Miguel Martínez del Arco, Ed. Hoja de Lata, Xixón, 2021

Manuela de Arco fue una puta roja. Miguel Martínez del Arco (Madrid, 1961) escribe, “Hace mucho tiempo. Una mujer pasó diecinueve años en la cárcel. En el franquismo. Con otras muchas. Era mi madre. Mantuvo una relación con un hombre que paso diecinueve años en otra cárcel. Con otros muchos. Era mi padre. Luego ‘salieron’. Y regresaron. A otra cárcel. Con otros. Esta es su historia. No. Claro que no. Esto es solo una exploración. Un viaje. Tras las palabras de unas cartas”. En concreto, 5.463 cartas.

Entre algunas de mis obsesiones se encuentra entender el por qué o los porqués de la brutal represión sobre los vencidos, especialmente sobre las mujeres, que efectuó el franquismo. Las mujeres sufrieron una represión política, social, económica y de género, tal como desgrana muy bien el historiador José Luis Garrot Garrot en su libro La represión franquista sobre la mujer. Guerra civil y postguerra. Garrot hace análisis con datos históricos para no perderse y para saber, para tener memoria cierta del horror que sufrieron ellas, tan escondido además, a golpe de dato.

Miguel del Arco hace un ejercicio de memoria desde lo pequeño, desde la individualidad de la vida de represaliada de su madre, conocida en los ámbitos clandestinos como Manolita del Arco, y de sus compañeras penadas, narrando desde lo emocional hechos que hieren el cuerpo social, y el propio, el de hijo de penada.

Desde la historiografía y desde la novela, hay que seguir contando la historia que ha padecido este país, que es el nuestro.

La naturaleza egoísta con usura de la muerte, de la maquinaria ajustada y perfecta de la represión, causando un miedo atroz sobre la población española, ha marcado todas las generaciones posteriores a la guerra con un peso que no somos capaces de aligerar. Leo para entender, para aclarar mi cabeza, para obtener respuestas sobre la crueldad, sobre el origen del mal, que en España se dibuja como un reaccionarismo atávico propio del capitalismo rentista, ligado a la Iglesia, tan fascista, tan macho blanco misógino y tradicionalista, un mal social que carcome nuestra tierra aún hoy. Solo hay que recordar frases como  esta: “Habrá un momento que el pueblo querrá colgar por los pies a Pedro Sánchez…”, en boca de un señor que hubiera sido Vicepresidente del Gobierno de España si la suma de las derechas ultras hubiera ganado las elecciones, para darse cuenta de lo necesario que es hacer pedagogía sobre memoria democrática en este país, ya sea con educación, con ensayos, con literatura, con música, con cine, con arte y cultura…con todas la herramientas que tengamos a mano para poder conocer lo que pasó, lo que significó el franquismo fascista y el peso que hoy tiene todavía.

Memoria del frío es un recordatorio, sensible, humano, real. La narración de hechos que nunca debieron producirse. Escarnios a mujeres cuyo delito fue pensar, querer ser libres, autónomas, propias, no dependientes, opinantes, deseantes…mujeres diversas y alegres, mujeres modernas de su tiempo, lectoras, audaces, políticas, trabajadoras, estudiantes…las quitaron todo… o lo intentaron. Las marcaron, y marcándolas a ellas nos marcaron a las restantes generaciones, que aún hoy peleamos para desentrañar la profundidad del mal, estudiando capas y capas de memoria, nuestra memoria, la de todas, la de todos. Sin leer cada página de nuestra memoria es difícil entender, saber, conjurar, frenar de nuevo a los monstruos.

El libro de Miguel podría ser una distopía, como El cuento de la criada de Margaret Atwood, pero no lo es. Es la pura realidad de miles de mujeres en España, que movieron sus cuerpos de cárcel en cárcel, sin haber cometido ningún delito. Porque todos los delitos los cometieron ellos. Y lo taparon con barbarie y con silencio. Este libro es un aviso. No podemos bajar la guardia ni un segundo, el mal no descansa, el mal acecha. Se lee del tirón, a veces con un hueco negro en la garganta, que hay que tragar y seguir, porque hay que saber y ser conscientes. Es mejor saber… y ser conscientes.