de ciudadanía, y con el objetivo de que Madrid trabaje por el bienestar de todos sus ciudadanos.

 

Fotografía: Carmen Barrios