El candidato del PP a la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno, ha dejado claro ante la Confederación de Empresarios de Andalucía que su referencia en política económica y fiscal es el gobierno de la Comunidad de Madrid, también en manos del PP.

Hasta ahora, la estrategia electoral del PP andaluz consistía en sonreír mucho y contar poco. Son conscientes de que cualquier plan de futuro inspirado en los valores de la derecha andaluza no sería bienvenido, e incluso contribuiría a movilizar en su contra a buena parte del electorado.

Sin embargo, esta indiscreción del candidato popular aporta pistas muy relevantes acerca del programa de gobierno que pondría en práctica un eventual nuevo gobierno andaluz del PP, si el próximo 19 de junio lograra sumar suficientes escaños con la ultraderecha.

La política económica y fiscal que aplica el PP en Madrid ya causa perjuicios importantes a la población madrileña, pero sería fatal para la gran mayoría de los andaluces.

La capitalidad madrileña y la fortaleza de su tejido económico ayudan a amortiguar algunos de los peores efectos de las medidas ultraliberales y regresivas. Sin embargo, Andalucía no cuenta con el colchón amortiguador de la capital. Las consecuencias de las políticas del PP madrileño causarían estragos entre la población andaluza, en términos de de deterioro social y desigualdad.

Lo que Ayuso y compañía suelen denominar “estilo libertario, tabernario y pandillero” constituye un compendio de medidas consistentes en la facilitación de negocios especulativos, la elusión fiscal para los más pudientes y el debilitamiento progresivo de los servicios públicos.

Todo ello con el aderezo de una agresividad faltona hacia el Gobierno de España y las complicidades crecientes con los ultras nostálgicos del franquismo.

¿Se puede permitir el pueblo andaluz un gobierno con tal programa? Evidentemente, no.

La gran cantidad de negocios turbios que fomenta la derecha en Madrid, alimentando a cientos de hermanos, primos y duques comisionistas, se compensa en buena medida con otras muchas operaciones económicas más regulares y competitivas, que se ubican en la capital buscando sinergias interesantes y a pesar de sus gobernantes.

Andalucía no cuenta con tal compensación.

La derecha y la ultraderecha madrileñas practican una fiscalidad regresiva, con tipos muy reducidos, incluso con tipo cero, para grandes patrimonios, rentas, sucesiones y donaciones. Pero la merma de ingresos públicos que supone esta política se compensa en parte, una vez más, gracias a la vigorosa actividad económica propia de la capital económica y administrativa del Estado.

Andalucía no dispone de ese margen.

Madrid es una de las regiones españolas con peor financiación por habitante en la sanidad pública, en la educación pública, en becas y en políticas de vivienda, consecuencia directa de la política fiscal mencionada. La injusticia social y la desigualdad son una lacra creciente, desde luego.

No obstante, una parte significativa de la población, compuesta por funcionarios públicos, clases medias y profesionales liberales, aún dispone de medios propios para acceder a servicios alternativos de carácter privado. Es el “sálvese quien pueda pagar”.

En Andalucía se salvarían menos.

La comunidad madrileña es la administración autonómica que menos recursos dedica a mantener la red de equipamientos, prestaciones, subsidios y ayudas destinados a la población más necesitada: familias que viven bajo el umbral de la pobreza, menores y jóvenes vulnerables, mujeres víctimas de violencia de género, mayores que requieren plaza de residencia…

En Andalucía sufrirían lo que no han sufrido con gobierno PSOE y la inercia de los últimos años.

El Gobierno de Madrid adopta la estrategia de la confrontación gratuita y constante con el Gobierno central, porque se sabe inevitablemente en el centro político, económico y mediático de España.

Andalucía no se puede permitir la falta de colaboración y el aislamiento.

En Madrid, los ultras siempre han formado parte del paisaje capitalino, como esos nubarrones negros que fastidian alguna tarde de verano, pero que hemos aprendido a combatir con paraguas y chubasquero. Aquí tenemos inoculada la vacuna contra el odio ultra y sobrellevamos la enfermedad con un tejido social progresista bien curtido.

En Andalucía, la ultraderecha en el poder puede hacer mucho daño a la convivencia.

La sociedad andaluza es una sociedad con valores de progreso, y conserva buena parte de las estructuras y dinámicas que aún permiten una vida digna y justa para las mayorías. Tres años y pico de gobierno de derechas no han sido suficientes para revertir todo lo bueno que allí levantaron los gobiernos socialistas.

Pero si se les concede una prórroga, si esa prórroga incorpora además a los ultras, y si su referencia es la política del PP madrileño, el retroceso puede ser dramático.

Sin duda, Andalucía merece y quiere más, mucho más que eso.

Espadas y el PSOE andaluz son su garantía para lograrlo.