Cuando faltan pocas semanas para la disolución automática de las Cortes Generales en el caso de que el Congreso de los Diputados no llegue a investir a un Presidente del Gobierno, una parte de la opinión pública sigue teniendo como punto de referencia la propuesta de Gobierno de coalición que sigue ofreciendo Unidas – Podemos como se ve por la propuesta que presentó su Grupo Parlamentario a mediados de agosto, documento que es revelador no por su contenido (que repite muchos puntos de lo que en su día propuso el PSOE) sino por la propuesta de cuatro tipos de Gobierno de coalición.

El tema está zanjado por el Presidente del Gobierno en la entrevista que publica El País el 1 de septiembre: “entre unas elecciones y un Gobierno de coalición hay una alternativa, que es un Gobierno con un programa común progresista”. Los términos que emplea Pedro Sánchez son rotundos y por ello conviene detenerse en los problemas que conllevaría un Gobierno de coalición con Unidas – Podemos, problemas que se soslayarían si el PSOE acordara un programa común con este partido.

Los responsables del PSOE han constatado que hay importantes divergencias políticas que harían difícil formar Gobierno con Podemos como la posición republicana que, por ejemplo, conduce a la Alcaldesa de Barcelona a tratar al Rey con descortesía, la complicidad con el independentismo no sólo de los Comunes sino del conjunto de Podemos, etc. Pero hay que examinar la pretensión del partido de Iglesias Turrión desde otra perspectiva, que es la viabilidad de un Gobierno de coalición PSOE – Unidas Podemos en España en el año 2019, en las actuales condiciones.

Gobernar es algo más que investir a un Presidente. Es una labor continua a lo largo de una legislatura que se desea lo más larga posible. Y no basta que un Gobierno disponga de la potestad reglamentaria porque ésta, aunque cuantitativamente muy extensa, está subordinada a la Ley del Parlamento y las grandes políticas públicas sólo se pueden aplicar normalmente a través de Leyes, no de Reglamentos. Por eso un Gobierno con aspiraciones reformistas necesita disponer de la Ley para articular las decisiones políticas más importantes. Un caso especial de Ley es la de Presupuestos Generales del Estado que cada año ha de expresar de forma cifrada las grandes opciones económicas que quiere aplicar el Gobierno con gastos e ingresos. Y la Ley de Presupuestos se tiene que aprobar cada año pues lo contrario distorsiona todas las políticas públicas como se ha visto este año de 2019 en el Estado y, desde hace dos, en Cataluña.

Además de necesitar un apoyo parlamentario suficiente para aprobar cuántas Leyes necesite, el Gobierno ha de ser homogéneo ante los grandes problemas que vayan apareciendo pues las fisuras dentro del Gobierno lo debilitan ante los ciudadanos y dificultan la respuesta política ante los problemas. Unos Ministros complacientes con el independentismo, tibios ante la Unión Europea, propensos a gestos demagógicos (como veíamos en los anteriores Ayuntamientos de Madrid y de Barcelona), aunque no se atrevan a expresarlo en público, distorsionan la unidad del Gobierno.

Estas ideas, tan simples, nos ayudan a entender lo complicado que sería un Gobierno de coalición PSOE – Unidas Podemos. El principal problema, sin duda, es el gran décalage entre ambas formaciones. Es cierto que en el cleavage derecha – izquierda ambas formaciones se sitúan en la izquierda pero Unidas – Podemos no ha salido probablemente de 1917 y en el fondo se identifica con la vía de acceso al socialismo a través de la guerra civil, que es lo que era el bolchevismo. Con esa weltanschauung sólo se puede gobernar acudiendo a la dictadura pero no del proletariado sino del partido.

Es cierto que esa gran divergencia ideológica, que incidiría a la hora de gobernar día a día, se puede superar como se vio en Francia en 1981 pero ello exige que Unidas Podemos adopte una actitud modesta, acorde a su fuerza parlamentaria. Pero eso es totalmente incompatible con las características personales de su líder, Iglesias Turrión, que necesita estar en la cumbre de cualquier situación política e intenta colocar a todos los personajes que le rodean en una posición secundaria. Así salen Ministros como Salvini, que intentan comerse al Presidente del Gobierno.

Pero si hay abismos ideológicos y de entendimiento de la posición de cada miembro del Gobierno, lo que quizá haga más difícil una coalición gubernamental del PSOE con Unidas Podemos es un dato objetivo: que ambas formaciones no disponen de una mayoría parlamentaria suficiente. En esas condiciones, parece difícil gobernar pues se trataría de un Gobierno escorado muy a la izquierda que SIEMPRE necesitaría el apoyo de los independentistas en sus diversas ramas, lo que obligaría a pagar un precio muy alto.

Por eso, si queremos evitar elecciones hace falta un Gobierno de un solo partido que pueda acordar un programa común con Unidas – Podemos y al mismo tiempo enlazar alianzas y alcanzar apoyos tanto con el centro. ¿Con qué programa? Con un programa que se pueda pactar con Unidas Podemos que suponga un horizonte de progreso sin necesidad de concitar la operación belicosa de la derecha, con la que hay pactar en todo sistema democrático. Las situaciones críticas que se van a dar el próximo otoño (posible reacción independentista contra la Sentencia del Tribunal Supremo, Brexit duro, tensiones económicas y comerciales mundiales como consecuencia de la política de Trump) necesitan un Gobierno cohesionado. Y cuando digo cohesionado no me refiero a lo que se acuerde en el Consejo de Ministros, que lo va a decidir el Presidente del Gobierno, sino a las manifestaciones externas de los Ministros que no pueden demostrar tibieza o discrepancia. Con Ministros de Unidas – Podemos parece imposible, sobre todo a la vista de la intervención de su Grupo Parlamentario en el debate del Pleno del Congreso del 29 de agosto.

Por último, como dice Pedro Sánchez en su entrevista en El País el 1 de septiembre, el Gobierno de coalición resultó inviable, además de la desconfianza expresada por Unidas Podemos, “por su concepto de la coalición, que era más una coalición de gobiernos que un Gobierno de coalición”. Hace bien el Presidente del Gobierno al señalar este punto porque la opinión pública no es suficientemente consciente de las deformadas ideas que Iglesias Turrión tiene de lo que es un Gobierno. Por ejemplo, en la entrevista que concedió a la Cadena SER el 29 de agosto, Iglesias Turrión repitió que en realidad el PSOE sólo había ofrecido una Vicepresidencia “vacía” y un Ministerio porque los otros dos Ministerios propuestos eran Secretarías Generales. Como pretexto para justificar por qué dinamitó la negociación es mendaz pues el hecho de ofrecer, por ejemplo, un Ministerio de Vivienda  cuando antes era una Secretaría General no resta valor al futuro Ministerio de Vivienda ya que el ofrecimiento denota que el Presidente Sánchez opta por un  reforzar las políticas públicas de vivienda y urbanismo a través de un Ministerio propio (así lo hizo el Presidente Rodríguez Zapatero entre 2004 y 2010). Lo que ofreció el PSOE era un Ministerio completo pero Iglesias Turrión no entendió (quizá más bien no quiso entender) que todos los Ministerios son iguales desde el momento en que se crean como Ministerios. También decía Iglesias Turrión, con voz compungida, que “sólo” querían instrumentos para desarrollar políticas públicas en materia de Trabajo y de Transición Ecológica sin entender (o sin querer entender) que las políticas públicas se articulan en el Consejo de Ministros y que un Ministro sólo tiene capacidad de propuesta. Por ejemplo, un Ministro de Agricultura o de Educación tiene instrumentos suficientes, a través del Consejo de Ministros y de la Comisión General de Secretarios de Estado y Subsecretarios, para incidir en la política de transición ecológica. Pero, en realidad, como sugiere el Presidente del Gobierno en El País, Unidas – Podemos quería tener un Gobierno propio que interactuara con el Gobierno socialista.

En definitiva, con un composición parlamentaria tan compleja, la gobernabilidad se alcanza con mayor facilidad con un Gobierno que tenga capacidad de acordar un programa común con un partido preferente sin desdeñar apoyarse en Grupos Parlamentarios distintos para evitar la exclusión de otros. A fortiori, cuando lo contrario nos conduciría, como  veíamos más arriba, a atribuir a los partidos independentistas catalanes la capacidad de gobernar en toda España. Así pues, es un acto de realismo apostar por un Gobierno homogéneo, lo que no significa prescindir de Unidas – Podemos cuyas aspiraciones programáticas se pueden negociar y aceptar con mucha frecuencia.