Seguramente mi opinión no coincida con una gran mayoría de la ciudadanía, pero todos tenemos derecho a tener una opinión, aunque no todas las opiniones sean respetables. Por eso, aún corriendo el riesgo de que quizás mi opinión caiga en el saco de las inservibles o impronunciables, la voy a realizar bajo el máximo respeto.

Yo era una fan incondicional del programa “Salvados”. Un periodismo de investigación cercano, fresco, divertido al tiempo que comprometido y valiente. Ayudó muchísimo con graves problemas de abuso de poder y manipulación política como ocurrió con el accidente del metro de Valencia del 2006. Allí pudimos ver el verdadero “rostro” de algunos dirigentes del PP valenciano. Al tiempo que generó una esperanza ciudadana por el eco y la dimensión mediática  gracias a Évole y su programa.

Como esa investigación, hubo muchas más que levantaban las alfombras de acontecimientos y hechos que estaban sucediendo.

Pero, …. Ahora es cuando llega el “pero”.

No he entendido bien la siguiente etapa emprendida que se llama “Lo de Évole”. Ya sé que todos los programas se acaban, pierden fuelle, se queman y hay que dinamizarlos. Ya sé que todo va a tal velocidad y se hace viejo tan pronto, que pretender que un programa resista tipo “Informe Semanal” es casi un suicidio que solo lo ha conseguido “Cuéntame” o “Saber y ganar” de Jordi Hurtado.

Sin embargo, la fórmula ya no es la misma. Reconozco que el título no me agrada, porque si algo caracterizaba a Évole era una frescura y un trabajo en equipo que lo hacía diferente. Estoy convencida que la referencia personalista en exclusiva en la cabecera del programa es solo cuestión de marketing y que no modifica el carácter de Jordi, … pero no me agrada.

Y sus programas me despiertan más o menos curiosidad dependiendo, como es lógico, del invitado. Claro que siguen siendo entrevistas diferentes, novedosas, que nos acercan más a la persona que al personaje.

Sin embargo, mi desorientación ha sido total con el programa a Miguel Bosé.

Admito que el impacto mediático ha sido brutal. Aunque también claramente intencionado por el grupo mediático al que pertenece el programa que, tanto antes como después de la emisión, han estado bombardeando al espectador por todos los medios imaginables para generar un impacto de noticia histórica.

Y también admito que Miguel Bosé es un personaje mediático, interesante tanto en su vida familiar como personal, gran conversador y que siempre ha generado polémica y titulares.

Pero, sinceramente, ¿de verdad podemos considerarla la entrevista del año o del siglo o tan siquiera una entrevista para un programa de periodismo riguroso?

He de confesar que no la he visto. Así que purgo de antemano mi pecado de opinar sin tener verdadero conocimiento de causa. Sin embargo, han sido tantos los trozos de emisión, las frases, las reproducciones, y un sinfín de invasión mediática que ha sido imposible cerrar ojos y oídos.

Por supuesto que la libertad de expresión está por encima de todo, y por eso me permito esta reflexión. Porque también, en momentos de confusión y pánico, entiendo que los medios de comunicación tienen su papel relevante. A ellos les corresponde ofrecer datos rigurosos que combatan la enorme cantidad de fake news que se propagan. Por supuesto, tienen también la libertad de manifestar su propia pluralidad. Pero, ¿en serio que aquellos que solo generan confusión con sus teorías negacionistas, terraplanistas, y conspiranoicas deben estar en programas de máxima audiencia? ¿Ayuda eso a serenar ánimos?

Habrá quien piense que ver el estado anímico del propio entrevistado ya es suficiente. Sin embargo, permitan que opine que, en esta ocasión, Évole y la cadena que representa se han columpiado sobradamente buscando más una audiencia fácil, imitando otros programas sensacionalistas, más que demostrar el rigor periodístico.

Muchos medios de comunicación se esfuerzan en combatir las mentiras, verdades a medias o manipulaciones que, cada vez más, se dicen a la ligera o se propagan por redes sociales. Pero Al mismo tiempo, y contradictoriamente, convierten en titulares las astracanadas o tonterías que se dicen sin ningún sentido, porque eso es lo que vende.

Como ejemplo, en un debate parlamentario, un diputado del PP decía que el presidente Sánchez sería el primero en abandonar el barco del Titanic dejando que mujeres y niños murieran. ¿Qué tontería es esa? ¿No le llega la agudeza para realizar una frase más elaborada? Sin embargo, seguramente será la única vez que ha salido en televisión con un titular, porque los medios en ocasiones engrandecen las sandeces y obvian las razones.