El impulso a un nuevo modelo de relaciones laborales a través de nuevas formas de organizar el trabajo como plataformas digitales, el teletrabajo, y aquellas generadas por la introducción de las TIC y la automatización, la globalización que cada vez es mayor, los efectos del cambio climático que están provocando nuevos empleos, se está llevando a cabo en nuestro país mediante la implantación de contrataciones que, aprovechando la falta de una regulación clara, están produciendo una mayor precarización y deshumanización del mercado de trabajo.

El pasado mes de septiembre se publicó el Real Decreto-ley 28/2020, de 22 de septiembre, de trabajo a distancia. Regulación esperada y bien recibida pues incluye a España entre los países de la Unión Europea pioneros en la ordenación del trabajo a domicilio y el teletrabajo. La norma nace fruto del dialogo social y del consenso entre las partes, Gobierno y organizaciones sindicales y empresariales, y trata de regular esta forma de trabajo de manera que se establezcan los mismos derechos y obligaciones que para el trabajo presencial.

Y hablando del teletrabajo, en este último año con la aparición del virus SARS CoV-2, se ha incrementado el número de personas trabajadoras que actualmente teletrabajan. Surgen muchas cuestiones desde diferentes ámbitos de actuación que, en algunos casos, se contestarán a través de la negociación colectiva, y en otros tendremos que hacer una reflexión en profundidad sobre los riesgos o ventajas y el equilibrio entre ambos, para avanzar en cuestiones sociales o sindicales que se verán afectadas por estas formas de organización del trabajo.

Desde el punto de vista laboral, la negociación colectiva se torna en protagonista en la mejora de la norma de todos aquellos aspectos que no han quedado cerrados, que en el caso del personal teletrabajador han sido diversos: sus condiciones de trabajo, la jornada, las condiciones de seguridad y salud, el derecho a la intimidad, a la desconexión digital… todos ellos generan interrogantes que se irán despejando, pero que en la actual situación están provocando incertidumbre y precariedad laboral. Orientar este sistema hacia un modelo basado en el trabajo decente y en la justicia social es aún una tarea pendiente, porque la globalización de las relaciones laborales que está originando esta forma de trabajar conlleva a que el contrato de trabajo se pueda formalizar en cualquier parte del mundo por el menor precio posible, sin importar las condiciones.

Otro aspecto preocupante es el riesgo que ya se está manifestando en las plantillas de empresas que utilizan habitualmente el teletrabajo de potenciar los problemas psicosociales generados en su mayor parte por unas condiciones de trabajo que incrementan la sobre carga mental de trabajo potenciada por la sensación de aislamiento. El componente mental adquiere cada vez más protagonismo frente a los problemas físicos. Un estudio, publicado en Journal of Occupational and Environmental Medicine[1] muestra, que el tiempo que se destina a la jornada laboral ha aumentado aproximadamente una hora y media con el trabajo en casa. Por otro lado, la mayoría de los encuestados se han sentido menos satisfechos con su trabajo y presentaban un mayor dolor de cervicales. También se detectaron diferencias en el teletrabajo de mujeres y personas con niños pequeños.

La necesidad de mantenernos conectados constantemente, las continuas interrupciones, los fallos técnicos en los dispositivos, la dificultad en el manejo de las TIC, la pérdida de contacto con los compañeros y superiores, la falta de canales de comunicación e información incrementan los niveles de estrés ya que se produce un aumento de carga de trabajo que en muchas ocasiones no sabemos gestionar, provocando sentimientos de aislamiento y desigualdad, sensación de no ser valorado y de perder oportunidades de mejora dentro de la organización, de desequilibrio entre lo que se aporta a la empresa y lo que se recibe de ella, excesiva competitividad, etc.

Aparecen nuevos riesgos ligados a las TIC, tecnoestrés, tecnoansiedad, tecnofatiga, tecnoadición, todos ellos generan problemas de salud (trastornos del sueño, gastrointestinales, ansiedad, depresión, estrés…) relacionados con un estado psicológico negativo relacionado con el uso o abuso de tecnología o con la amenaza de su utilización en un futuro.

Y para que las condiciones de trabajo sean adecuadas es necesario un refuerzo de la acción sindical que se ve dificultada ante la escasa accesibilidad a las personas trabajadoras por los mecanismos habituales, por lo que a su vez se tendrá que producir una modernización del modelo sindical que contemple los nuevos retos o de lo contrario los derechos laborales se verán mermados, con el consiguiente perjuicio para las personas teletrabajadoras.

El contacto entre las plantillas que se hallan en sus domicilios, el nombramiento de los representantes sindicales, los canales de comunicación a utilizar respetando el derecho a la intimidad y la protección de datos, los procedimientos para el acceso a la información, el traslado de los avances en las negociaciones que se desarrollen con la empresa, los protocolos para conocer la opinión de las personas trabajadoras respecto de sus problemas y las propuestas que planteen, y qué normas de funcionamiento van a tener los representantes de los trabajadores en los órganos de participación en las empresas, en definitiva cómo se van a articular con la empresa la consulta, la participación y la información.

Son muchos los aspectos que hay que desgranar, está en peligro el equilibrio en las relaciones laborales para que no se vean mermadas las condiciones de trabajo y de seguridad y salud de las personas teletrabajadoras.

Junto con estos planteamientos se generan nuevas incertidumbres desde el punto de vista social que veremos en un corto plazo y que modificarán comportamientos en relación con los hábitos de vida. Por un lado, la deslocalización que genera el teletrabajo hace que las personas trabajadoras podamos acceder a ofertas de trabajo de todo el mundo sin movernos de casa; entrevistas online sin importar donde esté nuestra ubicación y sin tener que desplazarnos. Y se generan nuevas dudas, si no me tengo que desplazar para acceder a un puesto de trabajo, ni para realizarlo, las grandes ciudades perderán centralidad. Además, ya no será necesario que la vivienda esté ubicada en una gran ciudad, nuestro domicilio podrá estar en cualquier municipio o país.

El teletrabajo dará la posibilidad de acceso a la vivienda en poblaciones más pequeñas, de manera que se contribuya a la repoblación del mundo rural. Y si esto es así se crearán nuevos puestos de trabajo en el entorno rural para dar servicios a estos nuevos teletrabajadores y teletrabajadoras.

Por tanto la cara positiva existe, la mejora del cambio climático por la reducción de las emisiones de CO2 al haber menos desplazamientos, la reducción de la siniestralidad laboral al disminuir los accidentes in itinere, la mejora de derechos fundamentales como el derecho a una vivienda digna, ya que caerá la demanda en las grandes ciudades y será accesible para mayor número de personas en los núcleos rurales. La mayor repoblación de estas zonas, la generación de nuevos servicios y puestos de trabajo. En definitiva la posibilidad de migrar a zonas rurales por motivos económicos, o por estar cerca de la naturaleza ó por tener mejor estado del bienestar, comienza a ser real.

El teletrabajo está y estará con nosotros en el futuro, está forjando nuevas formas de organizar el trabajo, debemos estar preparados para el cambio laboral, social y medioambiental que va a producir. Puede ser una oportunidad o un grave perjuicio. La solidaridad y humanización de las relaciones laborales tiene que estar presente. Tenemos la obligación de recuperar el concepto de trabajo decente, digno, el derecho al trabajo como valor social básico constitucional es fundamental.

Este reto debemos afrontarlo con compromiso, bajo el paraguas de los objetivos de desarrollo sostenible, luchando contra la desigualdad, la pobreza, la precariedad, y la injusticia social. El empleo de calidad y unos servicios públicos fuertes son las bases para erradicar la pobreza.

Las premisas están ahí, ahora queda su desarrollo, afrontando los contras y potenciando los pros. El teletrabajo puede ser un factor de empleo y de mejora social, pero hay que sentar los cimientos que harán que su desarrollo sea favorable para la clase trabajadora. Consulta, participación, información, comunicación, formación continua, ciudadanos, personas directivas, mandos intermedios y población trabajadora son las claves. Promover el trabajo decente e intentar construir un modelo social más solidario, sostenible y ecológico debe ser el objetivo.

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[1] . «Impacts of working from home during COVID-19 pandemic on physical and mental well-being of office workstation users». Yijing Xiao et al. publicado en línea en Journal of Occupational and Environmental Medicine, 23 de noviembre 2020.